Los Claxons presentaron la gira “Cantando + Contando” anteayer en el Palacio de la Música, con la que celebran dos décadas en los escenarios
Los Claxons presentaron la gira “Cantando + Contando” anteayer en el Palacio de la Música, con la que celebran dos décadas en los escenarios

Hay noches en las que la música deja de ser un espectáculo para convertirse en un susurro al oído, en una confidencia compartida entre amigos de veinte años… o más. Anteanoche, la Sala de Conciertos del Centro Nacional de la Música Mexicana-Palacio de la Música se transformó en un lugar íntimo, donde la entrega total de Los Claxons borró la frontera del artista y su público.

Al filo del escenario, cuatro sillas y el brillo de las guitarras y el bajo prometían lo que vendría: el show acústico “Cantando + Contando”, que ya recorrió más de 15 ciudades y al que aún le faltan muchas más.

Más que un concierto, fue un viaje por el “soundtrack” de la vida de muchas personas a lo largo de la carrera de la banda regiomontana, narrado por esas voces que reconocemos como propias desde hace dos décadas.

Desde el primer acorde, la conexión con el público que llenó el recinto fue absoluta. No importaba si eras del “team viejitos” o del “team nuevecitos”; la sala entera se convirtió en una sola voz cuando sonaron los clásicos. Y la emoción se desbordó pronto cuando, en primera fila, Diego y Karla sellaron su compromiso bajo el amparo de “Mi corazón antes que al mío”, recordándonos que la música de la banda es, ante todo, un refugio para el amor. Momentos de maestría técnica elevaron la temperatura emocional, como el solo de bajo de Pablo González, que dio paso a esa confesión teñida de melancolía: “que mi voz se pinta de azul…”, o el de Edgar “Cholo” Lozano que arrancó aplausos con su requinto y unos solos que erizaban la piel.

Entre tema y tema, Ignacio “Nacho” Llantada y Mauricio Sánchez, voces de Los Claxons, recordaron momentos divertidos de la banda pero también de reflexión y reencuentro como personas y agrupación musical.

Uno de esos momentos que les han marcado y compartieron fue la anécdota de Nacho Llantada. Con la vulnerabilidad de quien se sabe entre familia, recordó el miedo y la esperanza de aquel momento en que supo que sería padre de dos bebés y que nacieran mientras estaba de gira, en un año donde el éxito lo tenían al máximo incluso con su nominación a los Grammys Latinos.

El relato de su sueño bélico y el nacimiento de sus hijos precedió a una interpretación que dejó a la sala en un silencio sepulcral, roto apenas por un murmullo colectivo que seguía cada palabra: “Voy camino a encontrarte…”. El ambiente se encendió con la energía de “Ahí estaré” y la dedicatoria especial de “Te propongo” para todas esas familias “claxoneras” que han crecido junto a ellos.

La banda se entregó sin reservas, incluso cuando parecía que el tiempo se agotaba. Aunque amagaron con irse al ritmo de “Me voy” y nos regalaron la nostalgia pura de “María”, Los Claxons demostraron que siguen mirando hacia adelante. Interpretaron por segunda vez en su historia “Agua en mis manos”, el tema más reciente de su próximo material. Ante los gritos de un público que se negaba a dejarlos marchar, la banda respondió a algunas peticiones e incluso cantaron un medley para satisfacer cada petición, desde “Flores en febrero” hasta explotar con la pasión de “Un día de sol”.

La despedida

Finalmente, con “El espectador”, Los Claxons se despidieron de una noche donde no quedó nada por decir, solo la certeza de que, después de 20 años, su música sigue siendo el lugar a donde siempre queremos volver.— Renata Marrufo Montañez

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán