María Luisa Rubio Barthell de Ayuso
Antes de subir al cielo, Jesús anunció que vendría pronto a establecer su reino. Y aunque nadie conoce el día y la hora exacta, Él fue muy severo al hablar de la interpretación de los signos de los tiempos: “Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede. Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente?” (Lc. 12, 54-56). Y dice un comentarista: Simplemente porque no querían ver. Y si continuáramos esta lectura, Jesús nos pide “arreglar nuestras cosas mientras hay tiempo”.
Hoy también parece haber mucha gente que o no se ha dado cuenta o no quiere ver que estamos viviendo los últimos tiempos anunciados en las Sagradas Escrituras, tiempo que no se refiere a ningún fin del mundo sino a una renovación de este mundo al que se refiere la Primera Carta de San Juan: “Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno” (1a., Jn. 5, 18-19), para volverlo al plan original de Dios en el que prevalecerá el espíritu sobre la materia y en el que Cristo establecerá su Reino de Paz, de Amor y de Justicia, en cada corazón, en cada familia, en cada nación y en el mundo entero.
Hay muchos signos de que se apresura este gran cambio. El error y la mentira se han generalizado; la apostasía y la propagación de la maldad a niveles a veces inimaginables, son un signo. Además de los avisos en las Sagradas Escrituras, a partir de 1830 en la Rue de Bac en París, inició lo que se ha llamado “La era mariana”, que se refiere a las numerosas apariciones de la Santísima Virgen que han tenido lugar en este período, que son anuncios que confirman que estamos en los “Últimos tiempos que presagian la segunda venida de Cristo”, como dijo el mismo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “De Polonia saldrá la chispa que preparará al mundo para mi última venida” (Diario, 1732).
Hace poco más de 100 años en Fátima la Virgen dijo: “Es necesario que se enmienden, que pidan perdón por sus pecados… ¡No ofendan más a nuestro Señor que ya está muy ofendido!” (13 de octubre de 1917) lamentablemente las ofensas a Dios no solo no se detuvieron, sino que aumentaron en forma exponencial. Y así, el 13 de mayo de 2010 en Fátima, el papa Benedicto XVI dijo: El hombre ha sido capaz de desencadenar una corriente de muerte y de terror, que no logra interrumpirla… Y agregó, “que estos siete años que nos separan del centenario de las apariciones (de Fátima), impulsen el anunciado triunfo de su Corazón Inmaculado”.
Al abrirle puertas al enemigo, el hombre le ha dado poder al demonio para atacar desde dentro de nuestros corazones, de nuestras familias, de nuestras naciones y aún dentro de la iglesia; y sabiendo que le queda poco tiempo, ahora arremete con toda su furia contra Cristo y sus seguidores.
Las profecías de Fátima y las descritas en las Sagradas Escrituras una a una, se están haciendo realidad y por momentos asusta escucharlo. Pero sabemos que tenemos un padre que nos ama y que ese padre-Dios tiene en sus manos las riendas de la historia y después de permitirnos transitar por una purificación dolorosa porque es consecuencia de nuestros pecados, purificación que ya está en proceso, al fin nos conducirá al gran triunfo de Cristo por medio del corazón inmaculado María; triunfo al que se refería el papa Benedicto como dijimos antes y que traerá el establecimiento del reinado de Cristo en la tierra, la nueva Jerusalén, los cielos nuevos y la tierra nueva, que serán una realidad inimaginable de felicidad y de bondad.
En ese gran triunfo, Dios ha querido que México tenga un papel primordial: por eso aquí se dio el gran signo anunciado en el Libro de la Revelación o Apocalipsis, que se refiere a la gran victoria de Cristo y de María.
La Virgen de Guadalupe coincide con la mujer descrita en el capítulo 12 del Apocalipsis: “Y una gran señal apareció en el cielo, una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de 12 estrellas sobre su cabeza. Está encinta y clama con dolores de parto porque le ha llegado la hora de dar a luz (Ap. 12, 1-2 ) Ella sufre porque está a punto de dar a luz a una nueva humanidad, ella es el comienzo de una nueva creación como dice el padre Virgil Elizondo.
México es tierra bendita, es el lugar que Dios eligió para establecer el hogar de su Madre Santísima. El gran John Rick Miller (q.e.p.d.) decía: “Al pueblo mexicano Dios le regaló una fe muy grande, pero el enemigo los ha adormecido y han olvidado quienes son y lo importante de su misión para el mundo entero. México, su fe y su gente, es un don para el mundo; nadie más tiene la presencia viva de la Madre de Dios en su país. Los mexicanos son privilegiados porque por sus venas corre la fe católica porque esta nación la fundó la Madre de Dios. Por eso el demonio tiene mucho miedo de que México despierte porque sabe que si despierta, lo expulsará de su nación y desde México, bajo el mando de su capitana, lo expulsará del mundo entero”.
Por eso este ataque feroz que estamos viviendo en todos los flancos. Pero si México despierta, pide perdón por sus pecados y se vuelve a Dios, de aquí saldrá la más grande luz para el mundo entero y México cumplirá la misión para la que fue fundado.
Ella está viva, su inmaculado corazón está latiendo en su casita del Tepeyac y desde hace tiempo está invitándonos a enlistarnos en un escuadrón de sus valientes soldados listos para enfrentar la guerra espiritual que estamos viviendo y que cada día se intensifica a nivel personal, familiar, nacional y mundial. Soldados con una fe firme, con el rosario en la mano como arma principal, adoradores de la Sagrada Eucaristía y con una vida constante de penitencia y oración.
Se acercan tiempos en los que tendremos que tomar decisiones difíciles y por eso es importante estar lo mejor preparados posible. La santísima Virgen le dijo al padre Esteban Gobbi del Movimiento Sacerdotal Mariano: “Así como en tiempos de Noé hubo un arca y los que allí subieron, se salvaron de la catástrofe; así para estos tiempos, el arca de salvación que Dios les ofrece es mi corazón inmaculado”. Y la manera de entrar en ese arca es la consagración o sea la entrega de todo cuanto somos y tenemos a Jesús por medio del Corazón Inmaculado de María.
Mañana se invita a todos los mexicanos y a todas las personas de buena voluntad a consagrarse al corazón inmaculado de María. ¡Decídete!, ¡házlo! y ¡enlístate! Muy pronto bendecirás haber tomado esta decisión. La victoria está asegurada. ¡Santa María de Guadalupe, esperanza nuestra, te amamos!
