VENECIA (EFE).— El mexicano Hatzin Navarrete jamás pensó en ser actor, pero, a sus 17 años, sorprendió en la Mostra de Venecia como protagonista de “La caja” de Lorenzo Vigas, algo que cambió por completo su idea de futuro: “Quiero estudiar actuación”.
“Es algo que me gusta totalmente, quedé picado con esto, me apasiona y, sí, quiero seguir haciéndolo”, avanza este muchacho de aire tímido, envuelto inesperadamente en el vaivén de uno de los festivales de cine más prestigiosos del mundo.
Navarrete fue elegido cuando tenía 13 años para protagonizar “La caja”, la película con la que el venezolano Lorenzo Vigas compite por el León de Oro que narra la historia de un huérfano que cree haber visto a su padre, en teoría muerto, vivo por la calle.
El cineasta buscó concienzudamente a su protagonista por un sinfín de escuelas mexicanas y Hatzin se presentó a la convocatoria organizada en Nezahualcóyotl, un poco por probar suerte.
“No fui por fama o dinero, fue inesperado, pero fue algo así como que hay un cásting y me llamó la atención, pensé que quería estar ahí, saber cómo funcionaba. Entonces fui y listo”, recuerda el actor, subrayando que ni siquiera esperó una respuesta.
Pero al final llegó la llamada que cambió una vida que transcurría como la de cualquier niño de esa ciudad con “fama de peligrosa”.
Vigas, conocido por su precisión, había visto el vídeo de Hatzin, le había gustado y quería hacer más pruebas antes de decidir.
Después llegó el primer encuentro con el coprotagonista, el actor Hernán Mendoza, en unas improvisaciones en las que tenía órdenes de ser muy duro con aquel niño de 13 años para comprobar su reacción.
“Empecé a improvisar cada vez más y más duro, hasta que él empezó a sentir y a llorar, se le llenaron los ojos de lágrimas, y nos dimos cuenta de que tenía esa posibilidad de concentrarse en mi sin importarle lo que lo rodeaba”, recuerda Mendoza, sentado a su lado.
“Ahí nos dimos cuenta de que era el candidato perfecto”, apunta.
Mendoza fue como su “cómplice”, demostrándole que estaban solos en aquel mundo de ficción, pero al mismo tiempo cuidándolo en esta primera experiencia.
De un vistazo
Emoción y nervios
En el set de rodaje, inmerso en el imponente paisaje de Chihuahua, la primera tarea fue hacer que Hatzin Navarrete se concentrara en actuar y se olvidara de las luces y de las cámaras. Ahora este muchacho acaba de pisar la alfombra roja de Venecia, aunque la noche anterior ni siquiera podía dormir de los nervios.
