El Centro de Investigación en Red de Salud Mental (Cibersam) recordó que todos los trastornos mentales tienen una importante carga genética

Más allá de los determinantes genéticos, muchos de los trastornos mentales más comunes —como la depresión o la demencia— están asociados a factores de riesgo ambientales y un equipo internacional de científicos los identificó y plasmó en un completo “atlas” que describe cada uno de ellos.

Así, comprobaron que la diabetes, la depresión o el aislamiento social son factores de riesgo para la demencia; que el sobrepeso antes y durante el embarazo está asociado con trastornos del espectro autista y de déficit de atención; que la depresión está relacionada con la viudez, con la disfunción sexual o con haber sufrido abusos en la infancia; o que solo existe un factor protector sólido frente al alzhéimer: el ejercicio físico.

Investigadores de numerosas instituciones y centros de investigación de varios países trabajaron en este “atlas” y publicaron sus conclusiones en la revista “World Psychiatry” coincidiendo con la celebración, el 10 de octubre, del Día Mundial de la Salud Mental, que este año se conmemora con el lema “Un derecho necesario; mañana puedes ser tú”.

En una nota difundida ayer, el Centro de Investigación en Red de Salud Mental (Cibersam) recordó que todos los trastornos mentales tienen una importante carga genética, pero destacó la importancia también de los factores ambientales.

Convincentes

Los investigadores centraron su labor en esos factores de riesgo y aplicaron una clasificación en función de la credibilidad que obtuvieron a partir de las evidencias científicas: desde las que consideran “convincentes” hasta las que les parecen “sugestivas” o “débiles”.

El atlas incluye, como factores de riesgo de la demencia, la diabetes mellitus tipo 2, la depresión y baja frecuencia de contactos sociales; y en cuanto a los trastornos por consumo de opioides, el factor de riesgo más sólido fue el tabaquismo.

Para los trastornos psicóticos, los factores de riesgo más sólidos fueron el estado clínico de alto riesgo de psicosis, el consumo de cannabis y las adversidades en la infancia.

En cuanto a la depresión, se establece asociación con la viudez, con la disfunción sexual, factores metabólicos, los abusos psíquicos y sexuales en la infancia, la tensión laboral, la obesidad y las alteraciones del sueño.

Para el trastorno de espectro autista, el factor de riesgo más importante que describieron es el sobrepeso materno antes o durante el embarazo y para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), fueron la obesidad materna antes del embarazo, el tabaquismo materno y el sobrepeso antes o durante la gestación.

Celso Arango destacó, en la nota que difundió el Cibersam, que “asociación no significa causalidad, por lo que se necesitan más estudios de cohortes de recién nacidos vivos para estudiar factores de riesgo antes de que aparezcan los trastornos mentales”.

Para trazar este “atlas” los investigadores recuperaron 14 revisiones con un total de 390 metaanálisis ya realizados y un total de 1,180 asociaciones entre factores de riesgo y trastornos mentales.

El Atlas de la OMS

Por otra parte, menos de la mitad de las personas que sufren algún desorden mental recibe atención médica, indicó la Organización Mundial de la Salud (OMS), que consideró que este dato es particularmente preocupante en tiempos en que el miedo y la incertidumbre causadas por la pandemia han aumentado la demanda por este tipo de servicios.

La OMS publicó ayer su Atlas sobre Salud Mental, que indica que en 2020 solo el 51% de sus 194 Estados miembros tenía un plan nacional de salud mental en concordancia con estándares internacionales de derechos humanos, mientras que el 52% tenía programas de prevención y promoción de la salud mental.

En ambos casos, los países de la OMS se trazaron la meta de llegar a un 80 por ciento el año pasado.

En cambio, se consiguió una reducción del 10% de la tasa global de suicidios, aunque solo 35 entre 194 países tienen estrategias de prevención en este ámbito.

La inversión destinada a la salud mental también está estancada desde hace años en una media del 2% del total de los presupuestos públicos de salud.

Según los datos de la OMS, solo el 25% de países cumplió con integrar la salud mental en sus sistema de salud primaria y el grueso de los recursos destinados a este fin (dos tercios del total) siguen siendo asignados a instituciones de salud mental.

Una buena noticia tiene que ver con el aumento del número de países donde el tratamiento de personas con distintos desórdenes mentales está incluido en los sistemas de seguridad social u otros mecanismos de reembolso, pasando del 73% en 2017 al 80% en 2020.

En términos de personal disponible, el Atlas indica que mejoró en algo el ratio global entre trabajadores de la salud mental y población, que pasó de 9 por cada 100,000 habitantes en 2014 a 13 por cada 100,000 en 2020.— EFE

De un vistazo

Un punto de referencia

El primer firmante del estudio internacional es el investigador Celso Arango, jefe del grupo del Centro de Investigación en Red de Salud Mental (Cibersam) en el Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital General Gregorio Marañón de Madrid, quien subrayó la importancia de contar con un “punto de referencia” para avanzar en la caracterización clínica y en la investigación con el fin de favorecer la intervención temprana y las estrategias preventivas para los trastornos mentales.

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