Esta imagen difundida por A24 muestra a Adrien Brody en una escena de “El brutalista (The Brutalist)”, que se estrenará en cines de EE.UU.
Esta imagen difundida por A24 muestra a Adrien Brody en una escena de “El brutalista (The Brutalist)”, que se estrenará en cines de EE.UU.

LOS ÁNGELES (AP).— Como la arquitectura, “El brutalista” es un ejercicio épico de ambición y grandeza. “La creación de un buen edificio”, observó el arquitecto Frank Lloyd Wright, “es una gran actuación moral”.

Como muchas citas notables sobre arquitectura, habla de grandeza, permanencia, escala.

Uno imagina que Lázló Tóth, el visionario arquitecto húngaro que escapó del Holocausto y navegó hacia Estados Unidos para encontrar su Sueño Americano, estaría de acuerdo.

Pero no busques en Wikipedia. Tóth, interpretado con profunda alma e intensidad implacable por Adrien Brody en “El brutalista”, es en realidad ficticio, aunque podrías ser perdonado por pensar lo contrario, pues su historia está ricamente desarrollada en la audaz cinta del director Brady Corbet, a punto de estrenarse.

Aunque no es para todos, es un filme que puede describirse justificadamente como “épico” en ambición y diseño. Y la ambición y el diseño son precisamente de lo que trata esta historia.

Por supuesto, eso no es todo. “El brutalista”, que toma su nombre del estilo crudo de arquitectura que crea Tóth, también trata sobre el trauma incalculable que siguió a quienes vivieron la Segunda Guerra Mundial.

Se trata de la experiencia de un inmigrante y de lo que sucede cuando el Sueño Americano llama y luego falla. También explora un sueño diferente: el del artista y lo que sucede cuando se encuentra con fuerzas opuestas, ya sea desplazamientos geográficos o cálculos económicos fríos.

Sin mezclar metáforas artísticas, es justo decir que una historia como ésta necesita un lienzo muy grande. Corbet, trabajando con la coguionista Mona Fastvold, definitivamente lo consigue filmando en VistaVision con su amplio campo de visión, dividiendo la película en movimientos como una sinfonía y, finalmente, permitiéndose unas colosales tres horas y 35 minutos de duración, incluyendo un intermedio.

Los paralelos con la arquitectura aquí parecen claros: construir un edificio es como hacer una película. Si estás pensando en algo pequeño, vete a casa.

“El brutalista” abarca 30 años en la vida de Tóth, a quien vemos por primera ocasión en una secuencia magnífica, avanzando a través de la oscuridad.

Pronto se revela que éstos son los callejones caóticos de un barco de inmigrantes. No le queda nada, pero aún tiene suerte: a diferencia de más de la mitad de los judíos húngaros, ha sobrevivido al Holocausto. Su primera impresión de Estados Unidos es la Estatua de la Libertad elevándose sobre la cubierta, filmada al revés, una elección que los espectadores entenderán más tarde.

Tóth se dirige a Filadelfia, donde es recibido por su primo Attila (Alessandro Nivola), quien le permitirá trabajar en su tienda de muebles. Attila también trae noticias monumentales: la amada esposa de Lázló, Erzsébet (Felicity Jones) sobrevivió a su propio calvario en los campos y está viva en Europa. Solo ver a Brody recibir esta noticia es una imagen difícil de olvidar: el actor, hijo de un refugiado húngaro, hace aquí su mejor trabajo desde su actuación ganadora del Óscar en “El pianista (The Pianist)”.

Un golpe de suerte llega cuando Harry Lee Van Buren (Joe Alwyn), el arrogante y aristocrático hijo del industrialista Harrison Lee Van Buren, busca ayuda para renovar una biblioteca para su padre. El perfeccionista Tóth comienza a crear una joya modernista, con la luz del día brillando desde arriba sobre una elegante silla de lectura y lámpara (por momentos, esta película es una gran publicidad para la escuela de arquitectura).

Pero entonces el propio padre, un personaje impecablemente vestido, imposiblemente elegante pero explosivo y finalmente monstruoso, interpretado a la perfección por Guy Pearce, aparece demasiado temprano, enfurecido porque su biblioteca ha sido desmantelada. Expulsa a la gente y no les paga. Tóth termina en un refugio de la iglesia, paleando carbón durante el día.

Pero Van Buren llega a ver su error, especialmente cuando la prensa se hace eco de su biblioteca. Pronto, Tóth se encuentra cenando con los ricos en la palaciega finca Doylestown de Van Buren y sabiendo que Van Buren lo ha elegido para construir un amplio centro comunitario en lo alto de una colina en honor de su madre.

La segunda parte de la película se abre con la llegada de Erzsébet a América, junto con la sobrina de Tóth, Zsófia (Raffey Cassidy). Erzsébet, con una interpretación sensible e inteligente de Jones, está sufriendo profundamente los efectos físicos de la guerra mundial.

También ve el lado oscuro de los Van Buren. Pero Tóth está atrapado, enredado en un proyecto que llevará años. Una secuencia hermosa, y horrible, tiene lugar en las canteras de mármol de Carrara en Italia, donde Tóth viaja con Van Buren para elegir una pieza final.

La belleza está en la realización cinematográfica. El horror está en lo que sucede entre los hombres.

De un vistazo

Aprendizaje

Adrien Brody, de 51 años, cree que en última instancia se benefició y aprendió de una serie de reveses que sufrió al principio de su carrera.

Premiado

Brody ganó el Óscar al Mejor Actor por “El pianista”, drama bélico de 2002.

Por más galardones

“El brutalista” no solo llega con grandes expectativas, sino también con 7 postulaciones a los Globos de Oro, incluyendo Mejor Película de Drama, Mejor Dirección y Mejor Guión, y reconocimientos para sus protagonistas Adrien Brody, Guy Pearce y Felicity Jones.

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