Editorial

“No veo ninguna esperanza para los pobres de la India sin la rueca, nunca avivaremos su imaginación a menos que la hilemos nosotros mismos”.— Gandhi (El estudiante mediocre y tímido que se convirtió en el portavoz de los oprimidos a través de la tenacidad)

Existen dos formas de entender lo que es una utopía. La más común es entenderla como algo inalcanzable, una misión imposible. Eso es pesimismo. Sin duda refleja un conformismo. La segunda es más compleja cuando se convierte en un reto por alcanzar. Requiere luchar con denuedo para hacer posible lo imposible. Desde el ejercicio de la docencia cuántas transformaciones encontramos en nuestros exalumnos al lograr la movilidad social, por citar algo bastante frecuente.

Recuerda la oración de la Serenidad que utilizamos en AA, según la idea que tengamos de un ser superior que nos impulsa:

“Dios, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia”.

El que se siente dueño del mundo, Donald Trump, ha coartado, más que nunca nuestra soberanía, por más que la presidenta de México intente demostrar lo contrario con palabrerías inverosímiles.

Ubicada como el “jamón del sándwich” entre AMLO y Trump, se le ve ojerosa y cansada. No se sabe si también sin ilusiones como en aquella canción setentera.

En su discurso enarbola nuestra soberanía por el descubrimiento de morenistas de élite inmiscuidos en organizaciones criminales, porque ese hecho llegó desde el vecino país y ha puesto en jaque a su gobierno y a su partido por las pesadas acusaciones que calan profundo entre la ciudadanía, aunque era algo de lo que ya se hablaba y ahora parece confirmarse.

Acusaciones

El gobierno norteamericano argumenta que los acusados perjudican la salud de los estadounidenses con protección que brindan a los cárteles para la producción y tráfico de peligrosas drogas, y no están dispuestos a seguir permitiéndolo. Exigen al gobierno mexicano actuar, y, si no lo hacen con la patente de corzo que sienten poseer, intervendrán al territorio nacional para capturarlos.

Desde el rancho de Palenque la visión es otra, y, por ende las instrucciones de proteger a los señalados con la fuerza del Estado, empezando con los medios diplomáticos. Si llegaran a hablar se le desmorona el mundo a Morena, pero también los gringos han de tener información precisa al respecto.

Ante aquella situación, la presidenta Sheinbaum escoge un día de exaltación patria, el 5 de mayo para arengar al decir que la soberanía mexicana nadie la toca y está dispuesta a defenderla. Recuerda las bravatas de Nicolás Maduro y el resto de la historia es harto conocido.

Recuerda el pasaje de un libro, cuando un muchachito panadero llegaba a entregar su producto a sus clientes y los muchachos de la colonia se mofaban de él, hubo paciencia, hasta que un día se agotó y una tarde en la que las ofensas subieron de tono les avisó que volvería por sus ofensores. Ya oscureciendo todos retornaron a sus casas y uno de ellos se retrasó, el joven panadero le dijo que era el momento de que sostuviera sus ofensas y se liaron a golpes. El chico de la colonia se llevó por mucho la peor parte. Desde luego era muchacho fuerte curtido por el trabajo y la vida en el barrio.

¿Cómo piensa la presidenta defender nuestra soberanía? ¿Utilizando al ejército mucho más débil contra uno mejor pertrechado y entrenado, con tecnología de punta en la industria bélica? Con balandronadas no se gana la guerra. Y todo por proteger a unos socios que enturbian a su partido y su gobierno, ¿Qué tanto está comprometida? ¿Será que realmente recibieron dinero y apoyo de fuerza para ganar las elecciones? ¿Por qué tanto exponer para darles protección?

El gobierno de Donald Trump es un imperialismo sin tapujos, y sintiéndose el dueño del mundo, no dudará en hacer lo que para nosotros pareciera una locura. No vale la pena exponer tanto por algo en lo que los mexicanos no estamos comprometidos. ¿Cuál es el costo beneficio de esta situación?

Con eso que los partidos de oposición se lamen los labios para derrotar al poderoso y existe una ciudadanía dividida entre los interesados en construir un país mejor con la vida democrática, que tampoco quieren retornar al pasado. Lo utópico es si se puede hacer posible gobernar sin los corruptos del ayer, los de pasado cercano y los del presente.

No dar el motivo para que el Tío Sam encuentre los pretextos para controlar, aún más a nuestra nación.

Los que pensamos que esta nueva coyuntura política serviría a la presidenta mexicana para ejercer el poder que le otorgó una elección, nos equivocamos una vez más. No puede o no quiere separarse de la jefatura de AMLO. En el segundo maximato que reaparece casi 100 años después. Se continuará buscando fantasmas para culpar como distractores de la situación, pero no estamos en los dorados veintes del siglo anterior; hoy con la proliferación de las redes sociales y los avances tecnológicos, casi nada se puede ocultar a la ciudadanía, sobre todo a los jóvenes tan avezados en su manejo desde muy temprana edad.

Nuestro ser superior proteja a México, pero a Dios rogando y con el mazo dando.— Espita, Yucatán

Escritor, docente y cronista de Espita

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