Llega a las salas premiada cinta de Astrid Rondero
“Los días más oscuros de nosotras” es de esas películas que quedan adheridas a la memoria después de verlas.
Tal vez sea por la atracción de lo incierto, de asumir que Ana (Sophie Alexander-Katz) y Silvia (Florencia Ríos), las protagonistas, conocen el trasfondo de sus acciones y al espectador solo le corresponde aceptarlas.
Quizá sea el poder narrativo de los silencios con que Astrid Rondero, directora y guionista, construye el relato, y la fuerza dramática de los gestos con que las actrices llenan esos momentos.
Acaso es por ver a una mujer que vive para contar su recorrido en un entorno de hombres.
Porque Ana es, como arquitecta directora de proyecto, la única mujer entre el personal de construcción de un gran edificio en Tijuana, ciudad que inspiró a Astrid a componer la historia. “Esa potencia que tiene Tijuana para decir cosas de lo femenino, nuestra posición de mujeres en el mundo, los retos que tenemos todavía que tomar… ésa fue la energía principal que me llevó a escribir”, revela al Diario.
El guión del filme, que produjo Fernanda Valadez, comenzó a redactarlo en 2012. Cinco años después se estrenó la cinta, que solo ahora (el jueves 21) llegará a salas de exhibición comerciales.
El camino que ha seguido la película hasta los cines ha sido largo, “pero en cada una de sus etapas siempre alguien se sumó para fortalecerla”, recuerda la directora. También se le ha reconocido en festivales: Los Cabos, San Antonio, Monterrey. Además, en 2019 Sophie Alexander fue postulada al Ariel a mejor actriz por su interpretación de Ana, un personaje que dice mucho cuando calla.
Ésa, señala Astrid, “es de las grandes herramientas del cine: la posibilidad de romper un instante y prolongarlo, la capacidad de desmontar los tiempos, fragmentarlos, ver el mundo en otro ritmo, y esta película pedía ese ritmo en algunos momentos, permitirnos conocer al personaje de Ana aparentemente tan sombrío y al de Silvia, que vive una violencia muy sensible, de muchas mujeres jóvenes particularmente en lugares como la frontera”.
Florencia Ríos se declara “fan de encontrar la comunicación en esos momentos; el silencio es una medicina importante, no nada más para el cine sino también dentro de la cotidianidad”.
“Encontrarme dentro de ese silencio con otro personaje se me hace muy valioso. Mucha gente le tiene miedo, y en la vida también, a simplemente estar”.
“Tremendos”
Para Sophie, “los silencios son lugares tremendos; cuando la cinematografía regala momentos de aparente inmovilidad en realidad todo sucede”.
“Lograr un momento así en el horizonte de la ficción es de las cosas que, actoralmente, más cuestan trabajo, porque si sobrevives a él quiere decir que tienes al personaje. Y no solo lo tienes, sino que ya habitas en el mundo de la película y convives con las emociones que está generando el actor o la actriz que tienes enfrente”.
A diferencia de los instantes callados, las explicaciones no abundan. Hay conflictos que se intuyen, pero sus detalles no se expresan con palabras, lo que va dejando en la narración un rastro de pequeños misterios. Astrid lo explica:
“La intención era que experimentáramos a partir de los ojos del personaje y éste tiene información parcial, particularmente con respecto al evento de su infancia. La herida de la infancia provoca que el personaje tenga esas características”.
Durante el rodaje, Florencia se concentró en las circunstancias de su personaje. Cuando vio la película terminada “fue un shock, porque no tenía ese otro lado (la historia personal de Ana); dije: ¿qué hubiera pasado si (como Silvia) me hubiera enterado de todo esto?, ¿qué hubiera pasado si esto se hablaba, se decía, si hubiera estos reconocimientos?”.
Sophie destaca la ventana emocional que se abre en Ana con la presencia de una perrita callejera, “una ventana muy íntima que solo se desvela a través del contacto” con el animalito.
Debido a que la cinta quedó lista años atrás, la pandemia no afectó su realización; incluso, “tuvo una corrida muy linda en festivales, premios internacionales, además de nominaciones al Ariel”, apunta Fernanda Valadez, directora de “Sin señas particulares”, premiada el lunes 11 con el Gotham a la mejor película internacional.
Pero la crisis sanitaria sí ha impactado su distribución. “Nos dieron pantallas de Cinepólis y en muchos cines independientes”, explica Fernanda. “A pesar de las circunstancias complicadas, estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo para llevarla a las audiencias, además de buscar una estrategia para tenerla en plataformas para aquellas personas que no pueden asistir”.
Tiempo de exhibición
Astrid espera que los plazos de exhibición ganados por los filmes mexicanos en las salas durante la pandemia —más extensos que de costumbre, en parte por la cancelación de lanzamientos de Hollywood— se mantengan cuando se haya superado la contingencia.
“También es una cuestión de formación de públicos”, considera. “Si este período permite que el público joven encuentre y reconozca las grandísimas películas que tiene nuestro cine, a lo mejor eso hace que, cuando se regrese a la normalidad, las primeras semanas de exhibición de cine mexicano sean buenas y se incentive a las cadenas grandes a mantener una competencia más leal entre el cine norteamericano y el nuestro”.
“En los últimos 20 años el cine mexicano ha crecido de manera exponencial”, subraya Fernanda. “Cuando Astrid y yo entramos a la escuela de cine el panorama era muy adverso: cuatro, cinco, diez películas por año… El año pasado y el antepasado fueron un récord: más de 200 películas filmadas, cada vez de mayor calidad”.
Ahora, agrega, “estamos buscando encontrarnos con nuestro público porque estamos hablando de nosotros, nuestras historias, rostros, preocupaciones…”.— Valentina Boeta Madera
Película Datos
“Los días más oscuros de nosotras” dura 100 minutos y fue producida por Enaguas Cine, Foprocine y Corpulenta.
Talento
La fotografía es de Ximena Amann; la edición, de Susan Korda, Astrid Rondero y Pierre Saint-Martin; el diseño sonoro, de Omar Juárez y Encore Sound, y la música original, de Lambert.
Sinopsis
El recuerdo que Ana tiene del día en que su hermana murió es una imagen fragmentada y nebulosa que la ha perseguido desde su infancia. Ahora Ana vuelve a Tijuana, su ciudad natal, donde debe enfrentar el dolor y la oscuridad de su memoria.
