Sobre estas líneas

Los instrumentistas elogian el ambientede trabajo en la OSY

Crecimiento profesional y personal, trabajo en un buen ambiente, posibilidad de desempeñarse laboralmente en la ciudad donde radica la familia y una nueva oportunidad de vida son algunos beneficios que la Orquesta Sinfónica de Yucatán reporta a sus integrantes.

Para algunos de los más jóvenes —en edad y en tiempo de pertenencia—, la agrupación ha sido también maestra, pues sus artistas los guiaron en el aprendizaje de los instrumentos.

Es el caso de Daniel Martínez, quien recuerda ser el primer alumno que en Mérida tuvo Joaquín Melo, flauta principal de la OSY. Entonces de 11 años, no sabía que poco antes de terminar la preparatoria elegiría la música como camino profesional ni que lo desempeñaría en la ciudad donde creció.

Aun siendo estudiante en la Escuela de Música Vida y Movimiento del Centro Cultural Ollin Yoliztli, en Ciudad de México, pensaba que al graduarse se dedicaría a participar en audiciones, actuar en festivales, asistir a cursos. Pero antes de finalizar la carrera supo que la Sinfónica buscaba un integrante más para su sección de flautas y regresó a Mérida para optar por la plaza.

Ahora Daniel, de 29 años, es coprincipal de su instrumento. Integrante de la OSY desde abril de 2018, dice que la agrupación le ofrece, además de experiencia y el conocimiento de un repertorio nuevo, una oportunidad de enriquecimiento artístico por medio de la presencia de directores de distintos países, lo que “nos da más herramientas para futuras presentaciones”.

“Tengo la suerte de trabajar en la ciudad donde crecí con mi familia”, señala.

El yucateco Eduardo Manrique, de 25 años y coprincipal de violines segundos, tuvo como profesores a varios músicos de la OSY, entre ellos las maestras Ileana Stefanova y Fátima Ojeda.

Como estudiante “veía muy lejano” el momento de convertirse en músico profesional, pero “se me presentaron las oportunidades” y con 17 años ganó la audición para unirse a la Sinfónica.

De pertenecer a la OSY valora “la habilidad de preparar un programa cada semana”.

“En una orquesta juvenil hay mucho tiempo para preparar un programa, aquí solo se tiene una semana y se debe hacer muy bien en poco tiempo”, añade.

Del canto al oboe

La trayectoria en la música de Mahonri Abán comenzó en el canto, cuando era niño. Muchos años después se inscribiría a clases de violín, flauta transversal y, a partir de los 19 años de edad, oboe. “La Sinfónica acababa de crearse y empezaron a abrirse espacios para aprender esos instrumentos”, recuerda Mahonri, quien se formó como oboísta con el maestro Alexander Ovcharov, principal de la OSY.

“En algún punto de mi vida dije ‘me gustaría tocar en alguna orquesta’, pero como empecé tarde pensé que a lo mejor no lo lograba. Sin embargo, mi maestro siempre estuvo detrás de mí; me decía ‘estudia, estudia…’. Cuando me invitaron a tocar por primera vez como invitado en la Sinfónica, en 2014, estaba muy nervioso porque era un programa difícil, pero mi maestro me alentó”.

“Después empecé a tocar más constantemente como invitado hasta que se abrió la plaza y me permitieron integrarme”. Esto ocurrió a finales de 2016, el mismo año en que se graduó de la ESAY, donde además de oboe estudió corno inglés y dirección de orquesta.

Para Mahonri, de 33 años y originario de Yucatán, la OSY es una oportunidad de crecimiento, de conocer un amplio repertorio, afrontar retos grandes y preparar programas rápidamente. “Yo salí de este proyecto. Nunca imaginé tocar en una orquesta porque cuando era pequeño esto no existía; te cambia completamente el panorama cuando ves que la música sí es una profesión”.

Ella Shamoyan es hija de un violista y una pianista, así que desde temprana edad recibió clases de música. Egresada del Conservatorio Estatal de Yerevan, en Armenia, supo de la existencia de la OSY desde que llegó a México en 2007, aunque el primer contacto directo solo se dio en 2016, cuando la invitaron a actuar con la Orquesta por una semana.

Al año siguiente la instrumentista, que desde 2011 integraba la Filarmónica de Querétaro, ingresó a la sección de violas de la OSY.

“Me gustó mucho el ambiente de trabajo, me pareció muy agradable, y el nivel de la Orquesta también. Todo esto me inspiró”, expresa Ella, de 35 años. En el objetivo de “compartir la música con el público, si estás bien acompañado, si la orquesta te permite hacerlo, eso es lo más importante”.

El venezolano Moisés Medina fue durante 22 años violinista de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, con la que en varias ocasiones se presentó en Ciudad de México. A la OSY la conoció hace tres años, durante una visita a Yucatán con compañeros músicos.

Cuando decidió establecer su residencia en nuestro país “me dieron la oportunidad de audicionar y, gracias a Dios y la Orquesta, me aceptaron, me recibieron como una gran familia, me dieron la oportunidad de una nueva vida”.

“Me sorprende muchísimo la calidad profesional de todos los integrantes, la disciplina a la hora del ensayo, la puntualidad. Eso contribuye al desarrollo profesional y artístico y a que el trabajo fluya fácilmente”, asegura.

“Todos son grandes maestros, uno sigue aprendiendo de todos y cada uno de ellos”.

De 38 años, el violinista añade que, “a pesar de que todos tenemos personalidades distintas, hay tolerancia, eso hace que el ambiente de trabajo sea más noble”.

“Es la virtud de la música: puedes entenderte con cualquier persona”.— V.B.M.

Etiquetas:

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán