LA HABANA (EFE).— El gran maestro, bailarín, coreógrafo e investigador Ramiro Guerra, reconocido por sus aportaciones como padre de la danza contemporánea en Cuba, falleció ayer en La Habana a los 96 años.
Guerra, nacido en 1922, recibió el Premio Nacional de Danza (2000) y los de Enseñanza Artística (2006) y de Investigaciones Culturales (2009) por su trascendental trayectoria, en la que destacó como uno de los fundadores del movimiento de la danza moderna en la isla.
Fue reconocido como creador de una estética caracterizada por la fusión de técnicas y estudios, en la que están presentes tanto el ballet como los principios básicos de la danza contemporánea de Estados Unidos.
Graduado de Derecho en 1949 de la Universidad de La Habana, Guerra estudió ballet y se integró a la compañía del Ballet Ruso del Coronel De Bassil, para más tarde radicarse en Nueva York.
Allí, el artista recibió clases de Doris Humphrey y José Limón. Pero Guerra reconocía que su mayor influencia provenía de la técnica de la bailarina y coreógrafa estadounidense Martha Graham, uno de los puntales en la renovación experimentada por el lenguaje de la danza durante el siglo XX.
Ramiro Guerra fundó en 1959 el Conjunto de Danza Moderna, posteriormente denominada Danza Contemporánea de Cuba. Su legado creativo quedó también en compañías como el Conjunto Folklórico Nacional, el Ballet Nacional (BNC) y el Ballet de Camagüey, y su enseñanza en muchos otros grupos de danza y bailarines del país, resaltan medios estatales de la isla.
Pionero de los estudios de la danza en la isla caribeña, asumió y asimiló las técnicas universales de la danza moderna e incorporó el folclor y los temas cubanos en la preparación de los bailarines.
Entre sus piezas coreográficas más relevantes figura “Suite yoruba” (1960), considerada su obra cumbre; “Impromptu galante” (1970), “Mulato”, “Mambí”, “El milagro de Anaquillé”, “Auto sacramental”, “La rebambaramba”, “Orfeo antillano”, “Medea y los negreros”, “Ceremonial de la danza”, y Freda.
Sus investigaciones le llevaron a escribir textos como “Apreciación de la danza” (1968), “Teatralización de la danza y otros ensayos” (1988), “Una metodología para la enseñanza de la danza” (1989), “Calibán danzante” (1998), “Coordenadas danzarias” (2000) y “Eros baila. Danza y sexualidad” (2001).
El maestro y teórico de la danza fue distinguido con reconocimientos culturales como la medalla Alejo Carpentier, la Orden Félix Varela y el título Honoris Causa en la Universidad de las Artes de la isla.
