Estamos acuatizando en el océano del 2024, pero antes de iniciar este capítulo no es muy justo mencionar de un pasaje que experimentaron un grupo de personas en nuestra querida Mérida el pasado 28 de diciembre del ya acontecido 2023.

La cita era en el marco del día internacional de la Cinematografía, 128 años después de que los hermanos Louis y Auguste Lumière, quienes en su momento después de presentar el cinematógrafo declararon que “el cine es una invención sin ningún futuro”.

Pero la cita, a pesar de ser en un templo audiovisual que reivindicaba el sentido irónico de la poca fe que los hermanos tenían sobre el invento que revolucionó al mundo, el pretexto de esta reunión era más allá que el cine, era por un personaje que hizo del cine su hogar y que estaba celebrando el estreno de la película que marcaba el inicio de las celebraciones de su 70 aniversario de creación.

Los espectadores compartían por igual la ansiedad y la emoción de conocer la más reciente película del rey de los monstruos, del “milagro” de Takashi Yamazaki —en palabras de Guillermo del Toro— después de participar en las dinámicas y regalos que organizó el grupo Kinécarus y el Godzilla Fan Club Yucatán, después de celebrar la unión colectiva de hacer que un niño se llevara a su casa un regalo, después de asombrarse ante la primera proyección en cines del más reciente cortometraje del monstruo japonés, las luces se apagaron, el logotipo de Toho, resplandeciente como el sol naciente de su país de origen apareció en la pantalla y un silencio que le brindaba honor a una septuagenaria leyenda dio inicio al largometraje.

Un infinito océano guiaba al avión del protagonista hacia la ficticia isla de Odo en donde una de las más grandes películas del género iba a comenzar su travesía que durante 2 horas mantuvo a la audiencia al borde de la tensión y del llanto en algunos emocionados fanáticos, al final, temerosos pero seguros poco a poco una sala entera estalló en un aplauso que inundó cada rincón del recinto, se sentía una satisfacción y una energía colectiva que todo el que se considera fan de algo debe de experimentar.

Desde 1954 Godzilla fue diseñado y creado como una alegoría a los horrores de las bombas nucleares y la maldad del hombre, cuando se le arranca de su mensaje solo se convierte en un monstruo que destruye ciudades, el Godzilla que conocemos ahora es producto que ha sido construido por Japón y por Estados Unidos por igual, pero por una noche, una sala pudo experimentar lo que rodea a Godzilla: La reinterpretación de un país que perdió todo y que salió adelante, que por sobre todas las cosas merecía una segunda oportunidad, por sobre todas las tragedias sabía que el sol debía salir y que debían abrazar la voluntad de vivir.

Maestro en arte cinematográfico

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