ÁMSTERDAM.— Sus zafiros y diamantes resplandecen como si fuera el siglo XIX, cuando los lucía en una tiara, unos pendientes o un anillo la joven Estefanía de Beauharnais, hija adoptiva de Napoleón I. Su colección de joyas, que carga con una larga historia de riqueza, estilo y poder, conoce mundo antes de subastarse el 12 de mayo próximo.
La que fuera Gran Duquesa de Baden (1789-1860) guardó estas piezas cual tesoro cuando se las entregó su prima Hortensia de Beauharnais (1783-1837), esposa de Luis Bonaparte y madre del emperador Napoleón III de Francia, y pasaron de mano en mano hasta que en 1861 unieron su destino a la dinastía Braganza.
Son nueve piezas y saldrán a la venta en lotes individuales: una tiara, un collar, un par de pendientes, dos colgantes, dos broches, un anillo y una pulsera, en los que se utilizaron 38 zafiros de la actual Sri Lanka.
“Es una oportunidad única en la vida para que los coleccionistas compren una pieza de tanta importancia histórica. Normalmente, estas piezas solo se pueden ver en museos como el Louvre en París, el Victoria y Albert de Londres y otras instituciones importantes de todo el mundo”, asegura Lukas Biehler, experto en joyas de la casa Christie’s.
La venta coincide con el 200o. aniversario del fallecimiento de Napoleón I en el exilio en Santa Elena.
“Desde ese día, la leyenda napoleónica ha florecido. Es una coincidencia extraordinaria que este espectacular conjunto de zafiros y diamantes de la colección de su hija adoptiva llegue a Christie’s en mayo de 2021”, añade.
Llegan a Ámsterdam
Las piezas aterrizaron en días pasados en Ámsterdam, su única escala europea, antes de marchar a Nueva York a finales de abril para volver a Ginebra, donde se venderán en Christie’s.
Observar estas joyas se asemeja a abrir un libro de Historia. Josefina de Beauharnais, esposa de Napoleón I desde 1796, se acabó haciendo cargo de la educación y manutención de Estefanía, quien perdió a su madre dos años después de nacer y pasó sus primeros años viviendo con las monjas en Francia.
Un mes antes de la boda de Estefanía, quien creció en Versalles y París, Napoleón la adoptó como hija para que pudiese llevar el título de Su Alteza Imperial la princesa Estefanía y casarse con el príncipe Carlos de Baden, de la familia del Gran Ducado de Baden.
¿Cómo llegaron a sus manos estas joyas?
El registro encontrado entre las cajas de Estefanía señalaba a su prima Hortensia, quien aparecía con frecuencia junto a su madre la emperatriz Josefina en muchas pinturas en las que lucen cinturones de joyas. Los documentos financieros de Hortensia, conservados en el archivo de Napoleón en París, dan testimonio de su fortuna de 1817 hasta 1937, cuando murió.
Al fallecer Estefanía, su segunda hija Josefina Federica recibió el conjunto de zafiros, descrito como “collar, colgante, pendientes, siete alfileres y un cinturón”.
El cinturón fue convertido en una tiara y un brazalete, que, sumados a un collar, unos pendientes y colgantes, formaron parte de la herencia que recibió su hijo mayor, Leopoldo (1835-1905), quien se casó con la infanta Antonia, séptima hija de María II de Portugal.
