Rodrigo Llanes Salazar (*), Yameli Aguilar Duarte (**) y Luna Blanco Sanz (***)
Una de las amenazas a la vida que ha cobrado visibilidad en los últimos años son los bancos de materiales o “sascaberas” abandonadas que no han tenido un adecuado procedimiento de restauración, o que, más bien, no han sido restauradas en lo absoluto. Como advirtió el antropólogo Juan Góngora en un artículo sobre el tema, “quienes aprovechan los recursos de estas áreas no demuestran el más mínimo interés en restaurarlas” debido a los costos que implica la restauración (“Explotación de canteras y su abandono”).
La punta del iceberg de este problema son las personas que han perdido la vida por ahogamiento en bancos de materiales abandonados que se han convertido en aguadas artificiales. Pero, además de estas tragedias visibles, hay también muchos problemas de fondo, igual o aún más peligrosos. Comencemos con la punta del iceberg.
Una de las autoras de este artículo, Yameli Aguilar, ha advertido por años en diversos foros públicos y eventos académicos sobre el peligro de los bancos de materiales abandonados que se convierten en humedales o aguadas artificiales, muchas veces confundidos como “lagunas” donde las personas —por desconocimiento— suelen aprovecharlas como áreas recreativas, atreviéndose a introducirse sin saber las condiciones que poseen esos sitios: profundidad variable, corrientes, grandes rocas en su interior, etc., circunstancias que aumentan la probabilidad de ahogamientos u otros tipos de sucesos donde las personas pierden la vida.
Como leemos en un artículo reciente publicado en Diario de Yucatán a propósito del trágico caso de la muerte de un adolescente de 16 años en una sascabera abandonada en Hunucmá, “este tipo de cuerpos de agua representan un alto riesgo debido a su profundidad irregular, lodo y poca visibilidad”.
Estas aguadas artificiales surgen como resultado de la extracción de materiales pétreos, donde suelen dinamitar los lechos rocosos para facilitar la excavación y extracción. En las extensas planicies —y debido a la naturaleza de nuestro territorio—, en el proceso minero se suele llegar a conductos y cavernas por donde se conectan los acuíferos, provocando que las aguas subterráneas afloren o se expongan hacia la superficie; así, estos enormes espacios excavados y abandonados se convierten en aguadas o lagunas artificiales.
Las personas que desconocen el origen de estos espacios, suelen visitarlas y usarlas como balnearios. En el peor de los casos, se tiran clavados sin considerar que en el fondo pueden existir enormes rocas, y el impacto en ellas ocasiona una muerte inmediata; en otros casos, la gente suele introducirse hasta zonas muy hondas, próximas a cavernas o incluso con algún tipo de corriente donde las personas ya no pueden salir.
El artículo del Diario hace un llamado a “madres, padres y tutores a extremar la vigilancia de menores, especialmente en áreas cercanas a aguadas o cenotes”. Debido a la gravedad de este problema, consideramos que las autoridades deberían tomar medidas precautorias para alertar a la población sobre los riesgos de las aguadas artificiales.
De 2014 a la fecha hemos encontrado 18 casos documentados por medios de comunicación, con un total de 20 personas fallecidas en este tipo de cuerpos de agua. Casi todos los casos son hombres, pues solo hay registro de dos mujeres, ambas menores de edad. La mayoría (11) son adultos, principalmente entre 18 y 40 años (nueve casos); cinco son menores de edad, y del resto no se especifica la edad.
Asimismo, la mayoría de los casos reportados (seis) tuvieron lugar en Umán, seguidos de Kanasín (tres), Conkal (dos), Mérida (dos). También se registraron casos en Yaxkukul, Tekax, Progreso, Izamal, Hunucmá y Celestún.
Otro dato relevante es el mes en el que sucedieron los casos: la mayoría (cuatro) ocurrieron en el mes de mayo, después en abril (tres), en septiembre, octubre y noviembre (con dos casos cada uno). Igualmente, se han registrado casos en febrero, marzo, junio y agosto. Como puede esperarse, la mayoría de los casos ha tenido lugar en los meses con más calor.
A partir de esta revisión preliminar, hacemos un llamado a las autoridades municipales y estatales a la instalación de señales que adviertan sobre el peligro de meterse a aguadas artificiales, pues, como hemos visto, no se trata únicamente de una tragedia en la que se han visto involucradas niñas y niños, sino, principalmente, adultos. El trabajo podría iniciar en los municipios que han registrado más casos, como Umán, Kanasín, Conkal y Mérida. Asimismo, la señalética debe complementarse con mensajes en radio, en español y en maya.
