HONG KONG (AP) — David Hanson imagina un futuro en el que robots con inteligencia artificial serán “máquinas geniales, super inteligentes”, capaces de resolver los grandes dilemas de la humanidad. Ah, si fuese tan sencillo.
Este texano que trabajó alguna vez como escultor en Walt Disney Imagineering y su startup de Hong Kong Hanson Robotics están combinando los avances en el terreno de la inteligencia artificial con los conocimientos que hay en el sur de China sobre diseño de juguetes, electrónica y producción para construir robots humanoides, con aptitudes sociales y rostros con expresiones capaces de ganarse la confianza de los humanos con los que interactúan.
Hanson, de 49 años, es conocido sobre todo como el creador de Sophia, un robot que va a talk shows, basado parcialmente en Audrey Hepburn y que el diseñador considera su “obra maestra”.
Una especie de maniquí animado, Sophia es un ejemplo de tecnología avanzada y al mismo tiempo producto de alguien con antecedentes en el mundo del teatro.
Hanson Robotics ha hecho aproximadamente una docena de copias de Sophia, que, como cualquier humano, es algo en pleno desarrollo. Un equipo multinacional de científicos e ingenieros está mejorando su apariencia y los algoritmos que le permiten sonreír, pestañear y aumentar su comprensión y su capacidad de comunicación.
Sophia tiene brazos impresos en 3D y, con la ayuda de una empresa de robots sudcoreana, empieza a moverse. Se transporta lentamente en piernas negras rectangulares y estrenó esa nueva aptitud en una feria tecnológica en Las Vegas la semana pasada.
Su piel está hecha de un material nanotécnico que Hanson inventó y llamó “frubber”, que tiene una textura parecida a la de la piel humana. Cámaras en sus ojos y un sensor 3D en su pecho la ayudan a “ver”, en tanto que un procesador que hace de cerebro combina sus capacidades de reconocimiento facial y de lenguaje, el procesamiento del lenguaje y un sistema de control de movimientos.
Se calcula que los ingresos derivados de los robots subirán de 3.700 millones de dólares en el 2015 a 15.000 millones en el 2020, según IHS Markit. Esto incluye máquinas profesionales o de uso doméstico como artefactos automáticos en los depósitos, aspiradoras y otros productos.
Por ahora la inteligencia artificial sirve para desempeñar tareas específicas. Pero hará falta una nueva generación de aparatos para que puedan aprender nuevas habilidades, generalizar sus conocimientos y aplicarlos en distintos contextos, en parte por la enorme potencia que debe tener una computadora para procesar tanta información rápidamente.
“Estamos muy lejos del tipo de inteligencia artificial y de robots que uno ve en películas como ‘Blade Runner’”, señaló Pascale Fung, profesora de ingeniería de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong. “Lamento decepcionarlos”.
Acotó que, a diferencia de lo que ocurre con los bebés, que usan sus cinco sentidos para aprender rápidamente, las máquinas generalmente pueden absorber un tipo de información a la vez.
Si bien Sophia puede mantener una conversación ingeniosa, es fácil confundirla.
