Aunque enfatizan que nada reemplaza la sensación de estar en un foro, artistas escénicos de Yucatán descubren beneficios en el teatro virtual
Al final de la función del sábado 1 de agosto, Héctor Bonilla le dijo al público que lo vio interpretar por Zoom el monólogo “Sobre el daño que causa el tabaco”: “Esto no es teatro”.
Así respondía a la inquietud de una espectadora que, en la interacción que habitualmente sigue a la representación de la obra de Chéjov, le preguntó cómo se sentía —él, un artista de 81 años curtido en las tablas— actuando en una plataforma digital.
No había, sin embargo, amargura en las palabras de Bonilla. Como él mismo confesó, tiene otras propuestas escénicas para desarrollar en línea. Incluso, la transmisión de esa noche hizo posible el saludo virtual del intérprete con el cinefotógrafo Tony Kuhn —aquél en Ciudad de México, éste en Tepoztlán, Morelos—, después de 50 años de su último encuentro, según se reveló en el intercambio.
Artistas escénicos de Yucatán saben de lo que habla Bonilla. Las representaciones virtuales están cubriendo la necesidad de intérpretes y espectadores de hacer y ver obras, y unos y otros les descubren ventajas que las harían sobrevivir a la reapertura de los foros. Pero ya lo dice Érik Ávila, “Cuxum”: “El teatro tiene una magia…”.
Ana Várguez, Juan Ramón Góngora y “Cuxum” tenían en agenda funciones que la pandemia obligó a cancelar. Ahora trabajan en proyectos en línea.
En El Globo, Arte y Cultura, que dirige Ana, la primera acción de teatro virtual fue la lectura dramatizada de la obra ganadora del Concurso de Dramaturgia Express 2019, a la que la crisis sanitaria impidió su representación en escenario.
“Después vino una pausa en la que dijimos: ¿Y ahora qué hacemos?”, recuerda Ana. La respuesta la idearon a partir del intercambio de experiencias con otros colegas: “El tecnovivio es lo que está sucediendo”.
“Empezamos a trabajar lecturas para irnos activando y aclimatando a este nuevo dispositivo de teatro”, señala. Anteayer, El Globo realizó la de “Un Dios salvaje”, de Yasmina Reza, que transmitió por sus perfiles de YouTube y Facebook.
Ahora el grupo también prepara su primera obra creada para el formato digital, “Busco trabajo”, que se verá por Zoom el próximo viernes 14, a las 8 de la noche. Los boletos, a $50, se adquieren en Boletópolis.
Se trata de una comedia en la que una joven busca empleo, pero para conseguirlo debe esperar a que el semáforo epidemiológico esté en verde.
“Es un reto encontrar el lenguaje, porque la competencia es mucha. Hay que establecer que esto no es cine, sino una obra de teatro que se encuadra en un personaje”, subraya Ana.
Experiencia
El actor, director y productor Juan Ramón Góngora ya utilizaba las plataformas digitales (tiene un canal en YouTube) para compartir su trabajo antes de que la contingencia las convirtiera en el único escenario posible por ahora. Pero los vídeos de dos de sus producciones recibieron otro impulso con su inclusión en los programas de difusión cultural que el Ayuntamiento de Mérida adoptó al iniciarse el confinamiento. “Se notó la avidez del público de entretenerse por medio de las transmisiones en línea”, indica.
La experiencia de “Discordia y cuestión de amor” y “De Mérida los guapos” en los programas municipales en línea la califica de “maravillosa, porque nos ha visto gente de todo el país”.
“Eso habla de que hay un deseo tanto de los artistas por promover su trabajo como del público por consumirlo, pero también de que es una posibilidad para cobrar por las transmisiones de internet y que el flujo económico para las artes no se detenga, que es el gran problema a atacar”, afirma.
Último recurso
Érik Ávila confiesa que “me negaba a hacer teatro por internet, era mi último recurso”, pero ante la acumulación de gastos de renta y mantenimiento del teatro “Yucatán”, sede de su compañía y que sigue cerrado al público, “no me quedó otra opción…”.
