MADRID (EFE).— Ataviado como piloto de avión, no hubo nube ni tormenta que detuviera el “aterrizaje” de Carlos Rivera en el festival “Noches del Botánico” en Madrid, la primera escala de su gira “Un tour a todas partes”, en el marco de la cual el cantante presenta su nuevo disco “Sincerándome”.
Al entrar al recinto, el jardín de la Universidad Complutense ya se había convertido en una suerte de sala de espera de aeropuerto de los más de 4,000 fanáticos que deseaban escuchar la poderosa voz de Rivera.
Un grupo de azafatas anunció la llegada del artista: “Abróchense sus cinturones que estamos próximos a despegar”. Rivera apareció en la cima de una escalinata con un traje de piloto de aeronaves y cantando las primeras estrofas de “Un viaje a todas partes”, el primero de los temas de un concierto de más de dos horas en el que presentó su reciente disco y rememoró clásicos como “Que lo nuestro se quede nuestro”, con más de 243 millones de reproducciones en Spotify.
La presencia de México
En un escenario en el que México y Madrid fueron los primeros invitados no podía faltar el mezcal, así que el cantante hizo una pausa casi religiosa para servir “dos chupitos”: uno para el público y otro para él.
El sonido de una guitarra y los colores vibrantes de la cultura mexicana invadieron el recinto. El compositor dijo que “tuve el honor de que Disney me eligiera” y ya todos sabían cuál era la siguiente canción: “Recuérdame”, el tema que hizo llorar a toda una generación con la película “Coco”.
En un homenaje al público y a sus difuntos, la atención se dirigió a un altar que tenía la fotografía de personas fallecidas, las cuales fueron enviadas por los asistentesdías antes del evento.
Para subir todavía más el calor madrileño y recordar a los grandes, se escucharon las tonadas de “Madrid” de Agustín Lara, tema que cantó Rivera a todo pulmón.
“Esta canción debe ser probablemente la más importante que se le ha escrito a Madrid (…) este país me cambió la vida y esta ciudad también”, confesó para dar inicio a “Deja amarte”, el tema que le escribió a la capital española.
El público madrileño abarcó todas las edades, nacionalidades y gustos musicales. En las gradas se bailó flamenco y en la pista los celulares se utilizaban para hacer videollamadas para compartir la canción “Perdiendo la cabeza”, que Rivera creó junto a Karol G y Pedro Capó.
Con una versión jazzera de “La Marsellesa”, el cantante hizo viajar a los asistentes hasta Francia, y en “Otras vidas” una cámara enfocó a las parejas presentes invitándolas a darse un beso.
Todo estaba por volverse aún más romántico. Un integrante de su equipo de bailarines se acercó a su novia en el escenario con la complicidad del cantante y le cantó el estribillo de “La carta”, que dice: “Cásate conmigo, amor mío”.
La audiencia enloqueció. Muchos aprovecharon la oportunidad para pedirle matrimonio a Rivera desde la platea mientras la pareja se abrazaba después de lo que parecía un “sí”, un poco tímido.
Antes de irse, “el cantante de Disney” lanzó una promesa: “El año que viene nos vemos en el Wizink, ¿me esperan?”, en referencia a uno de los mayores recintos madrileños donde, según sugirió, podría tocar próximamente.
“Un tour por todas partes” se inició en Madrid y continuará en otras ciudades de España y luego partirá para Estados Unidos.
