LOS ÁNGELES (El Universal).— Máquinas que lloran, androides que son incinerados como una suerte de campo de concentración, cyborgs vestidos de monjes budistas y una pequeña, que alberga la matriz de la Inteligencia Artificial llegan a a pantalla. La apuesta de la nueva cinta de Disney, realizada a través de 20th Century Studios, lleva al extremo el tema del momento, el de los algoritmos que emulan al ser humano.
Esta vez, en lugar de mostrar a la IA como una amenaza, se cuestiona lo que pasaría si coexistieran bajo el yugo del hombre.
“Uno de los motores para hacer ‘Resistencia’ fue tratar de cambiar el punto de vista y ponerme en el lugar de las máquinas”, dice Gareth Edwards en entrevista.
Edwards es reconocido por dirigir en 2016 la película “Rogue One: Una historia de Star Wars” (2016) —consentida por fans de la saga de George Lucas—.
Y hoy se embarca en su propia historia de ficción, titulada en español “Resistencia”, que podrá ser vista en los cines de México y Estados Unidos, entre otros países, desde mañana.
“Si lo pensamos, son las máquinas las que podrían sentirse un día parte de un sistema de esclavitud, y nosotros como humanos, si no hacemos conciencia, seríamos los malos. Y este tema me pareció fascinante. Mi idea con la película es que nos permita preguntarnos cómo la sociedad se comporta de distinta manera con los que no son iguales, segregándolos”, añade.
Su historia ocurre en un futuro no muy lejano, en el que Estados Unidos despliega una guerra contra la Inteligencia Artificial, que ha sido generada mayormente en el continente asiático ; esto a raíz de un atentado contra la ciudad de Los Ángeles que mató a millones.
El realizador asegura que, más allá de un escenario apocalíptico, la idea original de “Resistencia” era ahondar en las bondades que trae al mundo la presencia de seres inspirados en nosotros, que sirven como herramientas para auxiliar el día con día a policías, cirujanos y pilotos; la guerra invitaba a discernir si los humanos poseemos la verdad absoluta.
Edwards reconoce que, pese a que es un tema coyuntural por el debate sobre la IA, que se agudizó con el lanzamiento de ChatGPT a finales del año pasado, todo esto es “surreal”, porque el filme se realizó mucho antes de esa fecha.
Debates éticos
En ese tiempo, el realizador justo afrontó debates éticos que hoy están en boca de todos. “Cuando comencé a escribir el guión, todos estos dilemas filosóficos comenzaron a surgir. Como por ejemplo: si hubiera una IA con la cual fuera 100% real interactuar, ¿qué pasaría si no nos gustase? ¿La puedes desconectar? ¿Está mal desconectarla? ¿Qué pasaría si no quiere ser desconectada? En ese momento todas estas cuestiones parecían un poquito descabelladas, como algo con lo que podríamos tener que lidiar dentro de 30 años, pero ya no”.
El proyecto, reconoce su creador, era muy ambicioso. Al no ser posible tener un gran presupuesto, si bien costó 80 millones de dólares, Edwards siguió el consejo del propio George Lucas en su primera trilogía de Star Wars: usar un 80% de escenarios naturales y 20% de efectos especiales.
“Filmamos en los Himalayas, en Camboya y en sus aldeas flotantes. Volábamos a un pequeño grupo de actores de locación a locación”, explica emocionado Edwards, quien tras rodar en el 2020 usó los siguientes años para que la compañía de efectos ILM colocara el resto de la imaginaria de robots, naves y rayos láser de combate.
Un homenaje
Su idea es hacer honor a los grandes clásicos de la ciencia ficción como las exitosas “Blade Runner” (1982), “E.T., el extraterrestre” (1982) y las propias “Star Wars”.
En especial, a dilemas éticos como sucedió en otros clásicos, del tipo “Apocalipsis” ahora (1979) de Ford Coppola: “Es un punto de no retorno, la IA ya está aquí; se abrió la caja de Pandora. Y esta película, por pura casualidad, aborda cabalmente ese tema. Pensar en esto es oportuno”.
