Nació en Tekax, Yucatán, el 11 de enero de 1936. Hijo de Juan Buenfil Buenfil y Manuela Palma Ortiz.
Ingresó en 1949 al Seminario Arquidiocesano de Yucatán, donde cursó Humanidades y Filosofía. Hizo sus estudios de Sagrada Teología en la Universidad Gregoriana de Roma y fue interno del Colegio Pontificio Pío-Latino Americano, donde obtuvo la licenciatura en Teología. Fue ordenado presbítero por el Emmo. Sr. cardenal Benito Pignatelli en Roma, Italia, el 25 de febrero de 1961.
Nombrado catedrático y prefecto de disciplina en el Seminario Menor de Yucatán el 1o. de septiembre de 1962. Fue vice-ecónomo del Colegio Mexicano de Roma.
Para dar continuidad a la obra apostólica de los padres de la Congregación de la Misión, fue nombrado Responsable de la parroquia del Santo Niño de Atocha, en Mérida, con nombramiento de vicario-ecónomo el 4 de agosto de 1976 y posteriormente como párroco de la misma.También lo nombraron director Espiritual de la Curia de Nuestra Señora de la Resurrección de la Legión de María el 20 de mayo de 1982.
Después fue designado párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Chuburná, Mérida, el 14 de enero de 1999. Su última encomienda pastoral, en junio de 2003, fue la rectoría de San Nicolás de Bari, ubicada en la colonia San Esteban, perteneciente a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, de la colonia Alemán, en Mérida.
El servicio sacerdotal del padre Buenfil fue extenso, siempre ofreciendo su sacerdocio hasta a comunidades adicionales. Durante el tiempo que estuvo como párroco en la iglesia del Santo Niño de Atocha atendió a algunas capillas que ahora son independientes, como la rectoría de San Pedro y San Pablo en la colonia Chichén Itzá, la parroquia de Santa María Gorretti en la colonia Vergel III, la capilla de la Santa Cruz en la colonia Amalia Solórzano, la rectoría María Madre de Dios en la colonia Lázaro Cárdenas, la primera capilla construida en San Camilo, las ubicadas en las haciendas de San Pedro Noh Pat, Sahé y Teya.
En cuanto a grupos apostólicos, creó y consolidó un amplio número, grupos de señores, de señoras, de jóvenes y señoritas, de niños y de niñas, diversos coros.
Numerosos jóvenes y señoritas recibieron su ayuda, de acuerdo a lo que requerían, lo que les permitió estudiar diversas profesiones y quienes prestan ahora sus servicios a la sociedad. Asimismo, varios miembros de la comunidad también fueron apoyados por el padre Buenfil.
Bellos recuerdos
Lo conocí en la parroquia del Santo Niño de Atocha desde el momento de mi bautizo. Recuerdo igual cuando le respondí temerosamente la pregunta que me hizo en el examen oral que nos aplicaba a los que integrábamos los grupos de alumnos que harían su primera comunión.
Desde los 10 años me incorporé al coro de niños de esa iglesia, a partir de allí tuve mi mayor acercamiento con él. Diciembre y la Semana Santa eran tiempos que permanecíamos ensayando para que las celebraciones salieran tal y como le gustaban: con muchos cantos y con la solemnidad que las ceremonias requerían.
Cómo olvidar los ejercicios cuaresmales que dirigía a la comunidad, el famoso Congreso Juvenil que anualmente se realizaba y que cada año reunía a un mayor número de señoritas y jóvenes.
La kermés y la verbena de cada 6 de enero, ese día parecía interminable, los grupos parroquiales y diversos benefactores acudían desde muy temprano para ofrecer sus productos gastronómicos con el fin de recaudar fondos para las obras que se requerían, la actividad concluía casi a la media noche y a veces les iniciaba la madrugada del día siguiente.
La misa que se celebraba en el campo deportivo presidida por el arzobispo y que le correspondía al coro de niños cantarla, siempre estuvo rebosando de gente, al igual que en los domingos las misas de 9 a.m, de 11:30 a.m. y 6 p.m.
Mención especial la de bautizos de 10 a.m., con doña Fina y sus Eléctricas, interpretando de canto de entrada “Pueblo de Reyes”; en las de 7 am, 7 p.m. y 8 p.m., la asistencia era un poco menor.
La procesión de entrada estaba integrada por monaguillas, monaguillos, acólitas, acólitos, lectores, lectoras y al final, el padre Carlos con un acólito a cada lado.
Acudían a sus misas los fieles no solo de la comunidad del Santo Niño de Atocha sino hasta de otros lugares de la ciudad. Valiosos recuerdos que cada uno de nosotros tendría para relatar.
Tuve el privilegio, en ese momento dirigiendo al coro de Levadura, de acompañarlo en la última misa que presidió en esta parroquia, su apreciada iglesia del Santo Niño de Atocha, a la cual le dedicó la mayor parte de su vida sacerdotal.
Pienso que ya debe estar en el cielo innovando las misas que diariamente se deben celebrar, con el aleluya después del evangelio, las tres veces el anunciamos tu muerte y el tuyo es el reino, los variados cantos de acción de gracias.
Nos vas a hacer mucha falta padre Carlos; tus enseñanzas, tu ayuda desinteresada, tus regaños a veces, tus ocurrencias, siempre nos van a acompañar. Sin embargo, seguramente desde donde estés, nos cuidarás y nos guiarás como lo hiciste desde el día en que te conocimos. Dios te debe estar recibiendo lleno de gozo, con el deber de haber cumplido la misión que te encomendó.
Finalmente, agradezco a mis amigos en coros que me ayudaron con ciertos datos para la elaboración de este escrito: Raúl Alberto Conde Lizama y Ernesto Ramiro Pérez Pavía, así como a los presbíteros Lic. Pedro José Echeverría López y Juan Pablo Vera Novelo por la orientación proporcionada; también de manera especial al Pbro. Lic. Pedro Nemesio Novelo López, Canciller Secretario de la Arquidiócesis de Yucatán, quien amablemente me proporcionó los datos biográficos mencionados en los primeros párrafos y al Diario de Yucatán por permitirme publicar este texto.
