Dos jóvenes depositan sus votos en la casilla especial en el Hospital Juárez

En el hastío definitivo de la sociedad ante un sistema político sumido en la más profunda crisis de credibilidad, podrido hasta la médula, está la razón principal del voto diferenciado, que los yucatecos usaron como medio de transformación y de alternancia en las recientes elecciones.

Tres destacadas activistas sociales —Gina Villagómez Valdés, Blanca Estrada Mora y Patricia McCarthy Caballero— comparten sus lecturas de la histórica jornada y coinciden en que los ciudadanos, lejos de extender cheques en blanco a los ganadores, lanzaron una advertencia al escoger al PAN en la gubernatura y la alcaldía de Mérida, al PRI en el Congreso local y federal y a Morena en la Presidencia de la república.

Repartición

Gina Villagómez

Para la investigadora universitaria Gina Villagómez Valdés, integrante del colectivo Mujeres Todas, el voto dividido era un resultado que se esperaba porque era evidente el hartazgo ciudadano provocado por todo el sistema político —no solamente por el PRI y el gobierno presidencial, aclara—, que abusó impunemente y de todas las formas posibles, desde arreglos cupulares en el Congreso hasta moches, estafas maestras, desvío de recursos…

“El rechazo al sistema como está hizo que la gente cruzara su voto como una vía para modificarlo”, señala.

Pero además el voto fue diferenciado porque como contrapeso de ese hartazgo está la oferta de una nueva forma de gobierno y quien la pregona, si bien tiene muchos años tratando de alcanzar la presidencia, no viene montado sobre un partido, sino sobre un movimiento que aún no está evidentemente viciado por la corrupción. “Y no lo está porque todavía no existe como partido. Por tanto, la gente apostó más por el ‘a ver que sale’ que por algo que se sabe es un fracaso. La gente votó por un cambio, por la esperanza de que se construya algo nuevo”.

La interpretación de la profesora Blanca Estrada Mora, integrante del movimiento ciudadano ¡Ya Basta!, coincide en principio. El voto diferenciado, apunta, “fue el reflejo del hartazgo nacional y tal vez en algunos casos buscó hacer una división real de poderes”.

Sin embargo, advierte, no puede ignorarse que también fue producto de muchas prácticas indeseables que no se han podido erradicar, como acuerdos, líneas, coacción, entre otras.

Patricia McCarthy

Este punto negro también es señalado por Patricia McCarthy Caballero, integrante del equipo coordinador del Frente Cívico Familiar, quien atribuye a estas irregularidades que el PRI haya obtenido la mayoría en el Congreso del Estado. “Por lo que atestiguamos como observadores electorales, podemos decir que en Yucatán una vez más el voto no fue libre: se dieron las mismas prácticas terribles de compra y coacción del voto”.

Sin embargo, indica, la diferenciación también tuvo su lado positivo: es una muestra de que la ciudadanía está cada vez más consciente del poder de su voto. “Los índices de participación nos avisan que el voto está teniendo cada vez más importancia, la gente le cree cada vez más a la posibilidad de elegir gobernantes por esta vía pacífica”.

Y particularmente en la elección de gobernador, cree que hubo conciencia de que elegir al abanderado de Morena dividía el voto, lo que para muchos representaba la permanencia del PRI en el poder. “Y prefirieron no arriesgarse. Incluso priistas apoyaron una opción diferente a su partido”.
Apoyo a secas

A la doctora Villagómez no le extraña lo ajustado del triunfo del panista Mauricio Vila. “Ganar ya era en sí una empresa difícil. Durante años el aparato de gobierno trabajó para fortalecer sus estructuras partidistas y tuvo muchos recursos para ello. Construyó para el PRI un voto duro muy fuerte, una barrera difícil de romper”, comenta.

Con todo, ese enojo social, reflejado particularmente contra el partido en el poder aunque la molestia sea contra todo el sistema, impulsó a Vila a lograr la remontada. “La gente vio la oportunidad de acabar con el sistema tradicional”.

También influyó que Vila no tiene una extensa trayectoria, considera. “Posee una buena imagen, pero su trabajo no se conoce en el interior del Estado, no hay una confianza ciega en él, también por eso no fue una ventaja más pronunciada”.

Blanca Estrada Mora

En opinión de la profesora Estrada Mora, el porcentaje le dice a Vila Dosal que la mayoría de la población no lo escogió.

También muestra que muchos ciudadanos se siguen yendo por las marcas poderosas, como ha sido durante décadas, en las que el bipartidismo ha sido la constante, aunque en esta ocasión Morena ganó en Yucatán la votación para la presidencia, primera vez que un partido distinto al PAN y al PRI lo hace”.

“Insisto, tiene mucho que ver con el hartazgo: al PRI se le percibe como la cara visible del sistema. Hubo mucho voto anti-PRI, pero esta vez se dirigió hacia diferentes opciones”.

En el mismo sentido, la licenciada MacCarthy advierte que el gobernador electo no puede perder de vista que el 60% no votó por él. “Esto lo obliga a que sus decisiones necesiten de una buena explicación para contar con el aval ciudadano y de las otras fuerzas políticas con las que va a tener que negociar”.

Los yucatecos, insiste, no le extendieron un cheque en blanco, el 60% no votó por lo que él representa. “Esto es algo de lo que él debe estar muy consciente”.

Estará como el jamón del sándwich, sostiene la doctora Villagómez. Por un lado tendrá que negociar ante la Federación con la desventaja de que el Presidente no es de su partido y por el otro ante los municipios, con mayoría de alcaldes de la oposición.

Todos, no sólo los gobernantes, nos encontramos en un escenario inédito, señala la investigadora de la Uady, para destacar que el rol que les toca jugar a las organizaciones del sector civil es, por el bien de Yucatán, trabajar con las nuevas autoridades, colaborar con ellas, participar. “Pero también tenemos que ser críticos, muy críticos, porque en el proceso que ahora se inicia no hay una historia escrita, todo será nuevo, no se repetirá ningún esquema anterior”, subraya.

Patricia McCarthy concuerda con ese enfoque: “Tenemos que ser actores muy activos en el espacio público, participar en el proceso de la toma de decisiones. Tenemos que estar pendientes de las medidas que se toman, saber por qué se toman”.

Y esto empieza con la elaboración de los planes de desarrollo, tanto en el plano estatal como municipal, continúa. “Lo primero que yo haría es un llamado a todos los actores, incluyendo al sector privado, para que esos ejercicios cuenten con nuestra participación. Allí se definen las prioridades, el modelo de gobierno que se quiere tener para los próximos seis o tres años”.

Es fundamental la participación de la sociedad, pero del otro lado también es indispensable el deseo de escuchar esas opiniones. Tenemos que combatir la simulación que se da en estos ejercicios de “participación ciudadana”, sentencia.

La simulación, ese es el gran problema, dice con pesimismo la profesora Estrada Mora. Lamentablemente, acusa, “lo único que importa es quién ganó, para saber con quién me tengo que entender. Y el ciudadano restringe sus derechos a ir a votar, ignora lo realmente importante, que es el seguimiento, la participación en la elaboración de las políticas públicas, en la vigilancia y en la fiscalización”.

Contrapeso

En su última intervención, las tres activistas hablan de la importancia de que existan los contrapesos del poder.

“Hacen falta porque tradicionalmente el sistema clientelar llegó a un nivel de corrupción tal y a un nivel de impunidad tal que los grandes corporativos, los sindicatos y todas las agrupaciones en general eran parte del mismo sistema, se unían para apoyar al gobierno, no había crítica ni señalamientos, que para eso son los contrapesos”, comenta la doctora Gina Villagómez Valdés, quien manifiesta su extrañeza ante la postura declarada de empresarios que quieren mantener una “sana distancia”.

Lo que deben hacer, dice, es comprometerse a participar, a través de los consejos que abre el gobierno, mediante el diálogo y la vinculación. Sólo estando adentro, participando, podrán también ser críticos.

“Son necesarios los contrapesos y no sólo de los empresarios, también del sector educativo, académicos y agrupaciones de la sociedad civil que deben estar al pendiente y no servir de comparsas, como han sido hasta ahora la división de poderes y las asociaciones civiles”, señala.

“Generalmente las organizaciones civiles han jugado un papel muchas veces no de contrapeso, sino de comparsa. Y en este momento de nueva experiencia política y ciudadana, debemos construir una nueva ciudadanía con una forma más de contrapeso para vigilar al nuevo gobierno”.

La maestra Blanca es de la opinión de que por encima de todas las cosas se imponen los intereses de grupo. “Por eso el único contrapeso verdaderamente importante es el de la ciudadanía, de una ciudadanía participativa y además informada”.

“Obviamente, si no hay contrapesos la tentación de abusar del poder para imponer la visión de un solo grupo va a estar presente. Y esa visión no necesariamente la comparten todos, queda claro cuando hay voto diferenciado: aun López Obrador, que ganó con una ventaja amplísima, tiene un 47% de personas que no votaron por él”, apunta la licenciada McCarthy Caballero.

No se puede gobernar sin tomar en cuenta la opinión de la ciudadanía. Y este riesgo existe cuando el poder se concentra, por eso los contrapesos son importantes y no solamente los tradicionales de la democracia, como los poderes Legislativo y Judicial, sino también los otros, los poderes de los medios de comunicación, por ejemplo, de la sociedad representada por organizaciones o cámaras, agrega.

“Tenemos que ejercer nuestro papel de contrapesos. Estar en el espacio público proponiendo, pero también vigilando, exigiendo, diciendo claramente que no cuando algo no nos parezca y tenemos que hacerlo de manera cada vez más unidos y coordinados, si no, nuestra voz se va a perder”.

“Tenemos que ser capaces de estar presentes más allá del proceso electoral, ese ha sido un reto que no siempre hemos logrado salvar. La gente sale –volvimos a ser los yucatecos un ejemplo nacional en cuanto a participación, aunque no siempre libre-, sin embargo después nos volvemos a guardar en nuestras casas, volvemos a tratar de resolver solamente los problemas personales del día a día y nos olvidamos que la participación es mucho más que salir a votar. Ese es el reto mayor que se nos presenta en el futuro.

Creo que todos ante un cambio de página vemos el futuro –aunque sintamos un poco de incertidumbre- con esperanza. Siempre el cambio implica esperar algo mejor, pero para que esto se dé tenemos que estar allí presentes, si no el riesgo de la concentración de poder puede ser –es- muy alto y tenemos que estar preparados.

Y por otro lado las autoridades tienen que entender, leer que el voto diferenciado significa que sí saben que hay diferentes opciones, que unas les gustan para un cargo y otras para otros, y que esto a las autoridades y a los partidos los obliga a hacer un análisis serio, tomarnos a los ciudadanos mucho más en serio de lo que hasta ahora se ha hecho, concluye.— Mario S. Durán Yabur

Jessica E. Ruiz Rubio es licenciada en Periodismo y maestra en Gestión de la Mercadotecnia. Comenzó su carrera periodística en 2004, año en que ingresó a Grupo Megamedia. Se especializa en trabajos especiales, análisis de tendencias digitales, temas locales y gestión de redes sociales.