“Vértigo”, el disco más transparente de Pablo Alborán
MADRID (EFE).— Desde una altura que a muchos les echaría para atrás, se escucha a Pablo Alborán lanzarse al vacío en un salto de fe, real y metafórico, pues en su quinto disco se atreve a jugar con sus canciones y a dejar sus temores expuestos y su “corazón descalzo”.
En entrevista, ayer, confirmó lo que esos versos apuntan: “Llevo toda la vida preparándome para cuando no haya aplausos”.
“Vértigo”, el título del álbum que lanza hoy tras un inesperado retraso a causa de las restricciones por el Covid-19 (debería haberse lanzado hace un mes), alude precisamente a esa sensación de inquietud previa a la pérdida… o la ganancia.
“Porque amar da vértigo, que no te quieran da vértigo, el momento que estamos viviendo da vértigo; por otro lado, si no sientes vértigo, es que no estás vivo”, explicó el artista.
Este trabajo es un hijo de su tiempo, en cuanto que la mitad se compuso antes de la pandemia, durante su última gira por Latinoamérica e inspirado por pequeñas escapadas a Punta del Este o La Cumbrecita en Córdoba (Uruguay), y la otra mitad durante el confinamiento. “De ahí que tenga muchos altos y bajos”, señala.
“Estoy viviendo ahora el vértigo más que cuando lo titulé; cuando lo grababa, no tenía expectativas, porque ni siquiera sabía si iba a salir. Yo seguí porque me servía como terapia y tenía al equipo trabajando. No esperaba nada a cambio”, explica sobre un sentimiento que moduló las características del disco.
Por un lado, le hizo ser más atrevido con las texturas en algunas de las canciones que ha coproducido junto a Julio Reyes Copello, con el que repite tras el previo “Prometo” (2017), y con Federico Vindver, quien venía de trabajar con artistas como Coldplay y Nathy Peluso.
“Hay cosas que en otro momento no hubiese dejado, porque no están perfectamente cantadas, sino contadas”, apunta sobre un álbum en el que por primera vez se ha atrevido con la bachata (“alboranizada”) y en el que por ejemplo trata su voz hasta distorsionarla en muchas ocasiones.
Un ejemplo de su afán experimental son los temas “Malabares” y “Si hubieras querido”, que podría haber sido un reguetón lento o un tema electrónico, pero que sencillamente nació dejándolo crecer libre.
“Me he dado cuenta de que este tema para mí es un desahogo. Cada vez que lo canto lo hago diferente”, señala sobre el que ha sido el sencillo más aplaudido de su retorno. En su letra, además, vuelve a dar pruebas de su capacidad para desnudarse más que nunca. “Como hacía un disco con las puertas cerradas, era como si escribiera mi propio diario. Por eso es el más mío, el más genuino y fiel a mi presente”, ratifica, antes de puntualizar que no tiene nada ver con su pública salida del armario.
En competencia
El nuevo disco de Pablo Alborán coincidirá con otros lanzamientos de la temporada (Aitana, Enrique Bunbury, Paul McCartney), lo que deja en riesgo que este sea el primer disco de su carrera que no debuta en el número 1 en ventas. “Lo tengo mentalizado, lo único que importa es el trabajo y no estar estancado”.
