MARÍA ISABEL CACERES DE URZAIZ (*)
El australiano Garth Davis, cuya ópera prima “Lion (Camino a Casa)” (2008) fue postulada a seis premios Óscar y ganadora de dos Bafta, presenta este año la película “María Magdalena”.
La confusión sobre la verdadera identidad de la Magdalena nace de una invertebración entre María (de Magdala), María (la hermana de Martha y Lázaro), y la pecadora anónima que unge los pies de Jesús.
Este error, cimentado en definitiva en el año 591 en la “Homilia 25” de San Gregorio Magno, Doctor de la Iglesia, quien sin titubear afirma que la mujer descrita como pecadora por Lucas, como María por Juan, y como la mujer liberada de siete demonios en Marcos, “son la misma persona: María Magdalena”.
Será hasta 1969 cuando Paulo VI reivindicará la memoria de La Magdalena confirmando su trascendencia histórica y bíblica y señalando que no fue la pecadora que condenó San Gregorio Magno. Desde el año 2016, el papa Francisco rescata a la mujer poseída por siete demonios.
La María Magdalena que ocupa al filme es la que se menciona en el Nuevo Testamento como la que sigue a Jesús en Galilea y está junto a él en su pasión y al pie de la cruz junto a su madre María; presencia su sepultura y es la primera en llegar al sepulcro y verlo Resucitado.
Se puede apreciar desde el inicio de la cinta el fuerte mensaje para la mujer de hoy. De carácter intimista, en el que descubrimos la finura psicológica, la emoción humana y la delicada transcripción de los fuertes sentimientos que dominan a esta joven casadera de Magdala, quien se angustia y enferma de solo poder ser explicada y definida a la sombra de un varón y de la maternidad; agitada por ansias y anhelos de los que ignora el origen. Rooney Mara, quien exhibe con el paso del tiempo una madurez artística cada vez mayor, se muestra elegante, sobria, sencilla, y con una entereza y determinación para seguir a Jesucristo. Convencida de lo que hace y dispuesta a todo por él, Magdalena es firme y se muestra sin temor de decir lo que piensa, lo que entiende, lo que medita y analiza. Ella abandona a su familia, tal como los apóstoles hicieron. Es por eso que Juan Pablo II la llamara la “Apóstol de los Apóstoles (Mulieres Dignitatem)” ya que es por su ejemplo para que otras mujeres sigan al Maestro.
Llama la atención la distancia que toma la cinta del fuerte dominio patriarcal que prevalecía en ese tiempo. Esta Magdalena es dueña de su mente y de su cuerpo. Es pensante, fuerte, valiente, sin temor a aceptarse a sí misma por quién es. Por lo que es: una mujer bautizada “en el Espíritu, por el mismo Jesus”. Por lo tanto, llena del Espíritu Santo que es quien le da la fuerza para seguir a Su Maestro sin regateos. Con una entrega total.
El ritmo del filme en ocasiones peca de lento. Hay diálogos entre ella y los apóstoles que no terminan de cerrar una idea. Todo, con el afán —parece— de acentuar la postura y las creencias tan feministas que de acuerdo a los tiempos de hoy corren, y poder ponerlos en boca de la mujer de Magdala.
Joaquin Phoenix es un actor de primera línea y nos obsequia con un Jesús muy humano, lleno de bondad, compasión y empatía.
Un Jesús que habla poco y da fuertes mensajes con su gestualidad queda, contenida por momentos. Parece que Phoenix brinda una actuación poderosa en la interpretación de este Jesús tan diferente de las películas bíblicas.
Chiwetel Ejiofor (“12 años de esclavitud”), interpreta al apóstol Pedro, que rechaza a Magdalena, y es poco entendido de los misterios del Rabi. Sus apariciones son breves, intensas y bien actuadas como puede esperarse de un consumado actor.
Judas (Tahar Rahim) es presentado también con visión y espíritu muy distintos de los que le conocemos. Su traición no es por dinero, es por desilusión, por hacer la última de las pruebas: entregarlo para obligarlo a transformarse en “El Mesias”, el liberador del pueblo escogido. Su error, al comprenderlo, le cuesta la vida. Su mala lectura de los hechos le resulta fatal e intolerable.
La banda sonora, la última que compuso antes de fallecer Johan Johannsson, es bella y engalana como una constante todo el filme. Goza además la película de la extraordinaria visión del camarógrafo Greig Fraser, que nos lleva por bellos parajes y además extrae el alma de los intérpretes con sus “close ups” de vértigo, llenos de luz u oscuridad a medias, e intenso contenido visual.
Magdalena no es un personaje bíblico sencillo, sino todo lo contrario.
Toca a Jane Campion, quien dirige el guión de Helen Edmundson bajo el sello de Universal y Focus Features, convertir la película en asunto de interés humano, y esto, independientemente de la fe que se profese.
El corte de esta cintaes bíblico, ciertamente, aunque no necesariamente acorde con el canon cristiano. Su mensaje es de especial atención, pues nos lleva a analizar el papel de la mujer en la Iglesia, sin que ello deba representar una polémica.
Sin embargo, la amplitud de criterio con la que es presentada “María Magdalena”, a la que se suman las excelentes actuaciones y la novedosa postura feminista del personaje principal, sin caer en los extremos, ya que la salvan del “ruido y la furia” con que estos se manejan a veces, a pesar de su excelente motivación.
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