MOSCÚ, Rusia, (SUN).- Él se llama Francisco, pero le diremos Campitos, pues trae una camisa, una réplica de las que utilizaba Jorge Campos en sus mejores tiempos como futbolista y un sombrero de charro. Anda por la Plaza Roja disfrutando todo lo que ve, sobre todo a las bellísimas mujeres rusas, quienes le han dado tregua a su legendaria rigidez para, de vez en cuando, regalar una sonrisa y una caída de ojos que derriten al más pintado.
Francisco y su hermana han realizado el viaje de su vida, de sus sueños. Un viaje para el que ahorraron por dos años, y en los que él sacrificó de todo: amigos, regalos, gustos y… mujeres, hasta a la novia cortó, porque “te hace gastar dinero que no tienes”. Sí, Campitos hasta se sometió al celibato con tal de venir a presenciar el mejor futbol del mundo. Prácticamente vivió como monje para venir a Rusia.
“Me vine con mi hermana a conocer Europa. Ya fuimos a España, Francia, Inglaterra, a muchos lugares, y rematamos aquí, en Rusia, para ver jugar a la Selección Mexicana”.
Irán a los tres partidos del Tricolor; ya sólo les alcanza para eso. “Sí, sólo tres y nos regresamos. Ojalá que ellos no…”.
