Famosas bandas sonoras resuenan con la Sinfónica
Como ya está en rumbo de convertirse en costumbre social y de memoria, la Orquesta Sinfónica de Yucatán consagra uno de los recitales de cada temporada a celebrar la alianza entre la música y los espejismos del cinematógrafo.
Así ocurrió anteanoche, en las instalaciones del Club Campestre. El décimo concierto de la XXXI temporada, bajo la conducción del director titular, maestro Juan Carlos Lomónaco, evidenció cuan eficaces pueden llegar a ser los complementos sonoros para el disfrute de películas tan celebradas como las seriales “Piratas del Caribe”, “Superman”, “Batman”, “Harry Potter” y “La Guerra de las Galaxias”.
La relación entre cine y música tiene una etapa de prehistoria: en las fases iniciales, cuando las imágenes silentes, entre 1895 y 1920, las salas de exhibición contaron con solitarios pianistas o formales orquestas para ambientar aquel fenómeno “de actualidad”.
Ubicado frente a la pantalla, el pianista venía a ser un espectador muy ocupado en descifrar sentidos. Conforme a su sagacidad asociativa, ejecutaba fragmentos, unía escalas y arpegios, ajustados a los voleos de cada trama. Valses tristes, trémolos opacos, mazurcas festivas o compases de enérgico vigor. Todo a contraluz de las imágenes.
Después de esos solistas, los propietarios de las salas de cine contrataron orquestas para acompañar la proyección. Hubo multiplicación de fragmentos de operetas y las infaltables oberturas. Se reforzó la intensidad auditiva con piezas “semicultas”. No faltaron jóvenes que, en vez de seguir los vericuetos de la película, preferían bailar.
En 1920 se dio un avance significativo. El director Griffith encargó una partitura ajustada cronométricamente al avance argumental de su película “Capullos rojos”. Por vez primera, música y cine firmaron una alianza que derivaría, ya en el sonoro, en una intensa colaboración creativa hasta el punto de no poderse concebir un filme sin su correlato armónico.
Compositores eminentes se han dedicado a musicalizar películas: Camille Saint Saens, Enescu, Dimitri Shostakovich, Aaron Copland (se llevó un Óscar por la música de “La heredera”, en 1949), Sergio Prokofiev escribió muchas secuencias fílmicas y hasta nuestro Silvestre Revueltas estuvo a la moda (“La noche de los mayas” para no ir muy lejos).
Célebre compositor
Frente a una pantalla de visualización gigante para hacer efectivo el fenómeno, en el reverberado espacio del norteño club, nuestra orquesta inició la velada —copiosa en testigos juveniles— agitando el amuleto siempre seguro que forman las partituras de ese ganador de Oscares que es John Williams.
Se acumularon recuerdos: los peligrosos y renacidos reptiles de “Jurassic Park” rompieron las espesas murallas de los siglos para volver inseguros nuestros días con sus fauces enormes. Lluvia de cenizas, colmillos perpetuamente hambrientos. De nuevo, Clark Kent fingió timidez antes de cruzar los pliegues de los cielos en busca de una buena obra como el único, poderoso superviviente del planetoide Klypton.
Una larga suite temática del predestinado Harry Potter, estudiante de hechicerías y emociones fuertes, intensificó la energía de imágenes clave que, a golpes de vara mágica, nos ubicaron frente a conjuros, amenazas, incidentes portentosos.
Tras el intermedio nos llegó la partitura del primer Batman, el del excéntrico Tim Burton, obra de su músico de cabecera —Danny Elfman— quien aportó los claroscuros que merecía el enmascarado que vive en medio del ajedrez que juegan el poder y la aventura. Doble personalidad, infancia lacerada, voluntad de heroísmo, disfraz nocturno. Toda la leyenda de la gótica urbe en una sola cifra musical.
A continuación nos hallamos con el respaldo sonoro de las prolongadas aventuras caribeñas de esos piratas que se esponjan de energía en los confines (entre lo ignoto y lo real) que preside el singular capitán Sparrow de trenzados cabellos, ojos semicerrados y afeminadas maneras.
El maestro Juan Carlos Lomónaco navegó con aires de henchidas velas sacando a flote los compases semiheroicos y con instantes de bufonada del compositor alemán Klaus Badelf para obtener el abordaje exitoso del numeroso público. Fantasmas del fondo del mar, pulpos gigantes, hechiceras de los confines, escapatorias climáticas se fueron subordinando entretanto, en la pantalla, la habilidad histriónica de Jhonny Deep sacaba chispas en cada escena.
Tres siglos
Nuestra orquesta pasó a ofrecernos música compuesta para la serie “Volver al futuro” diseñada por Aldo Silvestre, aunque los productores también tomasen numerosas canciones de los años cincuenta, sesenta y setenta del pasado siglo. La asociación del inquieto adolescente y el científico algo desorientado renació acústica y visualmente para gusto del público, sobre todo el poseedor de nostalgia.
Y el recital finalizó como dio inicio, con la vibrante voz de Williams con todo un as de oros, lo compuesto para el dilatado universo de “La Amenaza Fantasma”, capítulo definitorio de esa extensa saga de “La Guerra de las Galaxias” de enredados e infinitos conflictos, remotísimos planetas y personajes de la más diversa índole. Fue la apoteosis de la velada con una lluvia de aplausos que justificó el esfuerzo.— Jorge H. Álvarez Rendón
