La continuidad fue el primero de los grandes retos que se superaron

Con dos experiencias previas de orquestas sinfónicas que se desintegraron a seis años de haber sido creadas, los iniciadores de la OSY se preguntaban cómo infundir larga vida al proyecto musical.

La respuesta la encontraron en la conformación de un patronato, primer paso que se dio en dirección a contar con la agrupación artística.

“No fue un proyecto precipitado, se gestó en los tiempos que debían ser y eran los correctos”, asegura Miguel Escobedo Novelo, director del Fideicomiso Garante.

Entre los más grandes retos que la Orquesta ha asumido desde sus inicios, el más importante al principio era garantizar la continuidad, es decir, evitar que siguiera el destino de las sinfónicas encabezadas por Daniel Ayala Pérez (de 1944 a 1950) y Carlos Tello Solís (1975 a 1982), explica Escobedo.

“La buena noticia es que se logró. Es la primera orquesta del panorama sinfónico en la historia de Yucatán que llega a 16 años” en cuatro administraciones estatales.

A iniciativa de Adolfo Patrón Luján, en 2001 surgió el patronato, “la figura que convence al gobierno de las bondades y la importancia de la continuidad de la Orquesta”, añade Escobedo.

La Sinfónica de Yucatán nació tres años después, una vez que el patronato se afianzó, se convenció al gobierno del Estado de la necesidad del proyecto y se diseñó el esquema de financiamiento.

“Tener una orquesta es como contar con una gran biblioteca”, añade Escobedo, “es un bien que obligatoriamente el Estado debe brindar a los ciudadanos. No es opción, no es un lujo, es un derecho”.

“Si un estado se preocupa por mantener un equipo de béisbol o fútbol y se esmera en tener instalaciones deportivas de máximo nivel, también tiene la obligación de dotar a la sociedad de este gran proyecto cultural”.

Luego de que la Orquesta se echara a andar, uno de los siguientes desafíos, y por consiguiente logros, fue aumentar el número de músicos, que sumaban 40 en el concierto inaugural y ahora ascienden a 67. “Eso habla de que las gestiones del patronato ante los gobiernos han dado resultado. Hoy sí podemos presumir de que es una orquesta sinfónica en forma y asegurar que es una de las mejores del país”, afirma.

Consolidación

A la llegada en 2009 del actual director Juan Carlos Lomónaco (fue antecedido en la titularidad por Luis Felipe Molano Muñoz y José Luis Chan Sabido), había desafíos por atender al interior de la OSY y en el público. “Encontré una Orquesta con talento extraordinario, una posibilidad a futuro enorme y una sociedad muy sensible; pero había un proyecto que no estaba consolidado”, admite el director.

“Al interior de la Orquesta no estaban nombrados los puestos, había principales pero no coprincipales, había categorías que generaba un ambiente no propicio para un artista profesional… Hubo que hacer un reacomodo, crecer la Orquesta (tenía entonces 52 instrumentistas) y, sobre todo, lograr del público la confianza de que viniera a todos los conciertos”.

“Al principio nos costaba trabajo con ciertos programas, teníamos un 50% de asistencia a la sala en obras menos conocidas. Eso ya no sucede: en cualquier concierto, incluso con repertorio moderno, tenemos prácticamente llena la sala”.

Escobedo Novelo afirma que la dirección de Juan Carlos Lomónaco durante 10 años ha favorecido el crecimiento de la Sinfónica, y no solo en materia de integrantes. “Tener a un director con una formación muy sólida y una experiencia muy grande permite hacer de todo: obras corales, ballet, ópera…”.

“Cuando decimos ‘somos una gran orquesta, de las mejores del país’, no lo decimos por vanidad, sino que hemos asumido el riesgo de demostrarlo. Los viajes de estos últimos 10 años han sido los más intensos: el Cervantino, el Festival de Morelia, los 15 años los celebramos en Ciudad de México…”.

“Ir a otros escenarios a decir que musicalmente somos los mejores es una gran responsabilidad y lo hemos logrado por Juan Carlos”.

“Tenemos al mejor director de este país en la Sinfónica de Yucatán, de eso no hay duda”, enfatiza.

Sin embargo, en la OSY sigue habiendo metas por alcanzar y una de ellas es continuar con su crecimiento, éste sí de número de músicos, lo que “beneficia también al público porque podemos explorar repertorios que hoy cuestan más trabajo, pues siempre es costoso hacer ciertas obras que implican traer músicos de fuera”.

“¿En qué ya somos los primeros?”, se pregunta Juan Carlos Lomónaco: “en el patronato, que es el más importante que tiene cualquier agrupación sinfónica; en la respuesta del público y en cómo está involucrada la Orquesta en la sociedad. Incluso la Sinfónica Nacional no tiene la presencia social de la Sinfónica de Yucatán”.

Pero, precisa, “falta completar la plantilla; si tuviéramos ochenta músicos (unos ocho más en las secciones de cuerdas) podríamos decir que estamos en el primer nivel del país”.— V.B.M.

Su “hermano gemelo”

En la columna de los logros de la OSY, Miguel Escobedo Novelo coloca a la Escuela Superior de Artes de Yucatán, “hermano gemelo” de la Orquesta.

En deuda

“En Yucatán había una deuda muy grande con las personas que nacían con la vocación de ser músicos… La ESAY vino a atender ese deseo. Gracias a la Orquesta, la ESAY tiene una plantilla de profesionales que se dedica a formar músicos”.

Detonante

“Hace 16 años se cuestionó mucho por qué trajimos extranjeros, cuando en Mérida no había dónde elegir a un oboe o fagot… No había escuela. Eso ya cambió. Yucatán está en su mejor momento en cultura y la Orquesta es un detonante”.

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