Francisco Villa sobre Siete Leguas a la entrada de Ojinaga

Los caballos, sus aliados

Entre las fotografías de Emilio Zapata y Pancho Villa que han llegado a nosotros las hay que los muestran a caballo: quietos o a galope.

Los equinos formaron parte de la vida de ambos desde la niñez hasta los años en que participaron en la Revolución, de cuyo inicio se conmemora este martes el 108o. aniversario.

Luis Orlando Briceño Alonzo, autor del libro “El caballo universal”, indica que el Caudillo del Sur se distinguió por ser un buen jinete y antes del estallido de la lucha armada desempeñó trabajos relacionados con estos animales, como integrante del Noveno Regimiento de Caballería y caballerango, primero, del jefe del Estado Mayor de Porfirio Díaz (Pablo Escandón) y, después, del hijo político del presidente (Ignacio de la Torre).

El caballo de Zapata que la Historia mejor recuerda es As de Oros, pues era el que el revolucionario montaba al momento de su asesinato, el 10 de abril de 1919 en la hacienda San Juan Chinameca, en Morelos.

Briceño Alonzo señala que el ejemplar, un alazán descendiente de caballo árabe, lo había recibido Zapata con todo y montura de madera fina poco tiempo antes, como regalo del general Jesús Guajardo, quien fingía ser su aliado y en realidad le preparaba una emboscada.

Cuando el Caudillo del Sur finalmente aceptó la invitación de Guajardo para ir a la hacienda, los soldados que presentaban armas a su entrada las descargaron dos veces contra el revolucionario, que falleció al instante, a diferencia de As de Oros, que sobrevivió al incidente.

De Pancho Villa se conocen los nombres de varios caballos, como El Dorado, El Prieto y Grano de Oro, pero el más popular es Siete Leguas. Éste inspiró el corrido compuesto por Graciela Olmos que grabaron Miguel Aceves Mejía, Pedro Infante y Antonio Aguilar.

Briceño Alonzo apunta que el equino era una yegua que recorría hasta 38 kilómetros al día y era el preferido del Centauro del Norte. “Fue un excelente caballista”, asegura el autor, que añade que Villa “vivía en el caballo”, al que se acostumbró a montar desde una temprana edad para escapar de las autoridades.

Estos animales le fueron de especial utilidad durante la batalla de Columbus, en que sus tropas atacaron esa ciudad de Nuevo México en busca de un comerciante que les había vendido municiones en mal estado. Era la primera vez que Estados Unidos era atacado en su territorio desde la guerra de independencia.— Valentina Boeta Madera

 

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