BARCELONA (EFE).— Tras el éxito de la película de acción “Bajocero” en Netflix, que le dio proyección internacional, Lluís Quílez afirma que seguirá haciendo proyectos cinematográficos que le supongan “un reto”, que le “hagan ir a nuevos sitios y aprender nuevas habilidades como director”.
El cineasta explica, en una entrevista, que se propone seguir haciendo películas y series que conecten con la gente y “traten temas que, a pesar de ser populares o entretenidos, toquen temáticas” que considera “importantes”, como hizo en “Bajocero” con la justicia.
Lluís Quílez (Barcelona, 1978) afirma que decidió dedicarse al cine, “una profesión a la que te dedicas desde la pasión absoluta”, a pesar de las dudas y miedo que le generaban trabajar en una industria que en los años 90 todavía no era muy fuerte en España.
Guiado por el corazón y motivado por la nueva ola de cine español, capitaneada por directores como Álex de la Iglesia o Alejandro Amenábar, Quílez valoró que “se podía hacer un cine diferente, atrevido, provocador, valiente, hecho por gente joven y de aquí”, una premisa que sigue manteniendo.
El director catalán, licenciado en la Escac (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña), comenzó su andadura cinematográfica en 2004 con su primer cortometraje, “El siguiente”, al que siguieron “Avatar” en 2005, “Yanindara” en 2009, “Graffiti” en 2016, nominado a los premios Goya y finalista como mejor cortometraje en los Óscar, y su último corto en 2017, titulado “72%”.
Aunque Quílez no prefiere el cortometraje a otros formatos, sí que admite que le ha permitido aprender y formarse para ser director de largometrajes, que tienen una dificultad añadida, “por cuestión de tener un presupuesto más grande y tener que mantener la tensión del espectador durante muchos más minutos”.
En sus creaciones se percibe un factor común, las condiciones adversas a la hora de rodar, como el frío en “Bajocero”, lo que supone un reto, que no solo no asusta al director sino que le “hace sentir vivo, que vale la pena levantarse para ir a rodar”.
“Creo que en estos rodajes la gente está obligada a sacar lo mejor que tiene”, explica el director, quien valora que “si se hace una escena fácil, todo el mundo está un poco relajado porque lo ha hecho mil veces, mientras que si te los llevas al desierto, la gente lo da todo”.
“Bajocero”
Su gran éxito lo logra en enero de 2021 con “Bajocero”, que tras no poder estrenarse en la gran pantalla lo hace en Netflix, en la que se ha convertido en la película de habla no inglesa más vista en la plataforma, con más de 100 millones de espectadores.
Quílez reconoce que no se esperaba el éxito que tuvo el filme, más allá de creer en el buen recibimiento que podría tener en España, porque hicieron “una película popular que pretendía llegar a la gente con actores que aquí en España son muy conocidos y queridos por el público”.
“Ahora bien, que la película empezase a ser tan vista y comentada en Estados Unidos, Arabia Saudita, Brasil y Argentina fue una sorpresa porque en estos países el ‘star system’ español no les importaba, por lo que si gustó fue por la propia película”, comenta con orgullo.
Para el director y guionista, “Bajocero” triunfó “porque tenía una premisa muy clara y un final con mucha emoción”, dos factores que permitieron conectar este “thriller” con un público de todas las edades y de todo el mundo.
Lluís Quílez, a pesar de considerarse un director técnico o planificador, consiguió encontrar un equilibrio entre dos conceptos opuestos, la planificación y la improvisación, lo que se ve perfectamente reflejado en su último filme.
“En ‘Bajocero’ hay una confianza entre secuencias muy técnicas y complejas y un trabajo actoral con mucha verdad que se consiguió con la flexibilidad al plantearles el trabajo”, analiza.
Elegir entre la técnica o la espontaneidad es una decisión que se debe tomar, “ya que no lo puedes tener todo a la vez” y que se aprende con la práctica, opina.
Humilde
El propio director, a pesar de sus años de experiencia, recalca que uno siempre está aprendiendo y que, igual que no es el mismo director de hace 6 años, está seguro de que cuando haga una tercera película será un director diferente porque aprenderá cosas nuevas.
Entre proyectos, Quílez imparte cursos para futuros cineastas, como el realizado esta semana en la escuela barcelonesa FX Animation, en los que recalca a sus alumnos la importancia de la práctica, “ya que a rodar se aprende rodando”, y les motiva a trabajar en una industria que considera que está viviendo un “momento positivo en el que hay más trabajo que nunca”.
“Creo que con la llegada de las plataformas se ha abierto mucho el mercado, es el momento en el que hay más cantidad de trabajo porque no solo existen las películas, sino los ‘originals’, las series… hay mucha cantidad de producción”, remarca.
El director catalán vislumbra un futuro optimista en el sector: “Los que nos dedicamos a esto, no sé cómo, a lo mejor en una película con centenares de planos con efectos especiales, o en una mesa de un bar, seguiremos explicando historias”.
Y es que, para Lluís Quílez, el cine, el arte de contar historias, “es una necesidad básica del ser humano”, concluye.
