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Está “Apocalipsis ahora” de regreso en salas de cine

NUEVA YORK (AP).— Si el cine fuera una guerra, “Apocalypse Now (Apocalipsis ahora)” sería para Francis Ford Coppola como la Batalla de Waterloo.

Las batallas que Coppola libró mientras realizaba su épica cinta de 1979 casi lo destruyen. Un tifón destrozó un escenario importante. Harvey Keitel fue reemplazado por Martin Sheen. El director buscó un buen final con desesperación. Y trabajó aún más duro para convencer a Marlon Brando que pronunciara algunos diálogos.

Pero en medio de ese tumulto Coppola logró crear una obra maestra. Y 40 años después “Apocalipsis ahora” nunca ha lucido mejor.

Coppola supervisó la restauración del filme en 4K y por segunda ocasión hizo ajustes a la edición. Tras haber ido quizá demasiado lejos en 2001 en una revisión en la que agregó 53 minutos, “Apocalipsis ahora: Edición final”, que se estrenó esta semana en salas de cine de Estados Unidos, y el próximo martes 27 lo hará en vídeo a la carta, reduce la diferencia para hacer un total de 183 minutos.

En el nuevo formato, la majestuosidad y locura de “Apocalipsis ahora” se sienten más vívidas y alucinante que nunca. Coppola la considera la versión definitiva con la que completa un recorrido de cuatro décadas en las que convirtió lo que fue casi un desastre en la obra que vislumbró desde un principio.

En una entrevista reciente, el cineasta de 80 años de edad conversó sobre el filme de entonces y ahora, y por qué estuvo “aterrado” de hacerla y le resulta difícil dejar ir a sus películas.

¿Quiso dejar a conciencia su huella entre las películas de guerra?

“La Guerra de Vietnam fue diferente a otras guerras estadounidenses. Fue más un tema sensible para la Costa Oeste que para la Costa Este. En cintas de guerra previas a ‘Apocalipsis’ siempre hubo un personaje como Brooklyn, una personalidad de la Coste Este y del Medio Oeste. ‘Apocalisis ahora’ se trataba de Los Ángeles, surfistas, drogas y rocanrol, así que era una guerra más bien con ambiente de la Costa Oeste. Además, hubo muchas contradicciones extrañas de moralidad. Una vez me leyeron un diálogo que no está en la película pero que para mí resume el significado de la cinta: “Les enseñamos a los chicos a lanzar fuego sobre la gente pero no dejamos que escriban la palabra ‘f…’ en sus aviones porque es obscena”.

Eleanor Coppola, su esposa, escribió en sus “Notas” que usted asumió algo de la megalomanía de Kurtz (el coronel interpretado por Marlon Brando) mientras hacía “Apocalipsis ahora”.

Cada vez que hacía una película siempre me comparaba en lo personal con el personaje principal. Cuando estaba haciendo “El padrino” yo era Michael Corleone, maquiavélico y astuto. Cuando hice “Apocalipsis ahora” yo era el megalómano. Cuando hice ‘”‘Tucker: Un hombre y su sueño” yo era el emprendedor innovador. La realidad es que toda mi vida, cuando he sido cualquier cosa, he sido entusiasta e imaginativo. No tengo talentos que desearía tener. Mis talentos fueron más el entusiasmo y la imaginación y una especie de sentido profético, un sentido de saber lo que va a pasar antes de que suceda”.

¿Emergió de “Apocalipsis ahora” como un cineasta diferente?

Sí, pero no más que después de la experiencia extrema de “El padrino”. Cada largometraje que he hecho ha sido una nueva hoja de papel. Rara vez repetiría un estilo. Con cada cinta en la que trabajé terminé siendo una persona diferente.

Cuando vuelve a sus películas para llevarlas hasta donde quiere, ¿lo hace para preservar su legado? ¿Piensa en cómo quiere que la gente lo recuerde a usted y su trabajo?

No estoy tan loco por mi legado. Quiero que la gente sepa que me gustaban los niños y que fui un buen consejero de campamento en 1957, que tengo una familia con hijos maravillosos que me parecen fascinantes y muy talentosos. Pero, básicamente, para mí el mayor legado que uno puede tener es que alguien en alguna parte haya visto algo de lo que uno hizo y lo haya inspirado a hacer algo que inspirará a alguien más en el futuro. De alguna manera, es una forma de inmortalidad.

En la actualidad, la mayoría de los directores solo podrían producir algo de la escala de “Apocalipsis ahora” en una cinta de superhéroes. ¿Se compadece de ellos?

Totalmente. Siento que ahora en nuestro país tenemos un cine dividido entre cintas independientes, donde tenemos la riqueza de talento más maravillosa, y la industria del cine, que hace en su mayoría cintas de superhéroes. Unas tienen demasiado dinero: las películas estilo cómics de Marvel. Básicamente están haciendo la misma película una y otra vez, y atrayendo a todo el talento. Todos esperan conseguir un papelito en una de esas películas porque ahí es donde está el dinero. Y, por el contrario, las cintas independientes maravillosas, inusuales, exóticas, interesantes, provocativas y hermosas no tienen dinero. Con el presupuesto para la comida de esas cintas de superhéroes fácilmente se podría financiar a algunos de estos cineastas brillantes jóvenes y no tan jóvenes. Eso es una tragedia.

La longevidad de sus filmes lo ha llevado a lugares extraños. Recientemente los fiscales en el juicio del asesor político Roger Stone quisieron presentar “El padrino” durante el juicio. Y Donald Trump ha citado “El padrino 2” como una de sus películas favoritas.

La lista de admiradores de las películas de “El padrino” no solo incluye a los caballeros que se menciona sino también a Saddam Hussein y Gaddafi. Solo revisa la lista de los dictadores más duros del mundo moderno y la cinta favorita es “El padrino”.

Clásico del cine

Una de las películas más importantes de Francis Ford Coppola es “El padrino”, que tuvo dos secuelas.

El éxito y la felicidad

“’El padrino’ es una historia estadounidense de una familia inmigrante que al final alcanza el éxito en Estados Unidos. El éxito no es algo malo, pero depende de cómo uno lo defina. Si uno define el éxito como riqueza, influencia, poder y fama debe saber que eso no trae la felicidad. Si miras al 1% de los famosos que tienen todas las cosas que acabamos de mencionar encontrarás a algunas de las personas más infelices del planeta. Lo que te da felicidad son las amistades, el aprender, la creatividad. Sabemos que eso genera felicidad. ¿Pero qué puedes hacer si cada nación del mundo pone su principal objetivo en algo que no tiene sentido?”, reflexiona Coppola.

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