Uno, dos, tres… por la adultez
Antonio Alonzo Ruiz(*)
Andábamos ya, querido lector, en la parte central de la región de Perea. A unos 60 estadios al Este del Yarden, a la altura de Betábara donde el precursor había ofrecido bautizar a Luqa.
Maryam, dice el profeta a Luqa, vive en Natzrat; Shalomeh, su hermana, y un grupo de mujeres la visitan con frecuencia; este grupo, explica el bautista, sigue muy de cerca al Maestro en sus correrías apostólicas y ayudan en los campamentos preparando alimentos y haciendo otros menesteres.
Será bueno que las contactes, sugirió el profeta, y con ellas a muchos otros que están también siendo testigos oculares de la llegada e instauración del Reino del Cielo y fieles seguidores del Maestro Bueno.
Investiga diligentemente querido amigo, instó el profeta a Luqa, todo desde los orígenes y escríbelo ordenadamente —con la luz e inspiración de lo alto— para conocimiento y salvación de toda persona amiga de Dios.
Recuerda con detalle querido Luqa, dijo el precursor, los relatos que escuchaste de mis padres; son enseñanzas sólidas y fidedignas de cómo el Dios altísimo fue preparando la llegada de su Mashiaj a quien le ha dado ya el trono de Dawid, su padre.
Maryam, dijo el profeta a Luqa sujetándolo de los brazos y mirándolo a los ojos, será quien te revele los prodigios secretos —e incomprensibles para toda creatura— que realizó Dios, para que su Verbo eterno se haga carne y ponga su morada entre nosotros, concluyó.
Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento. WhatsApp: 9993-46-62-06. @delosabuelos Antonio Alonzo
“Escríbelo ordenadamente para conocimiento y salvación de toda persona amiga de Dios”
