Foto: Megamedia

Uno, dos, tres… por la adultez

Antonio Alonzo Ruiz (*)

Los delicados camachuelos del Yarden nos regalaban —con su hermoso plumaje rosa— un espectáculo sin igual a los ojos y llenaban nuestro oídos con su canto de hermosas notas.

Las orillas del Yarden, avisado amigo, es el escenario que, sin duda, por los siglos guardará la voz recia y la demandante invitación del precursor a convertirse y creer —a apostar todo— por el Reino del Cielo.

A partir de la muerte del Bautista, el fenómeno “Yeshuá de Natzrat” había crecido y se había intensificado, como el mismo precursor había profetizado: “Es necesario que yo desaparezca para que él crezca”.

Esta profecía del Bautista se convertirá en condición esencial para todo aquél que decida —a lo largo del tiempo— seguir los pasos y la enseñanza del Maestro Bueno.

Luqa, el yatró griego, y Markus, el cireneo estudioso, compañeros del Bautista en sus últimas horas en Mishnaqa, ahora estaban caminando —a orillas del Yarden— a solas con Yeshuá, quien les pidió que —caminando juntos— le contaran cuanto habían visto y oído junto a Juan.

Fueron largas las horas y la distancia que caminamos. Caí en la cuenta, avisado amigo, que estaba descalzo; recordé que estaba en la parte más alta de la “tierra del siempre acertarás”, me sentí ligero, libre.

Fueron muchas las enseñanzas que recibí en ese largo camino que —sin duda, mi avisado aprendiz— algún día compartiré contigo caminando juntos con el Maestro Bueno, a orillas del Yarden.

Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento Saludable. WhatsApp: 9993-46-62-06. @delosabuelos Antonio Alonzo

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán