“Curamos una enfermedad, pero debemos investigar la causa”.— Louis Pasteur

Dos temas no hay que descuidar en la formación de los médicos en el hospital, tanto en los residentes como los internos de pregrado: comer y dormir, entiéndase, el descansar, puesto que, en las guardias no hay tiempo para entregarse a Morfeo. En mis años de interno de pregrado en el antiguo Hospital O’Horán (el del edificio afrancesado) había un área exprofeso. Años antes, de hecho, muchos internos vivían en el hospital. Todavía me tocó ver a algunos médicos residentes foráneos que lo hacían.

En la mayor parte de los hospitales formadores de especialistas siempre han existido. Recuerdo que, en el Hospital Juárez era un pabellón completo, en la planta baja, unas veinte camas en dos hileras, por cierto, se le conocía como “La leonera”, pues ya se imaginarán la mezcla de olor de sudor y zoquete de los zapatos, aparte de lo ronquidos nocturnos de uno que otro adscrito, literal como rugido de leones. Cuando estuve en mi rotación de la especialidad en Ortopedia, en la CDMX en el entonces Hospital Magdalena de las Salinas del IMSS, en cada extremo de los cinco pisos había áreas de descanso.

Durante el tiempo que fui adscrito, atestigüé la transformación de estas áreas. En el Juárez , “La leonera” dio paso a un pabellón, no recuerdo el servicio, y en la T-1, las zonas fueron cada vez más restringidas. Las imágenes de residentes o internos durmiendo en sillas y hasta en el suelo en colchonetas se han hecho virales en más de una ocasión. Afortunadamente hace unos años en la T-1 se edificó la torre de enseñanza, con tres aulas en la planta baja, un baño, una oficina de administración, una de nutrición y otra de psicología para los residentes; dos plantas arriba con cuartos y baños. Con todo y esto el problema está lejos de resolverse, al duplicarse la plantilla de médicos que entran a la residencia.

En relación con la comida, desde el internado, recuerdo los comedores: el más humilde, el del O’Horán, aquel de las cucharas, tazas y platos de peltre, donde nunca faltaron “los huevitos, frijolitos y el pan”, pasando a los del IMSS, el del Juárez y la T-1 y el de Magdalena de las Salinas, el mejor: ¡hasta cochinita pibil!, recuerdo cómo me buleaban mis compañeros cuando me acercaba con mi charola, empezaban con el: “¡quiere llorar!, ¡quiere llorar!, porque andaba con el “síndrome del Jamaicón” extrañando mi terruño.

Cuando fui adscrito recuerdo una que otra queja de algunos residentes glotones que decían que la dieta del comedor de la T1 era hipoproteica, hiposódica, hipocalórica y poquita. Pero, como bien decía uno de mis alumnos: “con el hambre, nada que no pueda resolver ‘un vikingo’ del Oxxo”. Pero, al menos, en lo que concierne a mis épocas de estudiante, sin reproches a la SSA, el IMSS y hasta en el Issste, donde algunos compañeros le apodaban el “Pollissste”, porque a diario el pollo era el menú principal. Sin duda, la alimentación de los médicos en adiestramiento siempre ha sido tema prioritario de las autoridades.

Intoxicación por alimentos

Recientemente, por si faltaran problemas en el tema de la salud y en específico con los trabajadores, se presentó un brote de gastroenteritis, desde el 31 de agosto, en el Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga” que dejó a 41 de 135 médicos intoxicados en el hospital y no precisamente de guardia. En medio de fiebre, retortijones, vómitos y diarrea, la contingencia obligó a ser atendidos por sus propios compañeros y pasar del otro lado en su faceta de pacientes.

Los agentes patógenos fueron de inmediato identificados: Salmonella y Escherichia coli enterotoxigénica (ETEC). Como era de esperarse, la mira se dirigió al comedor institucional. Todos los afectados recibieron atención inmediata y en ningún momento se reportaron casos graves. El manejo no es tan complicado: antibióticos y reposición de líquidos, por supuesto por vía intravenosa. La investigación epidemiológica continúa en marcha para determinar la fuente específica de contaminación de la comida, cuyo servicio era proporcionado por Restaurantes Grogi, S.A. Según una nota de Laura Poy, de La Jornada, la empresa proporciona el servicio desde 2016.

Todo parece indicar que es solvente, elabora menús suficientes y variados, además realiza en forma trimestral un análisis bacteriológico con toma de muestras aleatoria de los alimentos con resultados al jefe del departamento de nutrición del hospital.

De aquí la relevancia de identificar la fuente exacta de la contaminación, sin descartar incluso factores inherentes del propio hospital. Por eso hay que ser cautos al analizar la forma en que se propagó la noticia.

La cifra de afectados representa poco más del 10% de la plantilla del hospital, integrada por más de mil 100 elementos, no fue todo el hospital como manejaron algunas notas amarillistas, no estuvieron en riesgo de perder la vida, y como se ha aclarado, los 15 pacientes reportados en terapia intensiva no estaban ahí por la gravedad, sino por el hecho que la ocupación de las camas fue rebasada y se utilizaron las de esa unidad. Esto no resta en absoluto lo delicado del tema. Hubo una más que entendible reacción de los médicos, a tal grado que, organizaron un bloqueo alrededor del veterano nosocomio de la colonia Roma.

Como ocurre en las protestas del personal sanitario: exigiendo mejores condiciones laborales, puesto que esta contingencia interna desnudó al recinto hospitalario en cuanto a la falta de insumos, medicamentos y demás, incluso asumiendo el costo, pero también, y aquí se espera que la investigación sea imparcial, completa y responsable, puesto que hay problemas en instalaciones de agua y drenaje como han señalado algunos trabajadores.

Lo rescatable: En el control del daño, de inmediato dio la cara el secretario de salud, el Dr. David Kershenobich, con la oportuna atención de los afectados, la orden de revisión a nivel nacional urgente y profunda de las condiciones higiénico-sanitarias en todos los servicios de alimentación hospitalaria del sector público.

Enfatizó que las instituciones tienen la responsabilidad ineludible de garantizar condiciones adecuadas, dignas y seguras para que los médicos residentes desarrollen su labor, comprometiéndose a actuar con carácter preventivo y corregir cualquier falla estructural.

Tema aparte: Ojalá, Mario Delgado, el secretario de educación, tuviera la humildad y los arrestos para una postura similar al del Dr. Kershenobich, después de los desastrosos resultados en la prueba PISA, en lugar de fabricar culpables…, pero… es ya mucho pedir.— Mérida, Yucatán

*Médico y escritor

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