Destaca la labor de la directora de Contempodanza
“Tiene fama donde quiera, la negrita Concepción, de ser la mejor rumbera y de darle duro al son”, así dice la letra de una canción muy significativa para la maestra Cecilia Lugo, medalla del Festival Oc’ Othic 2019, y que le remonta a aquellos años en su natal Tampico, Tamaulipas, cuando a los cuatro años de edad su abuelo la llevaba a la plaza, no para jugar y correr como los demás niños, sino para bailar al ritmo de esta canción que su propio abuelo interpretaba… ¡para luego pasar el sombrero entre los presentes!.
“Mi madre se ponía furiosa con el abuelo”, ríe la maestra al recordar tan singular episodio que de alguna manera marcó el inicio de lo que habría de ser su paso por la danza; “sin duda si bien no puedo decir que fue el inicio de mi carrera, de alguna forma este hecho sí me atrajo al mundo del baile, en especial de las rumberas”, comentó.
En entrevista para el Diario, la maestra Cecilia Lugo, directora de la compañía de danza contemporánea “Contempodanza”, nos habla de su paso por la danza, las historias que le dejaron huella, sus maestros, su crecimiento profesional, los premios alcanzados en su fructífera trayectoria y su percepción de la danza contemporánea actual, la problemática que enfrenta y las satisfacciones que le produce.
“Recibir la medalla del festival de danza contemporánea Oc’Othic me causa una enorme alegría, un profundo orgullo, una gran satisfacción y me honra del todo; estoy muy emocionada porque este es uno de los festivales más esperados, añorados durante el año, es un festival que se ha consolidado como un punto de encuentro, de acercamiento y unión para todos aquellos que vivimos con intensidad la danza contemporánea; creo que es un festival que tiene una mística, un espíritu de familiaridad donde todos nos hemos echado la mano mutuamente, cuando el festival nos ha necesitado pero también cuando lo necesitados hemos sido nosotros, somos complementarios y valoro eso en su directora, la maestra Graciela Torres Polanco, que cada año hace de este evento todo un acontecimiento para la danza de México”, comentó.
Los inicios en la maestra Cecilia Lugo en la danza son verdaderamente singulares y muy poco ortodoxos, pero memorables y divertidos para ella. Más allá del episodio con su abuelo, creció viendo películas de rumberas. Su familia ha sido siempre mayoritariamente de mujeres, su padre era músico, cantante de ópera y director de coros, su madre, Carmen Cruz, hoy de 96 años de edad, costurera y artesana. Cada que se podía su madre llevaba a sus hijas al cine “Terrazas”, un cine de barrio sin techo, donde proyectaban cine de rumberas.
“Era curioso pero nos llevaban al cine a ver películas de rumberas, pero cuando la protagonista salía a bailar “con poca ropa” (escandaloso para la época) mi madre ordenaba a mis hermanas mayores “agáchense, no miren”, pero como yo era la más pequeña a mí si me dejaba ver, y cuando el número musical terminaba yo era la que le decía a mis hermanas ‘ya pueden ver’”.
“Surgió en mí el deseo de ser rumbera, creo que era algo fantástico, especial hermoso, la idea era seductora y atrayente”.
A partir de los 9 años de edad se muda junto con su familia a la Ciudad de México, para que sus hermanas mayores puedan estudiar danza folclórica en Bellas Artes. Para no quedarse sola en casa fue inscrita para estudiar danza bajo la dirección de Amalia Hernández, por 9 años. A los 17 años debutó en Bellas Artes bajo la dirección de la propia Amalia y al cumplir los 19 ingresa a la Compañía Nacional de Danza bajo la dirección de Tulio de la Rosa, la época de oro de esta compañía con la participación de Alicia Alonzo, quien la dirigió y con quien tuvo el privilegio de bailar. Cinco años estuvo con la compañía.
Tras breve estancia en Nueva York, regresó a México y en 1978, a petición del maestro Michel Descombey, director del Ballet Teatro del Espacio, se inicia en la danza contemporánea. A finales de los 70, junto con Arturo Garrido, Carla Mendoza y Andrea Gabilondo (hija de Francisco Gabilondo Soler “Cri Crí” ) fundan el Taller de danza contemporáneo “Andamio”, logrando ser finalistas del Primer Premio Nacional de Danza Contemporánea con el montaje “Y amanecerá”.
En 1986 funda “Contempodanza”, la compañía con la que actualmente trabaja forjando “buenos bailarines, pero mejores seres humanos”, destaca.
“El trabajo artístico es el soporte ético de las relaciones humanas” comentó. “Como artista soy implacable, la disciplina me llega de la escuela cubana pero soy alegre y me encanta lo que hago, he recibido varios premios nacionales e internacionales, entre ellas la medalla Bellas Artes al Mérito Artístico en 2008 o el premio nacional de danza en 1986 y el Gran Prix de Praga, por citar algunos”.
“Yucatán debe poseer uno de los mejores niveles de la danza contemporánea porque hay muchos maestros de calidad reconocida y excelentes seres humanos, es una pena que las autoridades recorten valiosos recursos destinados al arte y la cultura, porque el arte es un ejercicio social que debe existir para ser mejores como sociedad, desafortunadamente uno no puede vivir sólo como ejecutante o en una compañía, los maestros vivimos de dar clases y enseñar este arte, de otra forma no hay modo”.
La maestra Cecilia Lugo será galardonada mañana domingo en ceremonia previa a la función de clausura del Oc’ Othic, en el teatro José Peón Contreras.— Emanuel Rincón Becerra.
