Ofrecemos el mensaje que leerá el padre Felipe de Jesús Martínez, MG, este jueves en la misa de cenizas del padre Arturo Arreguín González, misionero de Guadalupe que laboró varios años en los estados del Sureste, en el Seminario Mayor de Ciudad de México.
Estimados Padres, seminaristas, seglares, amigas y amigos de los misioneros de Guadalupe; muy buenas tardes.
El domingo 10 de enero, a las 07.15 a.m. el Padre Arturo Arreguín González, terminó su misión en este mundo y fue llamado al cielo estando en su cuarto no. 3 de la casa San José de los misioneros de Guadalupe en el municipio de Tlaquepaque, Jalisco.
El pasado jueves 14 se celebró su primera misa de exequias en dicha casa de San José.
El jueves 21 estuvieron algunos padres con su familia y conocidos en Tarimoro, Gto. Y hoy jueves 28 estamos celebrando su tercera misa antes de depositar sus cenizas en la urna correspondiente de los misioneros de Guadalupe que ya cumplieron con su misión en este mundo.
Jesús, al final del evangelio de San Marcos, antes de partir al cielo, envía a sus discípulos a predicar el evangelio por todo el mundo… vayan y prediquen por todo el mundo; la misión es ir hasta los últimos rincones de la tierra, llevando el Reino de Jesús, reino de justicia, de amor y de paz; cambiando los corazones, predicando un cambio de vida “conviértanse y arrepiéntanse”, “Polvo eres y en polvo te convertirás”.
El P. Arturo, hijo de Don Crisólogo y Doña Carmen, sintió el llamado de Dios y cursó al final de los años 50’s y 60’s, sus años de humanidades y filosofía en el Seminario Palafoxiano de Puebla; de donde pasó al seminario de Misiones Extranjeras a terminar su formación y estudios de teología en el Colegio Máximo de Cristo Rey de los Jesuitas en la Ciudad de México, y así posteriormente se ordenó sacerdote y fue enviado a colaborar como formador en el seminario menor en Tlalpan.
Después de un año el P. Esteban Martínez de la Cerna, superior general de aquel tiempo lo envió al valle del mezquital para abrir junto con otros 2 compañeros la parroquia de San Nicolás de Tolentino, en Ixmiquilpan Hgo. Que tenía como objetivo aprovechar esa zona indígena para entrenar a los seminaristas que cursaban el año de espiritualidad y pastoral.
En esta parroquia de San Nicolás, el p. Arturo comenzó con su trabajo como misionero de Guadalupe. 3 años en el valle del mezquital fueron suficientes para que el P. Arturo dejara huellas evidentes y precisas por esos lugares.
Cuentan entre sus muchas anécdotas que al llegar tuvo un encuentro con uno de los caciques de San Nicolás y el señor le dijo “siéntese padrecito… ¿con que usted es el primer padrecito que se atrevió a venir a este pueblo?… sacó su pistola del cinto, la colocó en la mesita y continuó diciéndole… así es que usted dirá padrecito como nos iremos entendiendo…” y al terminar de decir esto el P. Arturo sacó también la suya, la puso en la mesa y le dijo: “pues como usted diga don Silvino…”. A lo que le contestó… no pues sí… ya veo que comenzamos a entendernos…
A los pocos meses de este encuentro, don Silvano envió algunos de sus secuaces a buscarlo a la casa de doña Rita donde vivían los padres al llegar a San Nicolás… y ahí hubo una balacera, donde afortunadamente no hubo bajas, pero sí les probó el P. Arturo a los interesados que él estaba hablando en serio…
El sombrero, la pistola y el caballo eran parte de su identidad y comenzó a ser conocido como “el padre Charro”.
En Kenia quisieron robarlo en la parroquia de Mulot y cuando entraron los rateros a la casa en la oscuridad se peleó con ellos y ahí sí le hicieron algunas cortadas con los cuchillos que llevaban.