El resultado no fue el que esperaba. Fue mejor. “La verdad, en la primera función (‘Amlonde vamos a parar con la pandemia’, el viernes 31 de julio) respondió la gente muy bien. Nos habíamos puesto como meta una capacidad (de dispositivos conectados) y la rebasamos. Como todo, tiene sus pros y sus contras: puede fallar el internet en casa y eso complica todo; sin embargo, la experiencia fue muy buena, la gente estuvo muy contenta con la obra”.
Que “el teatro le llega hasta casita” es uno de los beneficios para el público que Érik encuentra en las presentaciones en línea, que también permiten a los artistas generar ingresos mientras los foros están cerrados y ver obras a familias a las que ir al completo al teatro es prohibitivo. “En una ida al teatro una familia se gasta hasta 600, 800 pesos y hay gente que no tiene posibilidad de hacerlo”, explica. En el medio virtual se ofrece acceso por dispositivo y así “más gente lo puede ver en su casa; es una manera de llegar a familias numerosas que no tienen para ir al teatro”.
El alcance del teatro en línea es la cualidad que Érik piensa que hará sobrevivir a esa modalidad después de que los foros reciban otra vez espectadores. “Hay gente enferma, en sillas de ruedas o en un hospital que quiere ir al teatro y no puede, pero sí lo puede ver en un celular, en una computadora.., sería una manera de llevar el teatro hacia ella”.
Se echa en falta
Juan Ramón Góngora y Ana Várguez concuerdan con él. “Se extraña el contacto, estar con los compañeros de manera física, pero también es una oportunidad de llegar a más gente”, afirma la directora de El Globo, Arte y Cultura. “Si pongo mi obra en Mérida, tengo solo dos funciones y es teatro de pequeño formato quizá la vean 100 personas; pero con una buena publicidad puedo llegar (en línea) a más gente”.
Ana cree que se podrían hacer funciones especiales en internet para espectadores en el extranjero, al igual que conversatorios virtuales para conocer las impresiones del público sobre una obra a la que haya asistido. “No cortar lo que ya se ganó, esta globalización con redes digitales tendría que fortalecer el trabajo de los grupos y lograr que se visibilicen más allá de su territorio”.
“Va a llevar tiempo que el público se acostumbre a ver teatro desde casa. Todo es prueba y error. Hay que contagiar al público de lo que está sucediendo, aprender a utilizar el dispositivo, sacarle provecho a la herramienta”, añade. “El teatro ha cambiado a lo largo de los siglos y éste es un cambio más que no veíamos venir. Nos toca adoptar y adaptar la tecnología de la mejor manera posible”.
Capacidad de difusión
“La capacidad de difusión es innegable” en las plataformas digitales, reconoce Juan Ramón. “Gracias a la transmisión en internet el teatro encuentra público como nunca antes había soñado tener. Este fenómeno está logrando que todo el mundo tenga acceso a las versiones ‘videadas’ del teatro”.
Otra de las grandes ventajas que le encuentra es que da la posibilidad de acceder a las puestas en escena a la hora que se quiera y desde cualquier parte del mundo, “y está abaratando muchísimo los costos”.
Por esa razón considera que las transmisiones en línea continuarán cuando se haya superado la crisis sanitaria, “nos estamos dando cuenta que pueden generar ingresos y nos podemos proyectar a públicos insospechados, todo el planeta nos puede conocer gracias a esto”.
Sin embargo, una puesta en escena que funciona muy bien en foro no tiene garantizado el éxito en línea. “Depende del estilo del espectáculo”, apunta Juan Ramón. “Un espectáculo donde la energía corporal o el diseño de la producción vengan en primer término no se va a apreciar tan bien como en un escenario; el ojo del vídeo te obliga a ver lo que quiere y se pierde la parte sensorial del espectáculo”.
