Mensaje que leyó el joven Andrés Rivero Ponce ayer en una de las misas de cuerpo presente de su tío Ricardo Ponce Espejo, de cuyo fallecimiento informamos.
¡Lo vimos! Nos tocó verlo de cerca. Nos tocó que estuviera entre nosotros. ¡Lo tocamos, lo abrazamos y besamos!
Escuchamos sus consejos, aprendimos de él. Estuvimos cerca de uno de los corazones más grandes que ha pisado esta tierra. Del ejemplo de la lucha extraordinaria. De la risa más carismática y del perfecto maestro de la humildad. Nos tocó también ver el esfuerzo, la oración y el acompañamiento de una mujer con la fuerza de María que estuvo junto con su hijo demostrándonos qué significa la fortaleza y la resiliencia, el amor y la esperanza.
En un paisaje tan coloquial este señor comió salbutes y frijol con puerco en nuestra mesa. El hombre del mañana, quien vivía cada día como si fuese el último y gozaba cada segundo, ayer nos enseñó que la lucha es difícil, pero la cima es gloriosa. Más cuando en cincuenta años logró vivir y tener los momentos tan felices que cualquier hombre hubiese tardado 150 años. Ahora ya le toca, después de haber peleado como un tiburón.., ahora va a gozar del mar eterno, a revivir su lancha “Estamas” y gozar los “forever 21” para toda la eternidad.
Ejemplo perfecto
Al Más Grande le toca gozar de la compañía de nuestro ejemplo perfecto. Del servicio en vida, del sí porque sí para todo. De quien podríamos llamar, si tuviéramos la fortuna, nuestra representación verdadera.
Del corazón de un niño tan noble y fiel a los cincuentas que ahora se volvió inmortal entre nosotros. Yéndose después de haber peleado hasta darnos su vida con mil y un lecciones que se quedan grabadas en piedra, mandamientos que fundó en esta familia con acciones realizadas a través de una vida de entrega hacia la felicidad.
Ahora goza de Chichito para sumarse a nuestra protección. El protector de la mejor esposa y el mejor hijo, el vigilante de Corvina y de Mamina, una madre que amó incondicionalmente, como ella dio todo por él.
Carismático
Nos ha dejado aparte una pequeña pizca de él. Sus genes en un hijo carismático y sonriente. De un alma que se incorpora ahora más que nunca a nuestras vidas en alma para estar más presente. No habría suficientes gracias a tía Julie y a Ricardito, a sus hermanas tan perseverantes y su hermano tan obstinado por haber estado más en él que nadie.
Y los celos de que les tocó más que a todos de gozar de esta personalidad que pasará a la historia.
