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Hablemos de Bioética

Deontología médica es la denominación más frecuente, desde el siglo pasado, para designar la ética o moral profesional del médico. Etimológicamente (derivada del griego: deónlógos) podemos definirla como “la ciencia de lo que debe hacer el médico”. Por tanto, la Deontología nos conduce a una reflexión crítica sobre las costumbres vigentes en medicina además de estar —muchas de ellas— sancionadas por la ley; investiga si el ejercicio de la profesión de los médicos protege y realiza la auténtica vida del hombre en sí y en su relación interpersonal y social. Desde luego, la temática principal de la deontología médica se ha referido siempre a los temas de bioética.

Toda organización dedicada al cuidado de la vida y la salud humana debe estar orientada hacia el respeto de la persona, cuyos valores sobrepasan todo otro aspecto de la realidad. El hombre es sujeto y no objeto de la ciencia y de la tecnología.

“Toda manifestación científica o tecnológica que agraviase negativamente este ‘específicamente humano’, estaría en una posición absurda. De hecho, toda expresión de la ciencia tiene como su propia razón de ser el perfeccionamiento del hombre. La ciencia, de hecho, no es el valor más alto al cual todos los otros deben estar subordinados. El más alto valor es el derecho personal del individuo a la vida física y espiritual, a su integridad psíquica y funcional”.

Un profesional cuenta con preparación científica, técnica y ética o moral. Pero la profesionalidad del médico tiene algo más de especial, ya que su labor se dirige al hombre y sus bienes más preciosos: la vida, la integridad, la dignidad y la salud.

La ética como ciencia filosófica da elementos para juzgar y decidir rectamente. La moral cristiana también aporta valiosos criterios y argumentos para promover la vida e integridad de la persona. “Es necesario empeñarse en una ‘responsabilización’ de la medicina que, conduciendo nuevamente a una consideración más unitaria del enfermo, favorezca la instauración con él de una relación más humanizada. La relación enfermo-médico se debe basar en un diálogo hecho de escucha, de respeto, de intereses; debe convertirse en un auténtico encuentro entre dos hombres libres o, como se ha dicho, entre una confianza y una conciencia”.

Quien elige la actividad socio sanitaria debe reencontrar las propias motivaciones para que sustancialmente coincidan con la finalidad ético-social de esta profesión, que requiere particulares dotes de altruismo, de dedicación y de sensibilidad humana.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, profesor de Bioética en el Seminario Conciliar

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