La ceremonia del fuego reúne a la gente en Chen Ho
Son las seis de la tarde, el sacerdote espera la hora exacta para encender el fuego nuevo que marcará el inicio del año 5133 del calendario maya en una ceremonia a la han llegado hombres y mujeres que venden artesanías, esencias, plantas de la región o comida.
El sol aún no se pone cuando personas de todas las edades que quieren recibir el Año Nuevo Maya con nuevas energías, comienzan a llegar a la zona arqueológica de Chen Ho, un sitio milenario enclavado en medio del fraccionamiento Del Parque. El aire huele a copal e incienso. Una niña pregunta por el oloroso humo que nubla el rostro cobrizo del sacerdote maya como también se le conoce al j’men. Es incienso y copal.
Son las 6:30 de la tarde y Tiburcio May Can, el sacerdote maya que luce un collar con una cornamenta de venado, ha dispuesto una pira de 52 leños de madera de tzalam, jabín y tikinché. Sus ayudantes, vestidos de blanco como él, avientan pétalos rojos, blancos, morados y amarillos por los cuatro puntos cardinales. A la pira igual le tiran miel, romero y tabaco.
El sacerdote levanta las manos al cielo, pronuncia unas palabras en maya, da vueltas a la pira al tiempo que azota la tierra con un látigo, dice cosas inentendibles, agita el incensario. El humo se expande y cubre a todos, algunos tapan su nariz y otros aspiran profundo.
El sacerdote enciende los 52 leños utilizando cuatro velas de colores. Los maderos arden, el fuego se levanta y su crepitar se mezcla con el sonido del caracol, del palo de lluvia, de los tambores de piel o de tortuga.
Unas cien personas dispuestas en círculo siguen en silencio el ritual, pero también están los que sacan fotos y vídeos, haciendo de la ceremonia un espectáculo para transmitir en vivo por Facebook u otras redes sociales. Fotógrafos de pelo largo, mezclilla, chaleco o botas rudas se las ingenian para fotografiar al j’men en pleno trance. Y también para que sus imágenes no se afecten por el sol.
Son 6:45. Una mujer le pide a un fotógrafo que no la tape. “Debería haber más orden”, masculla. Mientras tanto, el cielo se ha puesto lila. Hay un poco más de gente en el lugar, para beneplácito de un señor de la tercera edad que en un principio lamentó que no hubiera más gente que los expositores. “Hay más personas de fuera que de aquí, incluso hay de El Salvador”.
Los de El Salvador, que llegaron para participar en el torneo de pok ta pok (pelota maya) que arranca hoy, aprovechan conocer los alrededores de Chen Ho, lugar que, a pesar de la importancia que tuvo entre los años 300 y 600 de nuestra era, sólo en estos días reúne a mucha gente.
Chen Ho, cuyo nombre podría traducirse como “Pozo de Mérida”, no suele recibir visitas masivas en el año y, tal vez porque sus edificios carecen de majestuosidad, tampoco figura en los folletos turísticos que promueve la ciudad como Dzibilchaltún o la misma Chichén Itzá que está a 119 kilómetros.
Pero Tiburcio May eligió el lugar porque es sagrado y donde vivieron nuestros ancestros mayas. Eso lo explica una hora después cuando de la pira solo quedaban tizones al rojo vivo. “Pedí por bienestar, salud, amor y trabajo para todos”, dice. “Este año nos va a ir bien. Es un año que nos trae muchas lluvias, un año de limpieza, de purificación con el agua”, y luego finaliza diciendo que el que guste puede llevarse los tizones a su casa.
Las festividades por el Año Nuevo Maya continúan hoy y mañana con un torneo de pelota maya en el parque Kukulkán. En el torneo participan equipos de Yucatán, Belice, Guatemala y El Salvador. La entrada es libre. Hoy viernes es a las 4 p.m., y el sábado a partir de las 10 a.m.— Iván Canul Ek
