Si te quedas con hambre alteras a todo el organismo
Muchas personas suelen estar de mal genio cuando no han comido y se vuelven difíciles de tratar.
Pero el hambre va más allá en sus efectos en el cerebro, tal como damos a conocer en una publicación de BBC Mundo en la primera página de esta sección.
Estar hambriento te puede volver impulsivo y reduce tu habilidad de tomar decisiones a largo plazo.
La actividad intelectual también sufre. Es por eso que se suele recomendar tomar un buen desayuno balanceado antes de un examen.
Otros de los órganos que participan para avisar al cerebro que hay hambre son:
El tracto gastrointestinal: las células en el estómago y en el intestino producen ghrelina, conocida como la hormona del hambre. Actúa en sentido contrario del péptido YY, enviando señales al hipotálamo para estimular el apetito.
Altos niveles de ghrelina en el tracto gastrointestinal están asociados con la obesidad. Hay estudios que señalan que el consumo de ciertos alimentos, particularmente los que catalogan como “comida emocional”” pueden subir los niveles de ghrelina en humanos sanos, generando un ciclo de mayor consumo y hambre que puede terminar en obesidad.
El páncreas: cuando se acerca tu hora usual de las comidas, tu páncreas (órgano glandular que se encuentra detrás del estómago) empieza a secretar insulina.
La insulina tiene dos funciones: ayudar a convertir el alimento en combustible para las células del cuerpo y regular los niveles de azúcar en la sangre.
La secreción de insulina antes de que nos alimentemos crea un bajón de glucosa y es por eso que, cuando tenemos hambre podemos experimentar debilidad corporal y confusión.
La sangre: los nutrientes clave en tu sangre —incluyendo glucosa, aminoácidos y ácidos grasos— están a su niveles más bajos cuando tienes hambre.
La glucosa viene de la descomposición de almidones y te da energía.
Por su parte, los amino ácidos son metabolizados de las proteínas que consumes y son cruciales en el mantenimiento y crecimiento del tejido muscular.
Finalmente, lo ácidos grasos son también esenciales, como el omega 3 que se encuentra en el pescado, y contribuyen al sistema autoinmune combatiendo alergias y enfermedades crónicas.
Pero no te vayas llenando de papas fritas cuando sientas hambre. Una dieta balanceada de almidones, proteínas y grasas es óptima para la buena salud.
El cerebro: es prudente prestarle atención cuando nuestro cuerpo nos indica que tenemos hambre.
