CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).— Alejandro González Iñárritu reflexiona sobre un momento incómodo que vivió mientras buscaba locaciones para su nuevo filme: “Es difícil, vivimos en territorios tomados, donde no puedes bajar el pie hasta que estés más o menos seguro que nadie lo posee, de alguna forma”.

El director y su equipo se encontraban en San Luis Potosí, preparando todo para filmar “Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades”, su nuevo filme que estrena en cines el próximo día 27, cuando hubo un breve encuentro en el que tuvo que sortear a unas personas, a quienes el realizador no duda en considerar que “eran de los malos”.

“Te das cuenta que las cosas pueden suceder inesperadamente de un momento a otro. Es un poco la incertidumbre en que vivimos”, indica.

Ese fue el México que el ganador del Óscar por “Birdman” y “El Renacido” encontró a su regreso laboral a tierras nacionales, tras casi dos décadas en el extranjero.

Como su personaje central, interpretado por Daniel Giménez Cacho, un periodista que se reencuentra con su país natal, el realizador estaba justo en un proceso similar.

González Iñárritu partió de México hace dos décadas, luego del éxito de “Amores perros”; regresó años después por unos días por “Babel”, donde filmó algunas secuencias en Baja California.

¿Qué México encontraste ahora a tu regreso?

Las calles que yo dejé no existen; ese México que yo dejé, tampoco. O quizá nunca existió pero es la forma en que lo recuerdo y de eso es de lo que habla la película, de que la memoria no tiene verdad. Mientras hacía la película, estaba yo experimentando lo mismo que el personaje. El tema de la política es un tema serio al que hay que entrarle a fondo, pero creo que las cosas de las que habla la película, las partes de historia y de lo que sucede ahorita, son cosas que creo han venido pasando en nuestra historia desde hace 500 años.

En la ropa o coches, no hay un periodo de tiempo, porque quiero decir que lo que está sucediendo ahora, desde que era niño, sucedía. Ese es el estado de un país que, a veces, no ha solucionado cosas que se puede solucionar y vivimos en una especie de historia cíclica. Es duro, es una repetición que se extiende y manifiesta de diferentes formas.

¿Te arrepientes de haberte ido a vivir a Estados Unidos hace 20 años?, ¿sientes que se perdió algo?

Como dice la canción de Facundo Cabral “no soy de aquí, ni soy de allá, no tengo edad, ni porvenir”, es la sensación de los migrantes. Para nosotros (su familia) era una aventura de un año y ya van 21. Cuando abandonas tu lugar de origen todo viene cargado de una gran ilusión, oportunidades y beneficios, si es que hay un éxito, como fue en este caso. Pero también viene mucha incertidumbre y mucha pérdida de afectos, de raíces, de identidad, de paradojas y contradicciones.

Alfonso Cuarón “es un bracero de lujo”, ¿y tú?

Creo que somos privilegiados, que hemos sido de alguna forma migrantes y hemos tenido oportunidades de trabajo y cierto éxito, pero no representamos a la mayoría de millones de migrantes: muchos de ellos pierden la vida y otros no tienen oportunidades.

En algunas escenas pareciera que quieres hacerles ver a los estadounidenses que son ignorantes en la parte de la Batalla del Castillo de Chapultepec.

(Risas) a mis hijos, en las escuelas (de Estados Unidos) nunca les enseñaron el periodo de la guerra (de 1847) a la que yo llamo invasión. Creo que son temas que no les gusta tocar, así que hoy cuando los estadounidenses ven eso, preguntan si en verdad pasó. Y (les digo), “la mitad de tu país, la mitad de mi país”, cayó en tus manos por una invasión de 15 millones de pesos. Son eventos importantes porque nos han marcado, son heridas abiertas, quiero que lo vean y lo hago con humor, porque más que reclamo es una especie de recordatorio de qué es lo que pasó.

 

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