Imágenes de la caja conmemorativa y edición Punta de Plata (Bestiario) del escritor Juan José Arreola

Legado literario que sigue vivo

Considerado uno de los mayores exponentes de la literatura latinoamericana clásica, Juan José Arreola cumpliría 100 años de edad pasado mañana viernes, y para celebrarlo, su casa editorial, Grupo Planeta en el sello Joaquín Mortiz, publica una edición de Bestiario de Punta de Plata e ilustraciones de Héctor Xavier.

Este volumen reúne la labor de ambos artistas por primera vez en 60 años.

La obra se completa con el texto-homenaje que José Emilio Pacheco preparó para la versión definitiva del Bestiario de 1972.

A este libro se suma la reedición de una caja que lleva la firma y fotografía del autor y contiene sus cinco grandes obras: “Varia invención”, “Palindroma”, “Bestiario”, “La feria” y “Confabulario”, informan representantes de Planeta.

Juan José Arreola, aficionado al vino, el ajedrez y al ping pong, logró jugar con las palabras, el humor y hasta con él mismo para convertirse en todo un personaje, en una narrativa viviente y que permanece con más fuerza después de su partida.

Sus cuentos son el resultado de todas sus experiencias vividas como vendedor ambulante, cargador, impresor, cobrador, panadero, maestro y actor.

La fascinación de Arreola radica en la aventura en la que el lector se adentra a conocer al hombre que remienda zapatos o como el que va al cine. Quien lo lee no espera lo que sigue.

Carmina Rufrancos, directora literaria de Grupo Planeta en México, lo define como un hombre sabio “que su conocimiento lo ponía al alcance de absolutamente todo el mundo. No había que ser un iniciado, él no ponía ninguna distancia entre ese hombre genial de las letras, el lenguaje, las palabras y las historias; buscaba que siempre llegaran a la gente y ser cercano al ciudadano más común, al igual que a las personas mucho más ilustradas en el mundo de las letras. Eso es algo que a él le interesaba y le preocupaba mucho, el ser accesible para todo el mundo y no poner una distancia entre la literatura y los lectores”.

Juan José Arreola, autor emblemático de la literatura hispanoamericana, contó con una formación teatral en la Escuela de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, fue discípulo de Fernando Wagner, Xavier Villaurrutia y Rodolfo Usigli.

Impartió diversos talleres literarios que fueron decisivos para las nuevas generaciones de escritores.

Dejó en su labor literaria y periodística un valioso legado cultural que se extiende por el mundo, pues incluso Japón se ha sumado este año a los países en donde la obra de este autor fundamental de la literatura mexicana puede leerse.

La obra de Arreola se puede leer en Brasil, Bosnia-Herzegovina, China, Dinamarca, Holanda y Turquía.

A continuación ofrecemos un fragmento del libro “Punta de plata” (Bestiario), “Felinos”, de Juan José Arreola e ilustrado por Héctor Xavier (Joaquín Mortiz), 2018, cortesía otorgada bajo el permiso de Grupo Planeta México:

El que sacó de la leonera el guante de doña Juana. Don Quijote que mantiene a raya dos fieras con pura grandeza de alma, Androcles sereno y sin retórica (el león ya no se acordaba de la espina); los mártires que tuvieron que meterse literalmente en las fauces hambrientas y el Vizconde de los Asilos que estropeó un espectáculo circense al poner un sandwich en la boca del Rey de la Selva. Todos. Todos los que no se dejan impresionar por las apariencias, sin látigo y sin silla plegadiza, han hecho del oficio de domador uno de los más desprestigiados en nuestros días.

En realidad el león sobrelleva a duras penas la terrible majestad de su aspecto: el cuerpo del edificio no corresponde a la fachada y es como su alma, bastante perruno y desmedrado. Sigue siendo un carnívoro gracias a ciertos súbditos que realizan para él oficio de verdugos. El león se presenta intempestivamente en los banquetes salvajes y a base de prestancia pone en fuga a los comensales. Luego devora solitario y lleno de remordimientos los restos de una presa que nunca captura personalmente. Si de ellos dependiera, todos los leones que ambulan por la selva estarían ya enjaulados, triturando fémures y costillares de caballo tras de innecesarios barrotes. En fin de cuentas, nunca son tan felices como al verse hechos de mármol y de bronce o estampados por lo menos en los alarmantes carteles del circo.

La falta de melena hace que muchos felinos se busquen por sí mismos el sustento. De allí la innegable superioridad de tigres, panteras y leopardos que a veces logran forjarse una leyenda atacando piezas de ganado mayor y poniendo en fuga a los guardianes.

No hemos domesticado a todos los felinos exclusivamente por razones de tamaño, utilidad y costo de mantenimiento. Nos hemos conformado con el gato, que come poco y que de vez en cuando se acuerda de su origen y nos da un leve arañazo. Sólo algunos príncipes orientales pueden darse el lujo de poseer felinos en formato mayor, que ronronean como una locomotora, que son muy útiles como perros de caza, que devoran ellos solos la mitad del presupuesto palaciego y que si llegan a distraerse y arañan, son capaces de desvestir a cualquier esqueleto de toda carne superflua.

 

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