Vale la pena repetirlo: los trágicos fallecimientos por ahogamiento en bancos de materiales abandonados son la punta del iceberg de un problema mayor. Como se expone en el vídeo “Los impactos socioambientales de la extracción de materiales pétreos”, elaborado por Yameli Aguilar y disponible en la página de Youtube de la Asociación Mexicana de Estudios sobre el Karst (Amek), la extracción de material pétreo en nuestro estado kárstico provoca la pérdida prácticamente irreversible de suelos (los cuales hacen posible la vida); exponen más a nuestro ya vulnerable acuífero kárstico (que es nuestra única fuente natural de agua dulce) tanto a contaminantes como a la evaporación; alteran los conductos de agua subterránea; las detonaciones para extraer el material pétreo producen vibraciones que dañan estructuras cercanas y expulsan rocas que han sido causa de accidentes, y también contaminan la atmósfera por los vapores de las voladuras. Del mismo modo, algunos bancos de materiales abandonados son empleados como tiraderos clandestinos de basura o como vertederos para aguas residuales.
Debido a estos impactos, se ha conformado la Red de Pueblos contra la Minería integrada por las comunidades mayas de Xcucul Sur, Yaxcopoil, Tebec, Hotzuc, San José Tzal, Ticimul, Noc-ac, Cheumán, Petecbiltún y Texán Cámara, las cuales han denunciado las maneras en que han vivido estos impactos y han presentado acciones legales al respecto.
Hay algunas excepciones notables de bancos de materiales abandonados que han sido recuperados por las autoridades, como el Acuaparque, el Parque Ecológico del Poniente de Mérida y el Parque Zoológico del Bicentenario Animaya, así como una cantera abandonada convertida por una empresa en unidad ganadera de ovinocultura. Sin embargo, debido a la naturaleza kárstica de nuestro territorio, estos sitios siguen contribuyendo a la vulnerabilidad del acuífero a la contaminación. También es común que se inunden en temporadas de lluvias, convirtiéndose así en criaderos de plagas. En algunas partes del norte de Mérida, estos bancos abandonados son convertidos en atractivos lagos artificiales integrándolos a zonas exclusivas (como campos de golf, residencias, plazas comerciales), los cuales consumen grandes volúmenes de agua.
Todos los promoventes de bancos de materiales tienen la obligación de incluir medidas de restauración en sus obras, de acuerdo con la legislación ambiental del estado y la norma técnica ambiental NTA-002-SDS-24 que establece las especificaciones y parámetros que deben observarse en los bancos de materiales pétreos en fase seca, para su localización, diseño, explotación y restauración.
De acuerdo con esta última norma, una vez concluida la etapa de explotación del banco de materiales pétreos, los promoventes deberán tomar medidas para la restitución del suelo, restaurar la totalidad del área afectada, reforestar la zona, crear un escenario paisajístico ambientalmente adecuado a la región y realizar monitoreos de la calidad del agua del sitio impactado.
Asimismo, en la norma técnica se contemplan como usos alternativos del área el “establecimiento de áreas de recreación, esparcimiento o de actividades deportivas”, “sistemas de producción bajo técnicas agroforestales”, “centro de acopio de residuos de manejo especial relacionados a residuos relacionados con actividades del ramo de la construcción” (el cual debe contar con Manifestación de Impacto Ambiental y Licencia Ambiental Única) y “otros que sean autorizados por la Secretaría (de Desarrollo Sustentable)”.
Las aguadas artificiales pueden entrar en el caso de áreas de recreación, esparcimiento o de actividades deportivas, si bien, probablemente, muchas de las aguadas artificiales se han formado de manera no intencional. En cualquier caso, resulta necesario que este tema específico sea regulado de manera explícita en la norma.
Puede parecer limitado advertir sobre los peligros de la punta del iceberg cuando el problema mayor es el cuerpo más grande sumergido que no vemos (la pérdida de suelos, la exposición del acuífero, la alteración de conductos, las explosiones y contaminación atmosférica…). Sobre estos problemas de fondo, la Red de Pueblos contra la Minería ha planteado ya acciones. Por lo pronto, las autoridades podrían contribuir a prevenir a la población señalando y difundiendo medidas en torno a las aguadas artificiales.
Una propuesta es instalar señales con la siguiente leyenda: “Peligro. Riesgo de Ahogamiento. Aguada artificial: profundidad irregular, lodos y rocas no visibles”. —Mérida, Yucatán
(*) Investigador del Cephcis UNAM
(**)Investigadora del INIFAP / AMEK
(***)Estudiante de la Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales de la UNAM
