El consumo de bebidas energéticas, populares por su promesa de incrementar el rendimiento físico y mental, no se recomienda a ninguna persona, debido a los posibles efectos adversos que pueden generar en el organismo, señala la nutrióloga Judith Moo Huchim.
La especialista subraya que este tipo de bebidas contiene múltiples sustancias estimulantes, cuyo impacto acumulativo no siempre está plenamente estudiado.
“Una bebida energética normalmente se compone por sustancias que son estimulantes, que lo que va a hacer es un efecto energético, es decir, sentirnos más activos y poder rendir en las actividades”.
De acuerdo con la entrevistada, el problema radica en que la combinación de estos compuestos puede generar una “hiperestimulación” del sistema nervioso, superando los niveles habituales de excitación del organismo.
Entre los principales efectos asociados al consumo, incluso en niveles moderados, se encuentran alteraciones del sueño, ansiedad y cambios en el ritmo cardíaco. Además, indica la nutrióloga, el consumo excesivo puede influir en el estado de ánimo, provocando irritabilidad o mal humor.
Bebidas energéticas con alcohol
El panorama se agrava cuando las bebidas energéticas se mezclan con el alcohol, lo que se ha vuelto una práctica muy frecuente en los contextos sociales.
“Pero, ¿cuáles son las consecuencias que puede traer? Pues sí puede haber una presión arterial alta, arritmias cardíacas, en casos más severos puede haber infartos, convulsiones, accidentes automovilísticos e incluso la muerte”, dice.
La especialista subraya que muchas de estas bebidas contienen altos niveles de cafeína y azúcares simples como glucosa y sacarosa, lo que incrementa los riesgos para la salud cardiovascular y metabólica.
“Además, puede traer también temas de diabetes y cardiopatías, sobre todo, en el consumo excesivo”.
En cuanto a quiénes deberían evitarlas, la nutrióloga subraya que no se recomienda para ninguna etapa. “Ni adultos ni jóvenes, porque, como ya dijimos, puede afectar el sistema nervioso, al corazón. No se recomienda ni en deportistas ni en personas que van al gimnasio, en nadie”.
Opciones más saludables de energía
Como alternativa, la especialista sugiere optar por opciones más saludables para la hidratación y el aporte energético.
“En lugar de estas bebidas se podrá recomendar en primera instancia el consumo de agua natural. Eso de ley sería una buena bebida. Pero también se puede optar por bebidas que contengan bajo contenido de azúcares; por ejemplo, hay sueros actuales que venden en las farmacias que tienen presentaciones sin azúcares, también se puede consumir jugos naturales”.
Si bien reconoce que el consumo ocasional podría no generar efectos en todas las personas, insiste en que la respuesta del organismo varía y que el riesgo aumenta significativamente con la frecuencia. “Digamos que estas bebidas sí cumplen con las funciones que dicen, pero el exceso pues puede traer el efecto contrario, y como decía, pues dependiendo de cada persona; y también, el consumo esporádico de la bebida, pues no va a provocar quizá nada, pero quizá a una persona sí”.
El tema ha llegado a las autoridades que ya están tomando medidas. El mes pasado, la Cámara de Diputados aprobó una reforma que prohíbe la venta y el consumo de bebidas energéticas dentro de escuelas de educación básica y media superior, tanto públicas como privadas. La iniciativa, que ya cuenta con media sanción, busca proteger la salud de niños y adolescentes frente al aumento en el consumo de estos productos y sus posibles efectos secundarios.
