Razonando nuestra fe
Emmanuel Sherwell Cabello(*)
Hoy puede suceder que muchos sientan desolación, que el corazón se deprima, que no vean claro el futuro, que interiormente no la están pasando bien, y que estén afrontando grandes desafíos.
Me solidarizo y en cada una de mis oraciones pido con sincero afecto por todos ustedes.
Hoy nuestro espíritu humano tiene que seguirse sosteniendo y abriendo a la esperanza de Cristo. Solo en Él se concentran todas las promesas divinas y todas la esperanzas del hombre. Jesús nos ha dicho: “Yo soy la Luz del mundo”. Una Luz que pertenece a todos nosotros, a todas las épocas, a todos los lugares, a todos los pueblos.
En un periodo crucial de la vida del cardenal John Henry Newman, donde la incertidumbre se cernía sobre él, escribió en el verano de 1833 su poema más famoso —Lead, Kindly Light (“Guíame, Luz Amable”)—, en que reclamaba la ayuda de esa Luz a la que nunca había renunciado.
A través de las tinieblas que me rodean
condúceme tú, siempre más adelante.
La noche es oscura
y estoy lejos del hogar:
condúceme tú, siempre más adelante.
Guía mis pasos: un solo paso cada vez
es bastante para mí.
Deseaba escoger y ver mi camino,
pero ahora, condúceme tú,
siempre más adelante.
Qué mejor que expresar en este momento, rezando con las mismas palabras que el cardenal Newman escribía, para recordar como él, que “Cristo es la Luz en medio de cualquier tipo de oscuridad”.
Seminarista católico
“Hoy nuestro espíritu humano tiene que seguirse sosteniendo y abriendo a la esperanza de Cristo”
