Ligia Gio Mena
De nuevo estoy frente a mi computadora viejita, pues la nueva me la robó un adolescente y al parecer tardaré unos meses más en recuperarla. Amo estar sentada escuchando las olas del mar, el silencio de la casa y sentir que me salen por los dedos las ganas de escribir… Hace meses que no lo hago, pues desde que empezó la pandemia es difícil escribir por respeto y empatía a lo que estamos viviendo.
Hoy sin embargo quisiera compartir con las personas que ya vivieron este bicho de cerca o en su familia, que al igual que ustedes suplico termine esta pandemia, y a los que afortunadamente no nos ha tocado, que reflexionemos en la bendición de aún no tener el temor de respirar con dificultad, algo tan natural, tan intangible, tan vital que nunca valoramos y que ahora es el verdadero regalo de vida.
La vida continúa inexorablemente, no para por nada ni por nadie, así que hoy más que nunca es tiempo de tomarnos un respiro y valorar las cosas, lugares y personas que vale la pena continuar frecuentando, es tiempo de encapsularnos con los que amamos y hacerles sentir nuestro amor y felicidad por tenerlos, uno nunca sabe en este momento si estaremos en unos meses…
La vida sigue su cauce, muchos se han ido y nos duele porque pensamos que no era su tiempo y que este bicho se los llevó, pero recordemos que ni una sola hoja de un árbol se mueve si Dios no lo permite; al mismo tiempo vienen al mundo miles de bebés a los que esperamos con amor inimaginable y llenos de esperanza de que esto pasará y ellos disfrutarán de este maravilloso mundo, de estos maravillosos atardeceres, del abrazo de sus padres, de los apapachos de la abuela, de navegar en un inmenso y apacible mar con ese aire húmedo acariciando su carita.
Y a nosotros los adultos los invito a no perder el amor, la esperanza y la fe de que esto pasará y los que quedemos recordaremos lo horrible que fue usar tapabocas y no poder abrazarnos. Y si a alguno nos tocara irnos dejar un recuerdo de valentía, de coraje, de fortaleza por no dejar de disfrutar la vida hasta el último aliento.
El miedo es nuestro peor enemigo y es totalmente contrario a la fe. La fe será nuestro estandarte y el agradecimiento, de nuestra protección pues no podemos vivir en el miedo cuando la vida es un privilegio ahora de pocos y tenemos que saber vivirla, no sobrevivirla, que si nos toca podamos decir como el gran poeta Amado Nervo: “Vida nada me debes, vida estamos en paz”.
