“Lectio divina” (1)
Fernando López E.(*)
Benedicto XVI nació el 16 de abril de 1927 en la casa de sus padres en Marktl, Baviera, Alemania, siendo bautizado ese mismo día.
En 1943, estando en el seminario, fue reclutado por el cuerpo antiaéreo alemán como Luftwaffenhelfer. A medida que el frente aliado se acercaba a su puesto en 1945, desertó y se reunió con su familia en Traunstein después de que su unidad dejara de existir.
Como soldado alemán fue hecho prisionero e internado en un campamento, pero fue puesto en libertad en mayo de 1945, al final de la guerra.
Cursó estudios en la Escuela Superior de Filosofía y Teología de Freising y en la Universidad de Múnich. El 29 de junio de 1951 se ordenó sacerdote, obteniendo el doctorado en Teología dos años después.
Desde 1952 fue encargado de Dogmática y Teología en Freising y, posteriormente, profesor ordinario en las famosas universidades de Tubinga y Ratisbona, donde también fue vicepresidente de esa universidad.
Al inicio del Concilio Ecuménico Vaticano II, el cardenal Frings de Colonia, que había trabado amistad con él después de haberle escuchado una conferencia en el aula magna de la Universidad de Ratisbona, lo invitó como asesor personal.
En ese entonces, los obispos alemanes que asistían al Concilio no tenían dónde alojarse y pidieron a los jóvenes estudiantes alemanes que dormían en Roma que les permitieran alojarse en la casa de Alemania. Así sucedió y los obispos y sus asesores ocuparon la casa y en las sobremesas los obispos, que hablaban de varios temas, se fijaron en el joven asesor a tal punto que cuando los organizadores del Concilio le pidieron ayuda a los alemanes, éstos les dieron al asesor del cardenal Frings.
Eso hizo que muchos documentos emanados del Concilio pasaran por sus manos, dentro de ellos la Constitución Dogmática “Dei Verbum”, que fue ignorada por todos los obispos que habían firmado llevarla al cabo.
En 1977 fue nombrado Cardenal y en 1981 fue invitado por el nuevo Papa, Juan Pablo II, a colaborar con él en el Vaticano. Respetuosamente rechazó la invitación pero no conocía bien al Papa, quien luego le envió una orden. Obedeció recitando las palabras de San Juan: “cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde tú querías; cuando seas viejo, otro te vestirá y te llevará a donde tú no quieras” (Jn 21, 18).
El nuevo estilo del Papa polaco (Juan Pablo II) le fascinaría: simpático, cordial, viajero y flexible en el trato, pero inamovible en el dogma y, sobre todo, en la más rancia moral católica. La sintonía fue mutua hasta el punto que Juan Pablo II lo nombró prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Existe abundante bibliografía escrita por él y acerca de él, dentro de ella cabe subrayar el libro “Informe sobre la fe” escrito en 1986 y publicado por la BAC, en cuya contraportada puede leerse: “Este libro que salió a la luz a la vez en muchas lenguas, dio a conocer el texto completo de un encuentro que muchos han calificado de Giro Histórico para la Iglesia. En efecto, las raíces de la crisis que desde los finales del Concilio, padece el catolicismo se exponen aquí con escandalosa claridad por quien hasta ahora es la voz más autorizada de la Iglesia Católica”.
En el capítulo cinco escribe el Cardenal: “El vinculo que unía la Biblia a la Iglesia se ha roto y esta separación tiende a vaciar a ambas desde el interior, en efecto una Iglesia sin fundamento bíblico se convierte en un producto histórico casual, en una organización como tantas otras… Igualmente la Biblia sin la Iglesia ya no es la Palabra eficaz de Dios sino una colección de libros heterogéneos, de los cuales se intenta extraer lo que se considera útil”. Estos conceptos los mantuvo desde entonces y hasta el día de hoy no se ha retractado.
Sabiendo que la Iglesia Jerárquica no cumplía con el documento conciliar, la Constitución Dogmática “Dei Verbum”, que ordenaba a la Iglesia acercar a los seglares la Palabra de Dios, siendo todavía Cardenal, obtuvo de los monasterios y conventos un método de oración conocido como Lectio Divina y lo promovió entre los seglares para que conociéramos de cerca a Jesús, el hijo de Dios.
De este método, siendo miembro de las Iglesias Europeas, decía: “Si a este método se le hace una adecuada promoción, la Iglesia tendrá una nueva primavera espiritual”. (Continúa)
Arquitecto fdolopeze@prodigy.net.mx
