El barrio de San Juan es uno de los que aloja uno de los tres arcos sobrevivientes que limitaban la ciudad. Actualmente luce un color mostaza que no es uniforme con edificios que tiene a sus pies por ambos lados

 

Para los que nacimos o desde hace muchos años vivimos en esta ciudad, los arcos son parte del paisaje urbano.

Sin embargo, vamos a detenernos a considerar su grandeza: son únicos en la República Mexicana y los monumentos más originales con los que cuenta Mérida.

Eran un total de ocho arcos en esta capital, de los cuales tres quedan en pie.

Uno de ellos se ubica a un costado del Cuartel de Dragones, antiguo hospital franciscano que luego se convirtió en casa dormitorio de los soldados el Centro Cultural del Niño Yucateco.

Este arco, como los otros, marcaban la puerta de entrada a la ciudad y cuenta con sencillos nichos que albergan la imagen de San Antonio, actualmente desgastado por la erosión.

Mérida, la Ciudad Blanca, tiene mucha historia y estos arcos guardan en cada una de sus piedras historias de dolor, alegría y hasta varios triunfos.

El arco de la calle 50 con 63 sobrevivió a la inminente demolición de ayuntamientos pasados. Entre los derruidos, que no se ha pensado reconstruir, figuran los de Santa Lucía, el Paseo de Santa Anna o el X Kul Arco.

Por si fuera poco, los que aún permanecen de pie están en terribles condiciones, en espera de recibir mantenimiento y hasta iluminación adecuada.

El que se ubica en el barrio de San Juan, y comunica con las calles que llevan a la Ermita de Santa Isabel, es otro de los arcos que aún se erige orgulloso, a pesar de los embates del tiempo.

Ahí están, esas antiguas puertas de la ciudad ahora calladas y cansadas, en espera de ser “rejuvenecidas” y, mientras tanto, recogen nuevas historias de todos cuantos pasan bajo ellas.