Presbítero Manuel Ceballos García
Vimos surgir su estrella y venimos a adorarlo…
San Mateo no dice que fueran reyes. La señal mesiánica anunciada por Isaías es la evangelización de los pobres. En todo el Oriente se esperaba en aquellos tiempos que comenzara la “edad de oro” bajo el señorío de un monarca universal, pero en Babilonia se decía que ese monarca nacería en Occidente. Por esta razón, por el conocimiento que se tenía en Babilonia de las profecías de Israel, por el culto que se daba allí a las estrellas y por el conocimiento de la astrología, peculiaridades todas de aquel país, podemos suponer que los Magos procedían de Babilonia. Posiblemente pertenecían a una casta sacerdotal de la que hace mención el libro de Daniel.
Pero Herodes se estremece de temor ante la posibilidad de ser destronado por el recién nacido, y los habitantes de Jerusalén temen que la llegada de los Magos sea ocasión de disturbios y de represiones. En cualquier caso, lo que Mateo quiere decirnos es que Jesús fue aceptado por los extraños y rechazado por los suyos. La astucia de Herodes, que se finge interesado por adorar a Jesús, pone al descubierto una táctica bastante generalizada por los poderosos de este mundo.
La estrella indica un camino arriesgado, el camino de la fe, parecido al camino recorrido por Abraham que “partió sin saber a dónde iba” (Heb 11, 8). Así, el viaje de los Magos se convirtió en el emblema de la vida cristiana entendida como desapego, seguimiento y búsqueda. Porque, el que sigue ligado al peso de las cosas, de los egoísmos, no puede llegar a ser peregrino hacia Cristo y con Cristo.
La narración de los Magos nos recuerda que muchos se mueven y se hacen peregrinos de la verdad. En esa procesión hacia la verdad vemos hoy la gran procesión de la Iglesia ya que, el relato de san Mateo presenta a los Magos, como perfectos creyentes, “postrados en adoración”. Dios se hace encontrar por quien lo busca de sincero corazón. El itinerario no es como el de las caravanas que se pierden en el desierto, sino que conoce la meta.
San León Magno, refiriéndose a la estrella del relato de san Mateo, criticó el comportamiento de los cristianos de Roma afirmando que “antes de poner pie en la basílica de san Pedro en los días navideños, se detenían en las gradas, se volvían hacia el sol que surgía e inclinando la cabeza le rendían homenaje”. Y concluía, diciendo: “Recibe dentro de ti esa luz de Cristo que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Deja que su luz inunde tu corazón, tu conciencia y toda tu persona. Y te sentirás lleno de paz”.
