Impronta en Yucatán
La comparsa de los negritos en el Carnaval de Halachó, la quema de la boxita el domingo de Corpus Christi en Hunucmá y la guaranducha campechana son algunas tradiciones de la Península que tendrían raíces africanas y evidenciarían la aportación del Continente Negro a la conformación de la identidad regional.
Pero los estudios que permitirían establecer con certeza ese origen se enfrentan a varios obstáculos, entre ellos la falta de interés de sociedad y academia en la afrodescendencia, admite Jorge Victoria Ojeda, doctor en Antropología y en Historia e investigador del Centro de Investigaciones Regionales “Doctor Hideyo Noguchi” de la Uady.
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“Al preguntar a alguien si desciende de negro parece que se le está ofendiendo”, indica. “Todavía existe el estigma de que ser afrodescendiente es negativo socialmente. Todo ello repercute en las investigaciones”.
Eso a pesar de que “desde el siglo XVI los africanos convivieron y se mezclaron con mayas”, recuerda el doctor Victoria, investigador de la historia de los afrodescendientes en la Península.
Aunque se presupone que en la expedición a Yucatán de Francisco Hernández de Córdoba en 1517 viajaban esclavos negros, la primera mención documentada de su presencia en las incursiones de los conquistadores en la Península data de 1519, cuando Hernán Cortés llegó a Cozumel, y en la relación de provisiones se indica que en el barco iba uno de ellos.
“Se sabe que había otros en la empresa de Hernán Cortés y los vemos reflejados en códices de los tiempos de contacto”, explica. “Los que vinieron con los conquistadores y se hacían notar en las batallas por su buen desempeño se les otorgaba la libertad u otras prebendas”.
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En Yucatán ése fue el caso de Sebastián Toral, quien “un tiempo estuvo al servicio de los gobernadores, viajó a España y la corona le encargó que trajese armas”.
“El primer matrimonio asentado entre un africano y una mujer maya es de 1567”, añade el investigador, que recuerda que a los descendientes de esas uniones se les llamaba pardos. Para el siglo XVIII “la mayoría de los afrodescendientes en Yucatán eran pardos”.
“Los negros fueron desapareciendo de los registros porque ya había mezclas (los hijos de pardos eran asentados también como pardos) y la densidad demográfica hacía que no se necesitasen (los esclavos)”.
“Cuando un negro se casaba con una mujer maya, el niño vivía en el mundo cultural maya, difícilmente el padre le podía transmitir algo o tal vez lo hacía a una primera generación, pero el nieto y el bisnieto se desarrollaban en el mundo de lo maya, por lo cual difícilmente se puede encontrar la transmisión de cultura africana”.
“En muchas ocasiones los esclavos buscaban casarse con mayas porque la esclavitud se heredaba por vientre (por la condición de la mamá) y querían que su hijo fuera libre”, afirma el investigador. “Con el transcurrir de los siglos los pardos llegaron a ser miles e incluso formaron milicias”.
En Mérida
El doctor Victoria Ojeda agrega que en sus estudios ha encontrado que durante la Colonia los afrodescendientes en Mérida vivían en las residencias donde servían y los que ya eran libres, en sus propias casas.
En un principio, apunta, ese grupo de población estuvo administrado en Catedral, que contaba con la capilla del Santo Nombre de Jesús, una devoción asociada a los afrodescendientes.
El 15 de enero de 1686 se fundó su propia iglesia, dedicada siempre al Santo Nombre de Jesús, en la calle 59 entre 62 y 64, donde en la actualidad funciona un estacionamiento. Después de la expulsión de los jesuitas de América en 1767, en Mérida se dispuso el traslado de los actos del culto de los afrodescendientes a la iglesia de Tercera Orden, en la esquina de la 59 y 60.
“Cuando se pasan al extemplo jesuita el nombre también se va”, afirma. “En la documentación se empieza a hablar de El Jesús Nuevo y El Jesús Viejo. ¿Cómo conocemos hoy día a esa iglesia? El Jesús”.
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El doctor Victoria Ojeda señala que en Yucatán ha habido dos pueblos fundados por afrodescendientes. Uno fue San Fernando Aké, cercano a Tizimín, que se estableció en enero de 1796 “con 115 negros que eran aliados de España”. En 1848, ante el estallido de la Guerra de Castas, se trasladaron a Belice.
El otro fue San Francisco de Paula, próximo a Sisal y del que aún hay vestigios. El investigador precisa que su origen data de 1830. “Algunos habitantes cuando se casaban en Sisal decían que los habían bautizado en Cuba. Este pueblo duró hasta principios del siglo XX, cuando desapareció por una epidemia de viruela”.
Justificación “científica”
Añade que con la Independencia dejaron de haber asentamientos por castas, “pero el racismo científico, desde finales del siglo XVIII y que tomó fuerza en el XIX, marcó notablemente las cuestiones de raza”.
“Es muy común oír decir que no hubo negros en Yucatán. Poca gente acepta su ascendencia africana”, indica. “Deben crearse políticas públicas que nos den a entender la importancia de la negritud en nuestra historia y la pervivencia de elementos culturales que en otras regiones ya están estudiados y aquí puede haber, pero los hemos confundido o considerado mayas”.— V.B.M.
“Es muy común oír decir que no hubo negros en Yucatán. Poca gente acepta su ascendencia africana”
