La orquesta tiene 62 músicos que participan constantemente de manera rotativa, por la pandemia. Actualmente están tocando con sana distancia 46 ó 47 músicos
Sesenta y dos músicos integran la Orquesta Sinfónica de Yucatán, de los cuales 32 son músicos mexicanos y de estos 17 son yucatecos. Entre los 17 yucatecos, actualmente hay cuatro egresados de la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY): Mahonrey Abán (oboe), Daniel Pastrana (chelo) y César Reyes (clarinete) y Juan Uicab (contrabajo).
De los 30 músicos extranjeros de la OSY, 16 ya se nacionalizaron mexicanos.
“Si sumamos 32 más 16, hay 48 mexicanos en la orquesta, antes eran 33 y 30, más o menos, un 50% Ahora ya son 48, prácticamente la OSY tiene un 70% de mexicanos”, destaca su director, Juan Carlos Lomónaco.
Los extranjeros que se quedaron en la OSY, prácticamente fundadores de la misma, en opinión de Lomónaco encontraron una motivación suficiente para continuar aquí.
“Esos músicos vinieron con contratos de un año, vinieron jóvenes, un poco a la aventura, en esa época yo no estaba pero había más rotación, algunos se fueron y otros se quedaron y los que se quedaron hicieron familias, se volvieron totalmente yucatecos; ese es un fenómeno hermoso de cómo la música no tiene nacionalidades, une al ser humano en cualquier rincón del mundo y un ejemplo es la OSY.
Países
Menciona que los músicos extranjeros provienen de: Rusia, Inglaterra, Estados Unidos, Polonia, Bulgaria, Italia, Canadá, Venezuela, Colombia, República Checa, Cuba, España, Francia Georgia y Armenia, “todo un mosaico interesantísimo de músicos extraordinarios todos y que realmente de dónde son es interesante, pero para la música no existen fronteras”.
La OSY tiene 10 violines primeros, 9 violines segundos, 8 violas, 6 chelos, 4 contrabajos, 3 flautas, 3 oboes, 3 clarinetes, 2 fagotes, 4 cornos, 2 trompetas, 2 trombones, una tuba, un arpa y percusión (4 timbales), pero desde que comenzó la pandemia no todos están en el escenario.
“Hemos hecho rotaciones con base en los reglamentos de las primeras orquestas que volvieron a abrir, en Europa; el mecanismo fue bien estudiado”.
Sana distancia
“En el escenario es importante la separación de los músicos, con sana distancia solo cabían 35 que fue como empezamos en octubre del año pasado, sin público, y luego con invitados y patronato y en noviembre con 150 personas, ahora ya tenemos un aforo del 50%”, recapitula Lomónaco.
“La orquesta ya creció de 30-35 integrantes a 45-47 en algunos conciertos, lo hicimos con muchísimo cuidado”.
Lomónaco recuerda que los violines compartían un mismo atril, ahora cada uno tiene su propio atril y los alientos están más separados por el riesgo de que no pueden tocar con cubrebocas, incluso tienen mamparas protectoras.
Los 62 músicos están participando, de manera rotativa, con el objetivo de mantener activa a toda las agrupación
“El concepto de programación cambió un poco, tuvo que adecuarse a la premisa de que estamos en pandemia, entonces de entrada no podemos tocar Mahler, Wagner o Tchaikovsky; no podemos tocar “Sherezada” de Rimsky Korsakov, por ejemplo, porque lleva cuatro hornos, tres trompetas, tres trombones, la tuba y todas las cuerdas, por lo menos los 62 músicos, pero para una sinfonía de Haydn no es necesario, de hecho aunque no hubiera pandemia, tendríamos que reducir la cuerda porque son obras compuestas para un formato más pequeño”, explica.
“Recordemos que la historia de la música es la historia de cómo creció la orquesta, la época barroca era pequeñita, la época clásica un poquito más grande, Beethoven es el que empieza a crecer un poco la orquesta y a partir de ahí Berlioz; algunos románticos se mantienen con este formato clásico que nos sirvió como base, entonces podemos tocar perfectamente mucho repertorio escrito especialmente para orquesta mediana”.
“Podríamos tocar todo Haydn, Mozart y Beethoven salvo la Novena Sinfonía, por ejemplo; ya hicimos la Quinta Sinfonía la temporada pasada, Schubert, Mendelssohn algo de Schumann, algunas obras más románticas de Brahms pero no las sinfonías o la serenata para cuerdas de Tchaikovsky, o ciertas obras de compositores más modernos, Prokofiev, Arturo Márquez, etcétera, obras concebidas para orquesta mediana”.
La reducción
“El secreto es programar con base con una responsabilidad muy clara. ¿Como hicimos esta reducción? utomáticamente la cuerda se reduce un poquito y se van rotando los músicos, ahí no hay ninguna complicación porque sencillamente de los 10 violines ahora están tocando seis u ocho y se van rotando los alientos. No estamos interpretando obras que lleven tres flautas, sino nada más dos dos; prácticamente ninguna obra que lleve los cuatro cornos, sino solo dos”.