Ciertamente Él era una persona bragada, de armas tomar… pero muy noble y siempre dispuesto a ayudar a sus semejantes.
La característica más sobresaliente en su ideología misionera era: la evangelización y la promoción Humana al mismo tiempo.
Era bueno para planear sus liturgias y al salir de la iglesia dedicaba su tiempo en proyectos de auto sustentabilidad comunitaria para ayudar a las parroquias donde trabajó y se fijaba detenidamente que cubrieran los tres aspectos básicos de las necesidades de la persona humana: la mente, el cuerpo y el espíritu.
Para la mente estaba convencido de promover escuelas, centros de educación; y así lo demostró creando el centro de formación de catequistas en Mulot. La escuela primaria en Kibera; el dispensario de Mulot, la panadería, la cría de puercos, el proyecto de chivos de raza, su tractor, su molino de viento; las tierras diferentes en las que sembraba, las diferentes construcciones de casa e iglesias en el valle del Mezquital, en Buyangu, en Mulot y en Kibera.
Era creativo, negociante y pensador…
Le tocó hablar diferentes lenguas: lurogoli-kipsigis, swahili e inglés. Las hablaba y entendía todas… martajadas… a su manera, pero su problema nunca fue la comunicación, se daba a entender con los ricos y con los pobres, con la gente sencilla y también con los intelectuales… era un sacerdote de muchos recursos. Dios lo dotó con muchos carismas.
También en una dimensión de fe y reconociendo nuestra fragilidades humanas vamos a pedir en esta eucaristía que Dios en su infinita misericordia le perdone los errores que pudiera haber cometido y que también a nosotros nos ayude a prepararnos para cuando llegue ese momento de nuestro encuentro con el creador.
Quiero terminar este panegírico contándoles una anécdota que él y yo compartimos. Un día decidimos salir juntos a buscar leones. La entrada del parque Masai Mara estaba cerca. Este parque es uno de los parques de animales salvajes más grandes del mundo y quedaba a menos de una hora de la parroquia de Mulot en donde él era el párroco. En ese tiempo yo era el superior de la misión de Kenia y lo visitaba regularmente.
Pasamos unas 5 horas buscando y buscando sin encontrar leones. Veíamos elefantes, jirafas, búfalos, cebras, hipopótamos y muchas gacelas menos leones… ya por la tarde, cansados y comenzando a llover, se nos ocurrió buscar en una barranca un poco escondida y sorpresa! allí encontramos una manada como de 10, el papá león con 2 leonas y unos 5 o 6 cachorritos. Se nos levantaron los ánimos y disfrutamos más de media hora el observarlos. Ya habían comido y los teníamos a una distancia de no más de 10 metros. Arreció la lluvia y decidimos retirarnos.
Él iba manejando una camioneta Toyota de doble tracción que acababa de comprar y que me iba presumiendo. Ese tipo de camionetas para operar la doble tracción hay que abrir un candado que tienen en el centro los rines de las llantas delanteras y en seguida activar el sistema de la doble tracción.
Estábamos de bajada en la barranca y con la lluvia al intentar salir de reversa se empezó a atascar las llantas traseras. La solución era salir de la camioneta y abrir los candados de las llantas delanteras. Después de una discusión larga para ver quien salía teniendo a los leones frente de nosotros, echamos un bolado y yo perdí… con mucha cautela abrí la portezuela y despacio me dirigí a la llanta delantera derecha y logré hacer la operación…
Regresé y le dije “te toca la llanta izquierda”, volvimos a discutir y al final echamos otro bolado que volví a perder. Entre risas y carcajadas logramos salir y en el camino recordamos otro viaje que él y yo habíamos hecho atravesando los parques del Masai Mara y el Serengeti llegando hasta Dares Salam, capital de Tanzania. El padre Arturo y yo convivimos juntos muchos años en las buenas y en las malas.
Tarimas le decíamos, por ser de Tarimoro, Que en Paz descanses y por allá nos encontraremos en el cielo.
Tu amigo Felipe.
