MÉRIDA.— La riqueza natural del norte de Yucatán llega a la pantalla grande con el estreno del documental Flamingos: la vida después del meteorito, una producción dirigida por Lorenzo Hagerman que pone en el centro a una de las especies más emblemáticas de la región: el flamenco rosado del Caribe.
La cinta, filmada durante más de 700 días en humedales yucatecos, documenta la vida de cerca de 38 mil flamencos que habitan zonas como Ría Celestún, Ría Lagartos y la reserva estatal El Palmar. Se trata de ecosistemas clave no solo para esta ave, sino para toda la biodiversidad costera del estado, lo que convierte al documental en una ventana directa al patrimonio ambiental que distingue a Yucatán a nivel internacional.
El largometraje ya se encuentra en cartelera nacional desde el 26 de marzo con 50 copias, en un contexto competitivo para el cine mexicano. Sin embargo, su propuesta busca diferenciarse: no es un documental de naturaleza convencional, sino una narrativa que combina ciencia, arte y reflexión, con la participación de figuras como Julieta Venegas en la narración, el músico Bryce Dessner en la composición, y la poeta Ajo en el guion.
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Un proyecto que nace en Yucatán
Para Hagerman, quien ha vivido más de dos décadas en Mérida, el origen del proyecto estuvo marcado por un encuentro directo con la naturaleza local. Relata que bastaron unas horas de observación en campo para comprender el potencial narrativo de los flamencos yucatecos, una especie considerada “bandera” por su importancia en la conservación de ecosistemas completos.
El documental surgió en colaboración con el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, una de las instituciones más importantes en el estudio de aves. Inicialmente, el objetivo era generar un registro científico, pero la experiencia derivó en una producción cinematográfica de largo aliento.
La película no idealiza la vida silvestre. Por el contrario, muestra un ciclo marcado por la fragilidad: depredación de huevos, muerte de crías, migraciones inesperadas y la constante búsqueda de condiciones adecuadas para sobrevivir.
Flamencos en Yucatán
Uno de los momentos clave del rodaje ocurrió cuando la colonia de flamencos desapareció repentinamente de su sitio habitual, obligando al equipo a rastrear su paradero incluso fuera del país. Este giro, lejos de ser un obstáculo, permitió construir una narrativa más compleja sobre adaptación y resiliencia.
Además, el documental contextualiza la vida de estas aves en un territorio con una historia geológica única: el impacto del meteorito de Chicxulub, ocurrido hace 65 millones de años, que transformó las condiciones ambientales del planeta y dejó huella en la península.
Más allá de lo cinematográfico, la producción tiene un componente social relevante. Los recursos generados por su exhibición serán destinados a proyectos de conservación impulsados por organizaciones civiles, reforzando el vínculo entre cultura y protección ambiental.
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Flamingos: la vida después del meteorito, en cines
El diseño sonoro, realizado en estudios especializados en Inglaterra, y la música —que incluso incorpora una jarana enviada a Europa durante la pandemia—, buscan sumergir al espectador en la atmósfera de los humedales yucatecos.
Para el público de Yucatán, el documental ofrece una oportunidad poco común: observar en detalle un ecosistema que, aunque se encuentra a pocas horas de Mérida, sigue siendo desconocido para muchos.
Hagerman subraya que la experiencia está pensada para la pantalla grande, tanto por su calidad visual como por su diseño sonoro. En un momento en que grandes producciones internacionales dominan la cartelera, la película apuesta por conectar al espectador con su propio entorno.
El resultado es un retrato que combina ciencia, emoción y estética para contar una historia de vida, resistencia y equilibrio natural en uno de los paisajes más representativos de Yucatán.