“Ha habido algunas obras que requieren los cuatro cornos pero tienen menos trombones, entonces… es un poquito laborioso de explicar, pero todo el secreto está en la programación de las obras; hay obras que sí tienen tuba, pero que nomás tienen dos cornos y no más de una trompeta, así todos participan durante la temporada, pero interpretando música que está escrita para una orquesta mediana”, reitera.
“La gente a veces decía, ‘bueno, vamos a oír a una orquesta más chiquita, de menor calidad. Y no, incluso están oyendo a una de mejor o igual calidad, yo creo que los músicos están tocando mejor que nunca”.
Dijo que si bien están tocando obras para orquesta mediana, hay algunas adaptaciones, como la que se hizo con el Huapango de Moncayo. “Fuimos la primera orquesta que toca el Huapango escrito para orquesta de 60 músicos y con 45 un arreglo de Manuel Enríquez, que es una pequeña reducción, pero eso es un caso específico, o sea, en la mayoría del repertorio no estamos haciendo reducciones sino versiones originales como la Sinfonía 40 de Mozart que lleva de por sí 35-40 músicos”.
“Lo que he buscado en la programación es que esté incluido todo, como el piano. La tuba es un caso muy curioso, es un instrumento que normalmente está escrito para una orquesta grande, pero hay algunas obras que ponen tuba y el resto de la orquesta es mediana, entonces hemos incluido todos los instrumentos, percusión y la voz a mí me parecía muy importante; hemos tenido ya varios cantantes como Irasema Terrazas y Gaby Thierry haciendo Stabat Mater, pero hemos empezado poquitos, tres solistas acá atrás de mí para que no alcancen al público y puedan cantar sin mascarilla”.
Sobre obras corales, dijo que es un paso más adelante y que se escucharía en la próxima temporada.
“Yo ya lo vi en Europa y ya sé cómo se puede hacer con un coro más pequeño, cantantes que puedan estar separados y ya habría que estudiar si con cubrebocas o no, pero eso es el último paso de toda esta transición a la normalidad porque la voz humana es una de las más expuestas y tenemos que tener mucho cuidado; pero vamos muy avanzados en este sentido, ya tenemos casi 47 músicos en el escenario”.
Con el público, dice, se ha avanzado de igual manera, poco a poco, “empezamos con un 30% ahora ya tenemos 50% ya se ha hablado de un 70% del aforo. Yo insistí mucho en que había que activar a la OSY porque no me parecía más peligroso para nada venir a un concierto con músicos, eso sí, con todas las medidas sanitarias, que ir a un centro comercial”.
Indispensables
“Esto de abrir unas áreas y otras a nivel mundial todavía no está claro, ¿cómo que no somos indispensables? Si estuviéramos en semáforo rojo sería otra cosa, pero cuando se empezó a abrir todos los sectores son importantes, los restaurantes, los museos, y cada quien defendió su sector, pues bueno, yo defendí el mío que es la cultura, que es tan básica como cualquier área”.
El orden
Sobre el orden de la orquesta, dice que los alientos siempre están atrás y las cuerdas adelante, por cuestión acústica.
“Un trombón suena como cinco violines, entonces si un trombón está al frente, ya desbalanceó todo el sonido, o la percusión, también tiene que estar atrás porque es muy fuerte su sonido, estas colocaciones en realidad son las tradicionales”, dice sobre la infografía que está bajo estas líneas.
“Este mapa es aplicable con pandemia o sin ella, la única diferencia es que si no hubiera pandemia, habría cuatro cornos en vez de dos, tres trompetas y tres trombones, en vez de dos, y así sucesivamente”.
La concha acústica
Sobre la concha acústica de la OSY, recuerda que él insistió mucho en tenerla porque el Teatro José Peón Contreras no es una sala de conciertos en sí, como la sala Nezahualcóyotl de Ciudad de México o la sala de la Filarmónica de Berlín, que están concebidas específicamente para la orquesta y no necesitan concha acústica porque la construcción de la sala tiene la acústica perfecta. “Los teatros no”, puntualiza Lomómaco.
“Cualquier teatro como el Teatro de Bellas Artes o el Teatro Degollado, como son teatros, el techo está abierto y la parte de atrás también para los telones y demás, entonces es necesaria una concha acústica en cualquier teatro”.
“A diferencia de los teatros que mencioné, nosotros no teníamos concha; insistí mucho para tenerla y me costó un poquito al principio, les tuve que explicar que sin la concha el teatro era como un violín sin tapa”.
“La concha acústica logra que el sonido no se vaya para atrás o hacia arriba, sino hacia el público, transforma el sonido de la orquesta, sin la concha, la OSY no sonaría como suena actualmente”.— Patricia Eugenia Garma Montes de Oca
