Reflexiones del diario vivir
Yeny Canché Canul(*)
Perder a un ser querido es un dolor muy grande y difícil de aceptar, es triste decirle adiós a alguien que amamos y que ya no estará entre nosotros. Ni la mente ni el corazón logran entenderlo aceptarlo.
Jamás vamos a estar preparados para la muerte de quién amamos, no quisiéramos que pase nunca y si pudiéramos evitarlo, sin duda lo haríamos, pero la muerte es inevitable, ni todo el dinero del mundo podría evitar que alguien muera no importando nuestra clase social, color de piel, estudios.
Todos en esta vida tendremos que pasar por un tiempo de luto y de tristeza, pero Dios nos ayudará a soportar ese dolor y continuar nuestra vida recordando los momentos más bellos y de alegría con esos seres que partieron de esta vida.
Necesitamos saber que si hemos perdido a un ser amado no está mal sentirse triste y llorar; de hecho, es necesario que lo hagamos porque incluso Dios nos dice que todo tiene su tiempo y que hay un tiempo para reír y otro para llorar.
Debemos expresar lo que nos duele, pero no debemos permitir que la tristeza y el luto se apoderen de nuestra vida, lloremos pero permitamos que Dios enjuague nuestras lágrimas y consuele nuestro corazón porque Él con su amor volverá a poner una sonrisa en nuestro rostro.
Y si conocemos a alguien que haya perdido a un ser querido, primero oremos a Dios para que le dé fortaleza y consuelo; segundo, no le presionemos queriendo que no sufra porque le es necesario llorar, más bien expresémosle que estamos ahí con él y hagámosle sentir que tiene nuestro apoyo.
Aunque el luto es difícil, recordemos que Dios restaura a los de corazón quebrantado y cubre con vendas sus heridas, siendo amparo, fortaleza y ayuda segura en momentos de angustia.
Fundadora de Sublime Amor.
