Los riesgos ambientales y a la salud derivados del manejo inadecuado de envases de agroquímicos, cuya disposición incorrecta contamina suelo, agua y aire, especialmente en una región con características kársticas que facilitan la filtración de sustancias tóxicas hacia cenotes y mantos acuíferos fue parte de charla “Residuos de Plaguicidas, Huella Hídrica en la Península de Yucatán”.
En el marco de la Expo Campo 2026, el biólogo Salvador Velasco Orozco, integrante del Consejo Nacional Agropecuario de Yucatán, citó estudios que evidencian la presencia de glifosato en comunidades de la región.
Además reveló que el 93% de los pozos analizados presentan niveles por encima de lo permitido, además de alertar sobre la quema de envases que genera compuestos cancerígenos.
El especialista señaló que incluso los envases vacíos de plaguicidas representan una fuente de contaminación para el suelo, el agua y el aire, al advertir que “el manejo inadecuado de los envases de agroquímicos catalogados como Productos Altamente Peligrosos (PAP) provoca afectaciones en estos tres sectores”.
También explicó que en el caso del suelo estos residuos suelen terminar en tiraderos a cielo abierto, montes, sascaberas e incluso cenotes por el arrastre del agua, lo que ocasiona la muerte de insectos polinizadores, favorece la erosión y deteriora la fertilidad de la tierra.
El biólogo Velasco Orozco explicó que estos residuos alcanzan cuerpos de agua superficiales y subterráneos mediante el arrastre, en una región donde el suelo es en su mayoría kárstico, lo que “actúa como un colador”: impide el paso de desechos sólidos de gran tamaño, pero permite que los compuestos químicos se filtren con facilidad hacia cenotes, manglares, ojos de agua e incluso el mar, debido a la interconexión de los mantos acuíferos.
“Esta situación no solo impacta al medio ambiente, sino también a la salud humana”, advirtió.
El conferenciante citó un estudio realizado entre 2015 y 2016 por la UNAM, la UAC y Greenpeace, en el que se detectó presencia de glifosato en muestras de orina de habitantes de Hopelchén, Campeche; Tizimín, Yucatán, y comunidades del sur de Quintana Roo, además de registrarse males cutáneos, malformaciones y problemas digestivos crónicos.
Asimismo, indicó que en un muestreo de pozos en diversas comunidades, el 93% presentó concentraciones elevadas de glifosato, con niveles de hasta 2.9 nanogramos por mililitro, cuando el máximo permitido es de 1.1, situación que se agrava con prácticas como el uso de envases vacíos de agroquímicos para transportar agua destinada al consumo durante las jornadas laborales.
En cuanto al aire, advirtió que la quema de estos recipientes en tiraderos a cielo abierto libera dioxinas y furanos, compuestos altamente tóxicos y con potencial cancerígeno que además contribuyen al efecto invernadero.
Añadió que el manejo de estos productos en sí mismo representa un riesgo, ya que de 79 agroquímicos analizados en el mercado, 49 están clasificados como Productos Altamente Peligrosos (PAP), entre los que destacan el glifosato, paraquat, lindano, imidacloprid, metamidofos y DDT.
“El glifosato es el de mayor uso, al estar presente en cerca del 65% del campo mexicano, principalmente en cultivos como algodón, maíz, caña de azúcar y algunos cítricos”.
El especialista señaló que el uso extendido de estos agroquímicos podría estar relacionado con discrepancias en su clasificación respecto a estándares internacionales, ya que, explicó, la NOM-256-SSA1-2012 considera a los compuestos de clase 2 como moderadamente peligrosos, mientras que en otras normativas son catalogados como altamente tóxicos, lo que permite que continúen en el mercado nacional; este escenario, sumado a la generación de entre 150 y 170 toneladas de envases vacíos de plaguicidas, configura un panorama preocupante en materia ambiental y de salud pública.—Pablo César May Pech
