Son muchas las sombras que se ciernen sobre el gobierno mexicano y, por extensión, sobre la sociedad mexicana. discutamos una de ellas: nuestra dependencia de la economía estadounidense en la era Trump.
Seamos claros: el triunfo del actual presidente de Estados Unidos en 2016 y luego en 2024 significó un golpe a la idea del libre comercio en América del Norte cómo se practicó entre 1994 y la firma del T-MEC.
A tal grado es esto así que nadie que haya meditado unos segundos piensa que las negociaciones en curso entre las tres economías norteamericanas no significarán un aumento de barreras arancelarias y no arancelarias en comparación con lo que había antes.
Esto ha llevado a qué México intente una doble estrategia: por un lado, un proceso de industrialización interna para fortalecer la economía doméstica y, en segundo lugar, la diversificación del comercio y la inversión exterior.
No otra cosa significa el reciente acuerdo estratégico con la Unión Europea.
En este contexto, la reciente visita de Trump a China abre la posibilidad de un acuerdo en principio entre Washington y Beijing.
El gobierno mexicano debe tomar nota de este acontecimiento que le podría dar la oportunidad de negociar acuerdos con China sin miedo a represalias por parte del gobierno de Trump.
Otro aspecto a tomar en cuenta es el hecho de que la vieja táctica del gobierno mexicano de negociar asuntos bilaterales con Estados Unidos de manera independiente unos de otros ya no funciona. Justa o injustamente, la política de Washington es mezclar todos los temas.
Así, el problema del narcotráfico no está divorciado del tema del comercio o el de la energía está mezclado con el de seguridad.
El gobierno mexicano deberá ser capaz de navegar esta nueva prescripción.
Para muestra basta un botón. La reciente Orden Ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump llamada “Restaurando la Integridad del Sistema Financiero Estadounidense” configura la manera en que las instituciones bancarias y los reguladores federales de Estados Unidos detectan delitos financieros, evalúan riesgos crediticios y manejan la identificación de clientes, con un enfoque específico en la intersección entre el sector financiero y la inmigración indocumentada.
En lo que concierne a México la nueva directiva tendrá implicaciones en la capacidad de mexicanos indocumentados para bancarizar su economía en el territorio de nuestro vecino del norte. Esto, a su vez, afectará negativamente el valor de las remesas que se envían a México.
Una de las razones que arguye el gobierno estadounidense para poner en práctica esta política es que el traspaso de recursos monetarios a México está conectado con actividades del narcotráfico.
Vemos con claridad cómo los temas de migración, comercio, finanzas y narcotráfico se mezclan en una decisión del Ejecutivo.
Estas son las nuevas aguas en las que hay que navegar, al menos en los próximos dos años. Más nos vale acoplarnos con inteligencia y a partir de nuestras mejores capacidades.
De no hacerlo México está en riesgo de ingresar en el largo y sinuoso camino de la pérdida del control sobre su propio destino.— Ciudad de México.
Abogado y diputado de Movimiento Ciudadano