Para Ana, los colectivos artísticos no deben renunciar a su vocación, pero sí tomar en cuenta la necesidad actual de distracción de la audiencia. “El éxito depende mucho de cómo des a conocer el producto en tus redes, la difusión nunca será suficiente, más ahora que los contenidos son muchísimos. El éxito va a tener que ver con el esfuerzo que pongamos a cada producto”.
Érik Ávila comprende que en el teatro virtual hay que “redoblar esfuerzos” y prestar aun más atención a la producción “para que la gente diga que valió la pena el boleto que pagó para ver la obra en internet”.
“Y también hacer que (el teatro) se extrañe más. Hacerlo sentir lo más parecido”.
El Globo, Arte y Cultura
El próximo viernes 14 presentará “Busco trabajo”, a las 8 p.m. Boletos a $50 en Boletópolis.
Juan Ramón Góngora
En septiembre comenzará a compartir lecturas dramatizadas del ciclo “Con sangre de teatro yucateco” en su canal de YouTube: Juan Ramón Góngora Alfaro. En las redes sociales del Ayuntamiento de Mérida se pueden ver “De Mérida los guapos” y “Discordia y cuestión de amor”.
Érik Ávila, “Cuxum”
Como parte de la Temporada Olimpo Cultura del Ayuntamiento tendrá dos presentaciones más este mes a las 8 p.m.: hoy, el estreno de “El soskil de la justicia” ($75), y el sábado 15, “Hay viene el tucho” ($120). Boletos disponibles en Tusboletos.mx. Además, el sábado 28 repondrá “Amlonde vamos a parar con la pandemia”, a las 8:30 p.m. Acceso de $75 en preventa y $90 el día del evento, en Tuticket.mx
El tiempo, otro factor
La transmisión en vivo, con ventajas e inconvenientes
El confinamiento desafía el paradigma de que el teatro solo puede verse sentado en un foro. Sin embargo, entre los artistas que incursionan en las funciones en línea hay quienes insisten en hacerlas visibles solo cuando las transmiten en vivo.
“Cuando se fija una hora específica para una transmisión se está jugando a reproducir el hecho en vivo irrepetible”, explica Juan Ramón Góngora. “La experiencia es muy emocionante porque sientes la añoranza de estar en el teatro en tiempo real y hay el registro de que mucha gente junto contigo está viendo al mismo momento el espectáculo”.
Pero optar por funciones en vivo limita el tamaño de la audiencia, advierte. “Mucha gente no ve teatro porque no tiene tiempo; si ponemos un margen de visualización sería mejor”, dice.
“Uno de los problemas que tenemos como creadores es que no todos contamos con el equipo técnico para sostener transmisiones en vivo”, continúa. “Es más fácil tener el espectáculo previamente registrado en vídeo, con todo controlado para que no falle ni iluminación ni sonido, que es lo más difícil de registrar en un espectáculo en vivo; entonces ya podemos ofrecerlo con un margen de tiempo para que el público que compre su boleto electrónico tenga una semana, tres días para disfrutarlo”.
“La transmisión en vivo genera un riesgo más alto y una inversión tecnológica más compleja; eso hace más emocionante todo, pero también más caro”, agrega.
Visión
Para Ana Várguez, la decisión de ofrecer solo representaciones en vivo o con un margen de tiempo de visualización depende de la visión de cada colectivo, de “hacia dónde quiere llegar en este momento de contingencia”.
Destaca el valor de la función en tiempo real, de “dedicarle (el público) un tiempo específico al momento del tecnovivio”. Al artista esa circunstancia le hace “estar conectado contigo y leer, si no los aplausos, el chat con las manos que están aplaudiendo”.
Érik Ávila, “Cuxum”, tiene al respecto una opinión empresarial: contar con una plataforma de renta fija para ver obras a la carta, al estilo de Netflix, “sería esparcir la utilidad que pudiera haber en una sola función”.
“Conviene más que la gente se concentre en un día y hora, como si fuera una función en el teatro, que dejar la alternativa abierta”. — Valentina Boeta Madera
