La decisión del gobierno de Estados Unidos de no extender de manera automática el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no significa el fin del acuerdo comercial. El tratado continúa vigente, pero ahora entra en una etapa de revisiones anuales que introduce un elemento que los mercados suelen castigar rápidamente: la incertidumbre.
Este momento es mucho más que una negociación comercial para México. Es una prueba de la solidez de nuestro modelo económico y de nuestra capacidad para competir en un entorno internacional cada vez más complejo.
En las últimas tres décadas uno de los grandes motores del crecimiento nacional ha sido el acceso preferencial al mercado norteamericano. Son millones de empleos, miles de empresas y buena parte de la inversión extranjera las que dependen de la integración económica de Norteamérica. Pero esa fortaleza ha generado también una gran dependencia de un solo mercado.
La incertidumbre no se queda ahí, tiene consecuencias inmediatas. Los grandes proyectos de inversión necesitan estabilidad jurídica y reglas claras a largo plazo. Cuando la situación puede cambiar de un año a otro, se dejan para más adelante muchas decisiones de inversión.
En un contexto en el que los países de Asia, Europa y América Latina compiten para atraer capital, la confianza se vuelve un activo estratégico.
No obstante, sería un error interpretar esta coyuntura únicamente como una amenaza. También representa una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos estructurales que México ha postergado durante años.
La competitividad de un país no depende de un tratado comercial solamente. También depende de la calidad de sus instituciones, del Estado de derecho, de la seguridad jurídica, de la infraestructura, de la seguridad, de la disponibilidad de energía y agua, así como de la formación de capital humano.
Esas fortalezas internas no se pueden sustituir por ningún acuerdo internacional.
El futuro del T-MEC seguramente será uno de los temas centrales de la agenda económica de Norteamérica durante los próximos años. El verdadero desafío para México, sin embargo, es construir una economía que inspire confianza más allá de cualquier tratado.
Los acuerdos comerciales abren puertas, el desarrollo sostenible depende de la capacidad de cada país de aprovecharlas. Ése es, quizá, el debate más importante que hoy tiene México ante sí.
Maestro en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid
